terça-feira, 16 de janeiro de 2018

Los araucanos en Chile. Mapuches, Tehuelches y Pampas, dueños de las dos Patagonias hasta 1878-83. 2ª parte.

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Mapuches, Tehuelches y Pampas, dueños de las dos Patagonias hasta 1878-83.

Los Mapuches son el pueblo indígena más numeroso del Chile moderno. Casi un millón de personas se consideran miembros de esa etnía y su cultura
Los españoles los denominaron araucanos y recorrieron el mundo en las páginas del poema de La Araucana, de Alonso de Ercilla y Zúñiga, el primero a ser producido en tierras americanas. 
Habitaban a la llegada de los españoles un enorme territorio desde los valles al norte de lo que hoy es la capital de Chile, Santiago, hasta donde comienzan las islas del Sur, el Archipiélago de Chiloé. Hoy viven en comunidades rurales en el sur de Chile y en grupos menores en el sur de Argentina. Muchos también han migrado a las ciudades, tanto a uno como al otro lado de la cordillera. Es un pueblo con una fuerte identidad y que mantiene vivas la mayor parte de sus tradiciones y su lengua.

En la segunda mitad del siglo xix, Chile estableció su poder estatal sobre los territorios indígenas autónomos en la Patagonia, mediante la llamada "Pacificación de la Araucanía" (1861-83), mientras que la Argentina lo hacía con su "Conquista del Desierto" (entre 1878 y 1885).
Los terratenientes exigían grandes extensiones de tierra para sus proyectos de producción agropecuaria y por eso  promovieron la ocupación de los territorios de los pueblos originarios.​ 
Es el caso de la Sociedad Rural Argentina, creada en 1866, que apoyó económicamente la campaña militar en la Patagonia argentina.​ 
Al terminar la conquista, 538 propietarios se habían quedado con 18.668.000 hectáreas que habían estado hasta entondes en manos de los pueblos Pampas, Querandíes, Tehuelches y Mapuches. Los principales beneficiados fueron varios miembros de la Sociedad Rural.
El sometimiento a los pueblos indígenas del sur de Argentina se debe al uso de tecnología moderna de guerra ya que el ejército argentino ya estaba provisto del fusil Remington y de cañones de retrocarga, mientras que el guerrero patagónico no contaba más que con sus lanzas de coligüe y otras armas primitivas.​ Además el ejército argentino tenía a su lado la ventaja del ferrocarril y el telégrafo.
Nada diferente a la "Conquista del Oeste" de los EEUU.
De los habitantes del mal llamado "desierto" patagónico argentino sobrevivieron  apenas 180.000. Muchos de los cuales fueron vendidos o donados como esclavos o siervos. Los que no fueron enviados a trabajos de servidumbre fueron radicados en reducciones, pequeñas tierras alejadas de sus asentamientos de origen e improductivas.
Los pocos sobrevivientes fueron encomendados a tutores, que los utilizaron como mano de obra esclava o servil en las  cosechas de uva caña de azúcar en Cuyo y el norte argentino
Mientras, las mujeres y los niños eran reducidos a servidumbre por separado, y los más pequeños apropiados. Estas políticas de distribución de nativos aumentó su aculturación y facilitó la explotación por parte de los tutores. 
Al final de ambas campañas de conquista y ocupación, el sometimiento a los indígenas a un sistema de radicación arbitrario provocó el empobrecimiento de los mapuches a ambos lados de la cordillera. El asentamiento mal planificado fue el principal factor que llevó al minifundismo mapuche en Chile, una vez que la población crecía y nuevas familias ocupaban la misma extensión de tierra. 
Muchas de esas tierras, que representaba menos que el 7% del territorio mapuche autónomo y que ya eran de mala calidad,​ se degradaron, perdiendo paulatinamente toda su productividad.
El foco cultural mapuche antes de la llegada de los españoles se encontraba alrededor de los grandes ríos del sur de Chile. Era una sociedad ribereña, ya que su vida transcurría a las orillas de los ríos y lagunas que abundan en esa parte del territorio. Por sus aguas remaban en sus canoas, se reunían en los “aliwenes”, y realizaban sus fiestas interminables. 
Era una sociedad opulenta y sin Estado, en la cual la cortesía permitía que se mantuviera la paz. Los jefes mapuches, - longkos o cabezas-, dictaban justicia sentados en sus asientos bajo los árboles. Sus sentencias eran inapelables. Enormes familias poligámicas permitían que se relacionaran todos con todos y que la sociedad mapuche fuera una red sólida, entrelazada de parientes.
Todo cambió con la Conquista, que fue una de las épocas más duras y brutales que en la historia humana, en que mundos, sociedades, culturas, seres humanos que no se conocían, ni tenían idea siquiera de su existencia, se encontraron y se enfrentaron en guerras sangrientas. Los conquistadores españoles, con un ímpetu vertiginoso, en pocas décadas cruzaron desde el mar Caribe al norte hasta el estrecho de Magallanes al sur, en una travesía apasionada, codiciosa, y tormentosa.
En el sur de Chile vivía antes de la conquista una población de un millón de personas. En menos de cuarenta años se produjo una catástrofe humana y poblacional entre los mapuches, que fueron diezmados y su población quedó reducida a menos de doscientas mil personas. Esa cifra no  volverá a aumentar hasta fines del siglo XX. 
Las pérdidas de los españoles tampoco fueron pocas, y entre ellos murió el gobernador y conquistador de Chile, Pedro de Valdivia. El joven guerrero mapuche Lautaro lo venció en Tucapel, en el sur del territorio.
La historia de batallas es interminable. Pero tiene que pasar un siglo hasta que un nuevo gobernador va a los llanos de Quilín en 1641, y firma la paz. El rey de España reconoce entonces las fronteras y respeta la vida independiente de la sociedad indígena mapuche.
La paz lograda en los parlamentos significó un período muy largo de independencia de los mapuches o araucanos. Desde 1598 hasta 1881 van a vivir sin el control del gobierno externo, sin estado, rigiéndose por sus propias normas y leyes. Su territorio se extendió desde el río Bío Bío al norte, hasta las islas de Chiloé al sur y cruzando los Andes por las pampas argentinas dominaron un enorme territorio que se extendía hasta el Océano Atlántico.
La paz de 1641 trajo grandes transformaciones a la sociedad nativa. La sociedad de horticultores y agricultores se transformó de a poco en una ganadera. La adquisición del caballo, que los españoles habían abandonado en sus primeras incursiones patagónicas, transformó a la sociedad indígena en una sociedad ecuestre. En las pampas del lado atlántico de la Cordillera, la que luego sería Argentina, se había multiplicado una masa gigantesca de animales vacunos y caballares en estado salvaje, también olvidados por los primeros conquistadores. 
El tráfico de animales, vacunos y caballos, desde las pampas argentinas transformó a los mapuches, y también a los tehuelches, en comerciantes. Arreaban miles de animales hasta las ferias que se habían establecido en la frontera del Bio Bio. Convertidos en carne seca, o “charqui”, ese ganado era embarcado para ser vendido en los prósperos mercados del Pacífico y luego a la reciente California, la Polinesia francesa, Australia y al resto del Pacífico. De este período mercantil globalizado, es el de la platería araucana, expresión de la riqueza de esta sociedad indígena. La gran cantidad de monedas de plata provenientes del activo comercio en la frontera empezaron a ser usadas como materia prima por los artesanos especializados de caciques de la sociedad mapuche. En vez de utilizarlas como valores de intercambio, los orfebres martillaban y fundían las monedas para confeccionar joyas para las mujeres y artículos usados en los arreos y aperos de los jefes mapuches, los cacique o longkos
La élite chilena, igual que la de Argentina, abraza durante la segunda parte del siglo XIX la idea de las inmigraciones europeas como fuente de civilización y progreso para los países jóvenes de América. Con esta idea y pensando que existían enormes terrenos vacíos en el sur del país, se fomentó la migración. En la década de 1850 llegan los primeros colonos alemanes a Valdivia, más al sur del territorio más densamente poblado por los mapuches. 
En 1866 se intenta avanzar las fronteras por el norte, desde el río Bio Bio, 50 km hacia el sur hasta el río Malleco, con el resultado de años de guerras sangrientas entre el ejército chileno de la Frontera y los nativos. Entre 1866 y 1881 hay un período de guerras fronterizas muy agudo tanto desde el lado chileno como argentino. 
Chile construyó una línea de fortines que separaba el centro del sur del país, y otra que dividía el territorio indígena del enclave alemán de Valdivia, fundado en la década anterior. Fue un largo período de violencia y una de las páginas más vergonzosas de la historia chilena.

JV. Enero de 2018.

Mapuches, Tehuelches y Pampas, dueños de uno de los cuatro territorios anteriores a la actual Argentina. 1ª parte.





Mapuches, Tehuelches y Pampas, dueños de uno de los cuatro territorios anteriores a la actual Argentina.
1ª parte.


Circula en Argentina una campaña de la derecha, sobre todo de los militares nostálgicos del pasado, por la que se afirma que los Mapuche son chilenos e invasores del territorio argentino. Además, y sorpresivamente, esa derecha llena de añoranzas ahora adora a los Tehuelches, siendo que en 1977, al cumplirse 100 años de la Campaña de Roca, el dictador Videla no hacían distinciones entre indios "malos" e indios "buenos", y  los únicos que merecían halagos eran los rudos militares que acabaron con la amenaza de los malones.

"Los araucanos, que hoy se hacen denominar Mapuches, llegaron a la Argentina allá por 1830, catorce años después de nuestra Declaración de la Independencia, es decir, cuando la Nación Argentina era ya independiente y soberana. Por lo tanto, fueron invasores. El primer grupo de invasores los constituyeron aproximadamente unos 100 indígenas capitaneados por Yanquetruz. Se afincaron en Neuquén y desde allí se fueron extendiendo hacia el sur y el norte."
"Ni Rosas o Roca los mencionan en la Campaña al Desierto, tampoco los historiadores, ni la famosa expedición a los Indios Ranqueles. Tampoco los menciona la Historia Oficial en las Provincias, ni en los Museos de Historia del Neuquén, de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Mendoza, ni tampoco San Juan."
http://defensanacional.argentinaforo.net/t2221-la-verdad-tehuelche-y-la-gran-mentira-mapuche

Comencemos por la frase "Los araucanos, que hoy se hacen denominar Mapuches"; primero: araucano era el término español, con el que los conquistadores europeos llamaron a una nación que siempre se denominó a sí misma Mapuche "gente de la tierra", dicho en mapudungun, el idioma de ese pueblo. O sea, siempre se llamaron Mapuches, y quienes los denominaban araucanos eran los otros. Del mismo modo llamábamos Matacos a los que hoy se llaman Wichis, porque ese era el nombre antiguo, el más divulgado en la Argentina de los años 50 a 80, el que les daban los pueblos quichuas, sus vecinos al norte del país. 

Los Mapuche (en singular, como ellos se denominan) no llegaron a la actual Argentina después de 1830, sino que iban y venían desde siempre de un lado al otro de la cordillera, del mismo modo que lo hacían los Tehuelches, a quienes ahora la derecha argentina, sobre todos los militares, se les ha dado por defender con ardor. 

Quedó muy bien documentado en 1977, cuando se recordó el centenario de la "conquista" del "desierto", que a Videla no se le notaba tanto amor por los Tehuelches y sí por Julio A. Roca que no distinguió entre Pampas, Querandíes, Tehuelches y Mapuches para matar, aprisionar a los sobrevivientes y esclavizarlos para robarles sus tierras. 

Se sabe que Juan Manuel de Rosas confeccionó una gramática y un diccionario de la lengua de los pampas (pampa-ranquel-araucano). Existía un conflicto de lenguas, y poco a poco, acompañando la situación militar interna al mundo indígena, Rosas notó que se fue imponiendo el idioma araucano, o sea, Mapuche. 

Antes de 1810, varios grupos araucanos - o Mapuche-  cruzaron la cordillera desde el actual Chile hacia la actual Argentina: los vorogas de vorohue, los ranqueles instalados en el país de los cañaverales - rancul - y los pehuenches en el reino de las manzanas, donde florecían los frutales plantados por los jesuitas dos siglos atrás.
Pero luego ocurrió en Chile la guerra a muerte entre criollos, los Mapuche y sus aliados, formándose hordas encabezadas por los españoles Pincheira y otros bandoleros, que también huyeron hacia la Argentina.
Al cabo de unos años, entró al país el cacique Juan Calfucurá - abuelo de Ceferino Namuncurá - con doscientos hombres y, tras pasar a degüello a los longcos o caciques vorogas, obligó a los nativos que habitaban en Salinas Grandes, entre La Pampa y Buenos Aires, a optar entre sumarse a la tribu de Calfucurá o sufrir la muerte a cuchillo.

Muy pronto el astuto, mítico y valeroso Calfucurá fue considerado el Napoleón de las Pampas, ya que todas las tribus se sometían a sus órdenes. El cacique Coliqueo se llevó algunos vorogas sobrevivientes y acampó cerca de los criollos de entonces.

La entrada de Calfucurá data de 1830, y tres años más tarde, en 1833 se produce la primera Campaña del Desierto encabezada por Juan Manuel de Rosas, rico hacendado de su tiempo. Se considera que hubo cierto guiño de Rosas a Calfucurá para que instalara con sus tropas en la Patagonia que hoy llamamos argentina, pero que en aquella época solo pertenecía a los nativos.

Pero cabe insistir: si los Mapuches hubieran llegado al territorio argentino en 1930, como alega la derecha, se habrían encontrado con una vastísima tierra que era tan solo y exclusivamente de las varias naciones indígenas que mencioné arriba, una vez que la "la Nación Argentina independiente y soberana" solo se unificó y tomó posesión de la Patagonia, justamente en 1877, y hasta 1853 no era un único estado, sino que eran dos estados, uno federalista, ocupando el centro, este, oeste y NO, que incluía la Banda Oriental del Uruguay, por una parte, y otro unitario, que era nada más que una pequeña faja de Buenos Aires. 

Incluso había un cuarto territorio, el Chaco y Formosa, al que no se entraba desde Buenos Aires, y que sí mantenía lazos con los federalistas enemigos del puerto de BsAs, que se anexó después de la Guerra del Paraguay, y sobre todo, después del robo de las tierras patagónicas de Tehuelches, Mapuches y Pampas. 
No había Estado Argentino antes de 1830, y sí cuatro territorios, uno federal, otro bonaerense y dos de  los pueblos nativos. Punto. 

Después de la Constitución Nacional de 1853 y la elección de Urquiza como presidente de la Confederación Argentina, con un régimen representativo, republicano y federal. La ciudad de Buenos Aires fue federalizada, y las rentas de su Aduana fueron nacionalizadas, pero los porteños rechazaron la Constitución. 

La separación entre Buenos Aires y la Confederación duró hasta 1862, con una situación muy inestable por diez años: por un lado, existía la Confederación Argentina, formada por 13 provincias, con una Constitución Nacional, un Congreso y un poder Ejecutivo con sede en Paraná; y por otro, el estado de Buenos Aires, que pertenecía a la República Argentina, pero era autónomo con respecto a la Confederación. Ambos estados competían y se atacaban militarmente, y eran diferentes en lo cultural, económico y social.

La unificación ocurrió en forma violenta, después la batalla de Cepeda, el 23 de octubre de 1859, con el triunfo de la Confederación sobre Buenos Aires, cuando se acordó el Pacto de San José de Flores de noviembre de 1859, por el cual Buenos Aires se incorporaría a la Confederación y se reformaría la Constitución de 1853 según las disposiciones de aquella. La batalla de Pavón, del 17 de septiembre de 1861, coronó el triunfo de Buenos Aires al mando del general Bartolomé Mitre, disolviéndose el gobierno confederal de Paraná. 

La derecha ahora parece adorar a los Tehuelches y levantan esta teoría absurda como si Argentina y Chile hubieran sido dos estados separados por la cordillera desde siempre. Los investigadores del Conicet lo explican mejor y es una definición lapidaria encima de las teorías de la derecha militar, que ahora y siempre apoyaron con fervor al liberalismo económico que hoy gobierna Argentina.

Hay otra frase en el texto citado que dice "Avellaneda, presidente de la Nación Argentina, elegido por el pueblo". Pero, ¿de qué pueblo hablan? Si hasta el levantamiento armado radical de Leandro Além, la Revolución del Parque del 26 de julio de 1890, los únicos que elegían gobierno era la oligarquía, justamente la de las 20 o 30 familias porteñas beneficiadas por el reparto de tierras de los nativos patagónicos y los jóvenes esclavos tehuelches y mapuches que mandaron al norte para cortar caña, y las mujeres que fueron entregadas como sirvientas a las familias "bien" de Buenos Aires.

Un comunicado de investigadores del CONICET con el título "Los mapuches no son ´indios chilenos´, sino pueblos preexistentes", sostiene que "vivían en esos territorios antes de que existieran los Estados", que "había mapuches en lo que hoy es Argentina, así como había tehuelches en lo que hoy es Chile" y éstos no se extinguieron sino que aún existen:




La secuencia de mapas de esta serie, que muestra el crecimiento del territorio de la actual Argentina, indica claramente como no hubo un único estado nacional hasta 1853, y sí dos estados beligerantes, producto de guerras civiles entre Federales (dominando la mayor parte del territorio central) y los Unitarios, en un estrecho territorio bonaerense, alrededor del puerto.
Al sur, ocupando toda la Patagonia, no había estado, ni chileno ni argentino (que, repito, en aquella época eran dos estados), y al noreste, apenas las naciones nativas eran dueñas y señoras de campos y montañas, a uno y otro lado de los pretendidos dominios chilenos y argentinos.


1820 -1825 Finalización del Directorio. Disolución del Gobierno Nacional. Etapa de autonomías provinciales y de poderes personales representados por los caudillos.


Hacia 1820, los cambios que desencadeno la revolución condujeron a la autonomía política de las provincias. La guerra de independencia obligo a muchos hacendados a reclutar y organizar militarmente a sus hombres. El poder que fueron adquiriendo como jefes militares les dio la posibilidad de desafiar al poder político urbano. Tal es el caso de los primeros caudillos del litoral, Artigas y Ramírez, cuyas estancias se convirtieron en bases militares de las milicias rurales. Un ejemplo fue el estanciero y saladerista Juan Manuel de Rosas que progresivamente fue adquiriendo poder llegando a ser gobernador de Buenos Aires en dos ocasiones. En 1820 los caudillos, habiendo derrocado al poder central, dominaban en muchas provincias, apoyados por milicias que respondían a sus ordenes.

En conclusión , podríamos decir que este período fue una etapa de autonomías provinciales y de poderes personales representados por caudillos. Etapa que si bien se caracterizó por la ausencia de una autoridad central, es decir no había un estado nacional con recursos suficientes para sustentar a todos, sin una constitución que organizara el territorio; fue también muy convulsiva y agitada porque en este periodo se mantuvo una importante discusión respecto de la forma de gobierno que debía adquirir el país: centralista o federalista .







1826–1827 Reimplantación de un gobierno nacional. 
Bernardino Rivadavia presidente.

Durante este periodo hubo un gran desorden político y continuaron las diferencias entre los federalistas y los centralistas (o unitarios). En 1826, el Congreso dictó una ley que establecía el cargo de “presidente de las Provincias Unidas” y que designaba capital a Buenos Aires. La elección de presidente recayó en Bernardino Rivadavia. Asimismo, el Congreso aprobó una Constitución de carácter centralista que provocó el rechazo de las provincias. Poco a poco, Buenos Aires fue convirtiéndose en el territorio con mayor poder. Además, entre 1825 y 1828, las Provincias Unidas estuvieron en guerra con Brasil (se enfrentaron por la Banda Oriental, que ambos estados reclamaban y que después de la guerra se independizó: nació Uruguay).



1827–1853 Disolución del gobierno nacional. Enfrentamientos civiles. 
Etapa de autonomías provinciales.

Ente período los problemas entre federalistas y unitarios terminaron por provocar la Guerra Civil argentina (1828-1831): aunque triunfaron los federalistas, su victoria no fue definitiva.
Juan Manuel de Rosas fue gobernador de Buenos Aires en dos ocasiones: entre 1829 y 1832, y desde 1835 hasta 1852, en ambos casos con poderes extraordinarios. En estos últimos 17 años, fue también el principal dirigente de la Confederación Argentina (aunque este nombre, realmente, no fue oficial hasta 1853). Rosas fue creando poco a poco un gobierno nacional, pero las provincias del interior y del litoral siguieron descontentas por el poder de Buenos Aires. La construcción del Estado requería el derrocamiento del régimen rosista. El caudillo tenía bajo su control las relaciones exteriores, la recaudación de la Aduana y el mando de las fuerzas militares de la Confederación; por eso, Rosas se oponía a la redacción de una Constitución que le pudiera hacer perder tanto poder.

El general Justo José de Urquiza (gobernador de la provincia de Entre Ríos desde 1841 y defensor del federalismo) formó alianzas con otras provincias y en 1852 venció a Rosas en la batalla de Caseros (también conocida como batalla de Monte Caseros). Pocos meses después, delegados de todas las provincias (menos Buenos Aires) se reunieron en Santa Fe; aprobaron una Constitución Nacional (la de 1853) y eligieron a Urquiza presidente de la Confederación Argentina. Esa Constitución establecía un régimen representativo, republicano y federal. La ciudad de Buenos Aires quedó federalizada, y las rentas de su Aduana fueron nacionalizadas, por lo que los porteños rechazaron la Constitución. La escisión entre Buenos Aires y la Confederación se prolongó hasta 1862.

Así, durante los años siguientes, la situación fue muy inestable. Por un lado estaban las 13 provincias de la Confederación Argentina (que tenía una Constitución, un Congreso y un gobierno) y por otro estaba Buenos Aires (que se gobernaba de forma autónoma). La unificación de la República Argentina se produjo después de dos importantes batallas: 
• La batalla de Cepeda (1859): la Confederación Argentina derrotó a Buenos Aires. Por el Pacto de San José de Flores, Buenos Aires tendría que incorporarse a la Confederación. 
• La batalla de Pavón (1861): las tropas de Buenos Aires (donde el general Bartolomé Mitre era gobernador desde 1860) derrotaron a las de la Confederación. En 1862, al desaparecer el gobierno de la Confederación, hubo elecciones: Mitre se convirtió en presidente de la República Argentina y la ciudad de Buenos Aires fue designada capital provisional del país. 

A partir de entonces se iniciaría el proceso de construcción del Estado Nacional, a través de la modernización de las estructuras económicas, sociales y políticas. El interior del país, que sentía que se quedaba alejado de aquellos beneficios, todavía se resistiría.



1853 – 1862 La confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires.



La Confederación Argentina fue la denominación de derecho que recibió Argentina desde 1853 hasta 1862, aun cuando dicho territorio se comportó de hecho como si de una confederación se tratara ya desde 1835.

A partir del interés de lograr acuerdos para dictar una constitución y así resolver el problema de orden interno de la constante pelea entre los poderes locales : el 31 de mayo de 1852, se celebró el Pacto de San Nicolás de los Arroyos, presidido por Urquiza y con la participación de otros diez gobernadores que representaban a once provincias. Constaba de catorce artículos y consideraba que había llegado el momento de arreglar la administración general por medio de un Congreso General Federativo. Las trece primeras cláusulas del Pacto establecían dónde, cómo y cuándo se reuniría dicho Congreso.

La Legislatura de la provincia de Buenos Aires discutió y rechazó el acuerdo, enfrentándose así Buenos Aires a la Confederación (es decir, al resto del país). Meses después, se reunieron en Santa Fe los delegados de las provincias, sin la presencia de Buenos Aires, sancionando la Constitución Nacional de 1853 y eligiendo a Urquiza como presidente de la Confederación Argentina.

A partir de ese momento, se prolongó una situación muy inestable por espacio de diez años: por un lado, existía la Confederación Argentina, entidad formada por trece provincias, con una Constitución Nacional, un Congreso y un poder Ejecutivo con sede en la ciudad de Paraná; y por otro, el estado de Buenos Aires, que si bien pertenecía a la República Argentina, era autónomo con respecto a la Confederación. Ambas entidades competían y se atacaban militarmente, y se diferenciaban desde el punto de vista cultural, económico y social.

La unificación fue posible en forma violenta, después de dos batallas: la de Cepeda, librada el 23 de octubre de 1859, afirmando el triunfo de la Confederación sobre Buenos Aires y acordándose el Pacto de San José de Flores (11 de noviembre de 1859), por el cual Buenos Aires se incorporaría a la Confederación y ésta reformaría la Constitución de 1853 según las disposiciones de aquélla; y la batalla de Pavón, acaecida el 17 de septiembre de 1861, que coronó el triunfo de Buenos Aires al mando del general Bartolomé Mitre, disolviéndose el gobierno confederal de Paraná. Mitre mandó cuerpos del Ejército al interior para finalizar con algunas situaciones adversas al nuevo gobierno, y logró que muchos gobiernos provinciales delegaran en él las relaciones exteriores. 

En 1862, se realizaron elecciones y, el 12 de octubre de ese año, Bartolomé Mitre asumió la presidencia de la República.

Buenos Aires ya estaba reincorporada al país y era su capital provisoria según la ley dictada por la Legislatura. Por primera vez desde 1820 existía un gobierno nacional, verdaderamente formal, y se daba fin a la Confederación.







LA CONQUISTA DEL DESIERTO


La Conquista del Desierto o Campaña del Desierto fue una campaña militar llevada a cabo por el gobierno de la República Argentina contra los pueblos mapuche, tehuelche y ranquel, con el objetivo de obtener el dominio territorial de la Pampa y la Patagonia oriental, hasta entonces bajo control indígena, y que ellos denominan Puel Mapu.

En un sentido histórico más amplio, el término incluye también a las Campañas previas a la Conquista del Desierto, es decir, al conjunto de campañas militares llevadas a cabo por los colonizadores españoles y los gobiernos nacionales y provinciales argentinos que les sucedieron, en contra de esos mismos pueblos, antes de la gran campaña de 1879.


1. Justificacion de las campañas, sostiene el historiador Jorge Ferrero:

"La conquista del desierto era una necesidad histórica. Las tentativas de una acción civilizadora pacífica, en la que habían sacrificado sus vidas jesuitas y franciscanos en los siglos anteriores, habían fracasado porque no tenían en cuenta que los indios no sometidos aun estaban en otro estadio de la organización social. Se encontraban en una etapa pre-agraria,.... al nivel de cazadores-recolectores (incluyendo el robo de ganado como una novísima forma de caza) ....Contra esa naturaleza social de las tribus se estrellaron todos los esfuerzos por inculcarles formas más elevadas, que sólo podían ser producto de una larga evolución que la nación no podía esperar sin el peligro cierto de empobrecerse económicamente, perder la Patagonia a manos de Chile o ver surgir asomados a su frontera nuevos Estados bárbaros sometidos a la tutela imperialista. Esto último ya lo había intentado el francés Aurelio Antonio Tounens, alias "Orllie-Antoine I", rey de Araucaria y Patagonia, en 1860/70".

La campaña de Roca .
Territorio de la Argentina antes de la presidencia de Julio Argentino Roca.

Después de que Adolfo Alsina muriera en 1877, el general Julio Argentino Roca fue nombrado nuevo Ministro de Guerra y prosiguió su trabajo. Pero, en contraste con Alsina, Roca creía que la única solución contra la amenaza de los aborígenes era extinguirlos, subyugarlos o expulsarlos.

Para llevar a cabo este plan, el 4 de octubre de 1878 fue sancionada la ley N° 947, que destinaban 1.700.000 pesos para el cumplimiento de la ley de 1867 que ordenaba llevar la frontera hasta los ríos Negro, Neuquén y Agrio.

Mientras tanto, los jefes de sectores de fronteras realizaron diversas operaciones durante el año 1878 y comienzos de 1879, para preparar la ofensiva.

A finales de 1878, empezó la primera ola para "limpiar" la zona entre la zanja de Alsina y el Río Negro a través de ataques sistemáticos y continuos a los establecimientos de los aborígenes. El coronel Nicolás Levalle y luego el teniente coronel Freire atacaron a Manuel Namuncurá provocándole más de 200 muertos, mientras que el coronel Lorenzo Vintter tomaba prisionero a Juan José Catriel con más de 500 guerreros y Pincén fue capturado cerca de Laguna Malal. Estos caciques fueron confinados en la isla Martín García. Luego el ranquel Epumer fue capturado en Leuvucó por el capitán Ambrosio. Otras acciones fueron dirigidas por el mayor Camilo García, el teniente coronel Teodoro García, el coronel Rudecindo Roca, el coronel Nelson, el sargento mayor Germán Sosa, el coronel Eduardo Racedo, el teniente coronel Rufino Ortega y el teniente coronel Benito Herrero.

Por ley del 11 de octubre de 1878 se creó la Gobernación de la Patagonia al mando del coronel Alvaro Barros y con jurisdicción en todos los territorios fuera de las provincias hasta el cabo de Hornos.

Con 6.000 soldados en cinco divisiones (entre ellos 820 indios aliados), en abril de 1879 comenzó la segunda ola alcanzando Choele Choel en dos meses, la cual fue entregada pacíficamente por los aborígenes locales. Desde otros puntos, las compañías del sur hicieron su camino hacia el río Negro y el río Neuquén, el tributario septentrional del río Negro. Juntos, ambos ríos marcaban la frontera natural desde los Andes hasta el Atlántico.

Muchos establecimientos fueron construidos en la cuenca de estos dos ríos, así como también en el río Colorado.

La primera división al mando del general Roca con 1.900 soldados y 105 indígenas. Partieron de Carhué el 29 de abril de 1879 y el 24 de mayo entraron en la isla de Choele-Choel, en junio Roca regresó a Buenos Aires, quedando al mando el coronel Conrado Villegas. 
La segunda división al mando del coronel Nicolas Levalle partió de Carhué con 325 soldados y 125 indígenas del cacique Tripailao. Avanzó hacia Traru-Lauquen en La Pampa y enfrentó a Namuncurá. 
La tercera división al mando de Eduardo Racedo partió de Villa Mercedes hacia Potahue con 1.350 soldados, entre ellos indígenas ranqueles de los caciques Cuyapán y Simón. Persiguió al cacique Baigorrita. No se logró su captura, pero sí la de 500 de sus indígenas. 
La cuarta división al mando de Napoleón Uriburu partió desde San Rafael el 21 de abril rumbo a la confluencia de los ríos Limay y Neuquén. Mató en Chos Malal al cacique ranquel Peyeumán. En río Agrio capturaron al cacique Painé con 60 de sus guerreros y luego lograron matar al cacique Baigorrita. Su accionar obtuvo un saldo de 1.000 indígenas muertos y 700 prisioneros. 
La quinta división al mando del teniente coronel Hilario Lagos partió de Trenque Lauquen y en Curu-Pichi-Cajuel, el teniente coronel Godoy mató al capitanejo Lemumier y su hijo. Esta columna capturó a 629 prisioneros.[1] 
De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, se tomaron prisioneros 5 caciques principales y uno fue muerto (Baigorrita), 1.271 indios de lanza prisioneros, 1.313 indios de lanza muertos, 10.513 indios de chusma prisioneros y 1.049 indios reducidos.








La República Argentina entre 1878 y 1881

Después de la definitiva organización constitucional de 1853 y tras unos años de estabilidad institucional que otorgaban mandatos presidenciales constitucionales de seis años puntuales, el país se agrandó territorialmente a través de varios eventos: las negociaciones diplomáticas que consiguieron la cesión de ciertos territorios bolivianos para las provincias de Salta y Jujuy, la victoria aliada en la Guerra de la Triple Alianza hizo que Argentina se quedara con la que hoy es Formosa y la mitad de Misiones como botín de guerra y la Guerra del Pacífico que involucraba a Chile contra los peruanos y bolvianos descuidando asi su sur de manera que Roca lanzó la Conquista del Desierto pudiendo barrer con facilidad a los indigenas belicosos e incorporar casi sin competencia la Patagonia para la República Argentina. Luego con la política diplomática argentina de establecer límites de las altas cumbres se emprolijaron los límites con el Chile agregando superficie a las provincias argentinas limitrofes.

El último bastión indigena sin colonizar fue el Chaco argentino que fue sometido ya a partir de 1884 con la creación de la Gobernación del Chaco.

Entre 1878 y 1881 La República Argentina fue tomando el perfil tal como se la conoce hoy en día.



Por último, y ya para dejarlo definitivamente claro, volvamos al mapa anterior a todos los mostrados, el de la colonia, antes de la Revolución de 1810.





Finalmente, y apenas por curiosidad, veamos cómo era el mapa del Virreinato del Río de la Plata, y la escasa evolución de fronteras y subdivisiones que hubo hasta 1879 en lo que respecta a la separación entre la "civilización española-argentina y española-chilena, y la "barbarie" de los pueblos originarios.
Pensemos también que, a la llegada de los pioneros galeses a la Patagonia argentina ya había Mapuche (entre otras pruebas, porque el mismo nombre de Bariloche, colonizada por alemanes, es de origen mapudungun) y Tehuelches, lo que reafirma una única verdad histórica: nietos de inmigrantes, de Mapuche o de Tehuelches, o criollos de diez generaciones, son todos igualmente argentinos. No hay "chilenos" en esa genética mayoritaria, porque incluso los que llegaron antes o después de 1830 ya son parte del pueblo de la nación.

Todos los mapas de esta página, así como los textos en letras menores, fueron tomados de la Mapoteca Virtual, 
http://mapotecavirtual.blogspot.com.br/2008/10/pagina-de-internert-de-historia.html

Javier Villanueva, 16 de enero de 2018.

segunda-feira, 18 de dezembro de 2017

Poco a poco, Paco Peco, poco pico.




A imagem pode conter: uma ou mais pessoas e atividades ao ar livre


Poco a poco, Paco Peco, poco pico.

Ontem víamos em Buenos Aires, num dos bairros da classe média da capital portenha, como o governo argentino começa a perder a sua base social e a enfiar os pés pelas mãos. Matar mapuches parecia ser mais fácil que meter-se com os aposentados, que incluem todas as classes trabalhadoras.

Enquanto isso, no Brasil, uma nova leva de carpideiras – são muitas, as da direita que choram pela ditadura, as da “esquerda traída pelo PT”, que chora pelos sonhos que tiveram de umas promessas de revolução que o Lula nunca fez, e que agora engrossam o coro da direita ou dos “sem partido”; e ainda as carpideiras bicho-grilo que acham que são de esquerda, mas cultuam a síndrome do vira-lata que inveja “a raça (espanhola?) dos argentinos”.

A suposta “espanholidade” dos argentinos que viria a explicar sua decisão de luta é um mito, dos mais infames. Mais um dos tantos mitos vira-lata. Só que dessa vez gerado em certa parte da esquerda, aquela em que convive o pensamento liberal individualista do bicho-grilo, aqueles que os velhos da luta armada dos anos 70 chamavam de “desbundados”, talvez exagerando um pouquinho nas tintas.

Vejamos: um 54,5% dos eleitores que votaram em Dilma em 2014 são menos de 25% da população. E com certeza que os 2 milhões que saíram às ruas contra ela e o PT (um 1% da população ou 2% dos eleitores) estão mais ativos e decididos que o 25 a 35% histórico da esquerda. O povo trabalhador não liga para estas estatísticas, claro, porque já sabemos que as crises são momentos em que sobem à superfície de um modo mais explícito todas as contradições sociais. É durante essas crises que as pessoas percebem mais claro o que antes estava tapado pela manipulação dos meios e pelo capuz  ideológico das classes dominantes, e às vezes pelas próprias capas médias, como acontece agora com esse 48% que votou no Aécio e aplaudiu em grande parte o golpe. Nas crises os trabalhadores aprendem em alguns poucos dias de luta muito mais que em anos de calmaria, de refluxo ou de reação; as manifestações, as greves, as batalhas cotidianas nos locais de trabalho, bairros, escolas, igrejas e clubes ensinam muito mais que o aprendizado formal de toda uma vida.
Desculpem, mas não aceito mesmo o tal mito de “o argentino é mais lutador”, e menos ainda quando vem salpicado do viralatismo “genicista” que repete a velha ladainha de "portugueses preguiçosos" e "espanhóis lutadores e valentes". 
Por ser argentino e sabendo o que foi a luta contra duas ditaduras, não concordo com o tema do componente étnico ou genético em relação à capacidade ou velocidade para reagir social e/ou politicamente. Os argentinos somos mais índios e italianos do que espanhóis, que eram muito pouca gente na época da colônia e ainda menos na enorme imigração de 6 milhões de europeus entre 1850-1955. Ou seja, o "sangue quente" não se sabe de onde poderia vir, se esse fosse um motivo.

Pode-se alegar que dentre a massa enorme de italianos (mais de 3 milhões) havia mais anarquistas e socialistas que nos 1,5 milhões que aportaram no Brasil; assim como muitos comunistas entre os poloneses e judeus, também em maior número lá do que aqui nos trópicos. Sim, isso deve fazer alguma diferença, claro. Mas não é pela composição étnica que se definem as capacidades de um povo para reagir à exploração, e sim por um conjunto de fatores históricos e políticos. 

O povo brasileiro tem uma coleção até maior que a do argentino na lista de revoltas, revoluções, levantamentos e lutas de resistência (*) que a dos povos argentino, uruguaio ou chileno. Poderão me dizer que muitas dessas revoltas foram religiosas, ou reacionárias, como a da Vacina e a do Juazeiro. Não importa, até agora não se lutou aqui pelo socialismo, nem ao votar o PT e o Lula, e sim por reformas possíveis dentro do capitalismo, como a Reforma Agrária. 
O que sim é diferente é o histórico das guerras da independência, onde o povo participou ativamente nesses países hispânicos contra o dominador espanhol, coisa que quase não houve no Brasil. Ou da diferente história de resistência dos povos nativos, posto que os índios patagônicos - Pampas, Tehuelches e Mapuches- resistiram até hoje aos avances da "civilização", primeiro a espanhola, e depois a chilena e argentina. Fato explicado até porque nos pampas extensos, os espanhóis, distraídos eles, "esqueceram" algumas vacas e cavalos que, reproduzidos de a milhares, deram armas e cavalgaduras de guerra e alimentação extra e inesperada aos Patagônes, que resistiram mais e melhor que Astecas e Incas. 

Mas a luta dos quilombolas, por exemplo, já de por si seria um elemento de compensação enorme a isso que comentei antes sobre os nossos indígenas patagônicos. Não, nem o sangue lusitano é ruim, nem o espanhol - o pouco que corre nas veias argentinas- é explicação e sim os momentos sociais e políticos que cada povo vive.

As épocas de reação e refluxo como a que sofremos hoje registram diversos motivos, que tem a ver com esse 40% das classes médias aplaudindo à direita, e com o desconcerto das classes trabalhadoras mais pobres pela rapidez das manobras e chicanas “legais” que arrancaram seus direitos, assim como a  falta de vanguardas sociais e políticas aguerridas, que também não nascem em provetas nem chocadeiras. Em fim, não é a etnia dos povos o que marca sua capacidade de lutar: o Brasil, repito, tem uma lista mais longa e sofrida de revoltas, levantamentos e guerrilhas populares do que a do povo argentino, que sofreu seis golpes militares no século XX, cada vez mais sangrentos, justamente porque havia - e ainda há- uma classe média confundida, torcendo contra os trabalhadores e uma classe operária cansada e desiludida, como em meados de 1975, antes do golpe genocida de 1976. Já aguentamos Menem e De la Rua até estourar em desespero em dezembro de 2001. Quando os deputados argentinos da oposição dizem "não somos Brasil", estão se referindo ao golpe, ao governo usurpador, e não tirando sarro do povo brasileiro.
JV. Dezembro de 2017.


(*) Para mencionar apenas as mais conhecidas: Revolta da Armada, e Revolução Federalista de 1893, migrando do Brasil ao Uruguai e implicando mais de mil marinheiros e soldados. A Guerra de Canudos, de 1896 a 97, com mais de 25 mortos do povo mais miserável. A Revolta da Chibata, de 1910, semelhante à do Encouraçado Potemkin na Rússia revolucionária. Revolta do Juazeiro, em 1914. Guerra do Contestado, entre 1912 e 16. Movimento Tenentista, em 1922 e Coluna Prestes, até 1927. Guerrilha do Araguaia, entre finais da década de 1960 e a primeira metade da década de 1970.

quarta-feira, 13 de dezembro de 2017

Os afroargentinos. 2ª parte.


Veja a 1ª parte em:
http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com.br/2015/11/sabian-el-8-de-noviembre-es-el-dia.html

Os afroargentinos. 2ª parte.

Quando cheguei ao Brasil, me perguntabam se era chileno.   - Não, por que? respondia eu. - Porque você é moreno, os argentinos são loiros, era o que ouvia, dia sim, dia não.

Esclarecendo, como sempre, com um pouco de história: em 1810, início da revolução e da luta pela independência, a população total da atual Argentina era entre 500 e 700 mil habitantes,​ casi totalmente indígena, afroargentina e mestiça de ambas as origens com uma minoria espanhola. 

Entre 1850 e 1955 Argentina recebeu uma enorme massa humana de imigrantes ultramarinos, a maioria europeus, mas também uma grande quantidade da Asia Ocidental - sírios, libaneses, armenios, palestinos e turcos-. Argentina foi um dos principais países receptores de la gran corriente emigratoria europea, árabe e judia que somou uns 6 milhões de imigrantes, o segundo maior fluxo mundial depois dos EUA. É o que na Argentina se chama de "crisol de razas" ou "melting pot".

E os negros? uma teoria diz que o embranquecimento" teve a ver com as guerras da indepêndencia, as longas guerras civis e a Guerra do paraguai, em que a vanguarda dos batalhões eram de "morenos" e "pardos".
Mas ainda vejamos que o país -hoje um só, apesar das "rachas" - la grieta- políticas e ideológicas históricas- continua refletindo os antigos quatro países, que tanto insisto em lembrar ao falar do tema "Mapuche-Benetton-nazistas". 
Antes de 1878 havia 4 países: dois deles com origem "criollo" (espanhol americano), um no porto - dai o "porteños"- logo depois de 1853 com o país mais ou menos unificado nessas duas frações, como Capital Federal- e o outro os dos "federalistas", províncias do centro-norte-este e leste, incluindo o atual Uruguai, inimigos de Buenos Aires. Os outros dois países eram a Patagônia Tehuelche, Pampa e Mapuche, ao sul; e o NE guarani, sem controle central de Buenos Aires e aliado histórico (até a Guerra do Paraguai) dos federalistas e do próprio Paraguai.

Como se define a população argentina hoje em termos de etnias ou origens? 

a) Na región central do país, donde se concentra a maioria da população nacional, a ascendência se compõe principalmente de imigrantes italianos e españoles chegados durante a grande imigração de 1855-1950. Em menor medida existem colonias e comunidades consideráveis de paraguaios, franceses, alemães, poloneses, bolivianos, uruguaios, judeus, ciganos e árabes. A região tem um predominio de ascendentes europeus, que desde meados do século XX, vem reduzindo lentamente com o aumento dos compoentes indígena e africano e suas mestiçagens, devido à maior presença de migrantes internos provenientes do norte o de países sudamericanos. Estes setores são predominantes nos municípios do oeste e sul do conurbano industrial de Buenos Aires, que constituem a maior concentração urbana do país.

b) Na região noroeste do país a população com antepassados indígenas andinos, ou espanhóis e africanos chegados durante a colonia, é proporcionalmente maior que a média nacional, em parte porque era a região mais povoada antes e durante a conquista espanhola, em parte porque recebeu uma parte menor da grande imigración européia.

c) Na región nordeste há também uma maior proporção de descendentes de Guaranis chaco-santiagueños e de africanos, vindos dos quilombos brasileiros e descendentes de prisioneiros brasileiros negros durante a invasão do Império ao Paraguai. Também se fixaram ali importantes colônias polonesas, ucranianas, alemã, croatas, sérvias e russas, sobre tudo em Misiones e Chaco.

d) A populación atual da Patagônia se formou a partir das etnias que habitavam no território, principalmente das nacçôes Mapuche, Ranquel e Tehuelche, combinado das correntes migratórias internas chegadas da região pampeana, além també da influencia da imigração galesa, suiça, alemã e chilena.

Mas, voltando aos afro-argentinos: em 2006, houve um censo piloto nos bairros de Monserrat, Buenos Aires, e em Santa Rosa de Lima, província de Santa Fe, que revelou que um 5% da população argentina sabia que tinha antepassados trazidos da África e que 20% considerava que devia ter ancestros negros mas sem certeza. 
O estudo, feito pelo Centro de Genética da Faculdade de Filosofia e Letras de Buenos Aires, estimou também que 4,3% da população de Buenos Aires tinha genética africana. 
Na região de La Plata, as contribuições européia, indígena e africana foram respectivamente de 67.55%, 25.9%, e 6.5%. 
Em Mendoza, o estudo genético encontrou a seguinte composição autossômica (DNA herdado tanto por parte de mãe quanto por parte de pai e que permite inferir toda a ancestralidade de um indivíduo): 46,80% de origemeuropéia, 31,60% indígena e 21,50% africana. 
Em Santiago del Estero foi encontrada uma origem africana de 23,6%, em Catamarca de 18,7% e em La Rioja o estudo genético autossômico de 2011 deu 10,1%.
Ou seja, nem eu, nem a grande maioria dos argentinos, ficamos fora da carga genêtica indígena e africana, além da espanhola "criolla" e o acréscimo europeu, judeu e árabe.

E o amigo Adrián Pablo Fanjul nos lembra hoje dessa "invisibilidade ideológica" que quer extinguir o negro e o índio e lembrar só do loiro de olhos claros. 

Ô besteirol "tilingo" da dona Mirta Legrand!

Leia um pouco mais em:
http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com.br/2015/11/sabian-el-8-de-noviembre-es-el-dia.html

Javier Villanueva, Foz do Iguaçu, dezembro de 2017.

terça-feira, 12 de dezembro de 2017

Combatientes negros en la Independencia del Perú

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Acuarela de Pancho Fierro

Combatientes negros en la Independencia del Perú

José Gil de Castro nació en Lima, Perú, en 1785 y murió en la misma ciudad, alrededor del año 1850. Fue hijo de esclavos, nacido libre. Durante la guerra de Independencia, alcanzó el grado militar de Capitán de Milicias en Trujillo.

"Mulato Gil”, apodo con el que se le conocería en Chile, es el más importante artista afrodescendiente de América Latina. Inició su formación artística, en el taller de Julián Jayo, y prosiguió luego en Lima, en la Escuela Pública de Pintura, donde recibió clases del español José del Pozo. 

Pasó etapas de su vida, entre Lima y Chile, donde se casó con una española. Fue nombrado Pintor de Cámara del Gobierno Peruano. Por su destacada labor como retratista y pintor, en Chile, el Cabildo de Santiago le otorga el nombramiento de Maestro Mayor del gremio de pintores y, aprovechando su experiencia militar y su alto conocimiento de dibujo, cartografía y cosmografía, es integrado al naciente ejército chileno, como miembro del cuerpo de ingenieros con el grado de Teniente y luego de Capitán del Batallón de Fusileros. 

O’Higgins le otorgó la condecoración “Al Mérito”, en el grado de legionario. José Gil de Castro, asumió el papel de testigo ocular de la Revolución en Latinoamérica, a través de retratos de los personajes que encarnaban los nuevos ideales. Los convirtió en modelos que pasaron a la historia como héroes. 
En Chile es considerado como el Padre del Género Retrato. 

El Inca Garcilazo de la Vega, sostiene en sus escritos, haber conocido en el Cuzco, al negro Guadalupe, un caudillo que comandó en el primer cuerpo de soldados negros durante la rebelión de Francisco Hernandez Girón, contra las nuevas leyes impuestas por la corona española en 1554.

La historia también nos habla de Antonio Oblitas, el negro lugarteniente de Túpac Amaru II, conocido como el verdugo del Corregidor Arriaga, y quien luego fue apresado y ejecutado junto con Túpac Amaru.

Fue importante también la participación real de los afrodescendientes, en la formación del Estado a finales del siglo XIX, tanto en la Batalla de Junín, al mando de Bolívar, como en la de Ayacucho, a órdenes de Antonio José de Sucre.

El historiador Julio Luna, menciona en sus crónicas a los Comandantes José Rayo, León Escobar y Negro León, quienes luego de la Guerra de Independencia formaron parte de los distintos grupos caudillistas que pugnaban por el control del poder, durante los primeros años de la etapa republicana (1835 – 1842).

Fuente: http://ashanti-peru.blogspot.com/2009/03/combatientes-negros-en-la-independencia.html
Tomado de: http://blog.pucp.edu.pe/blog/latravesiadelfantasma/2014/04/28/combatientes-negros-en-la-independencia-del-peru/