terça-feira, 19 de setembro de 2017

Don Ramón del Valle-Inclán, el funeral y los esperpentos


Don Ramón del Valle-Inclán, el funeral y los esperpentos

Don Ramón María del Valle-Inclán y Montenegro, nacido en Arosa, Galicia, en 1866 y muerto en 1936 en Compostela, fue el nombre con el que se hizo conocer el escritor  Ramón José Simón Valle Peña, poeta, dramaturgo y novelista, y un gran renovador de todos esos géneros literarios. 
Valle-Inclán es la cumbre del modernismo español y el creador del esperpento, que es un género teatral y también un punto de vista, o mejor, toda una concepción del mundo y de la vida. 
Como bien lo explica Valle en Luces de Bohemia una obra teatral en la que se encuentran todas las claves de su arte-, "el sentido trágico de la vida española sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada", como en los espejos que la reflejan con distorsiones, como un "esperpento", o sea, como algo grotesco y desatinado. 
"Esperpento", según la primera acepción del DRAEsignifica eso mismo, un "hecho grotesco o desatinado". El origen de la palabra es desconocido y, según el filólogo Joan Corominas – autor del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico-, nadie ha investigado su etimología.
Ya en su edición de 1970, el DRAE oficializa la definición del término esperpento: "Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán, escritor español de la generación del 98, en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos, sometiendo a una elaboración muy personal el lenguaje coloquial y desgarrado".
Y Valle va destilando su esperpento a medida que se aleja y deforma a propósito los cánones modernistas. En Las palabras de la tribuFrancisco Umbral escribe: "Valle tremendiza a Rubén - Darío-, principia a hacer la estética del horror. (…) Todo el Valle mejor parece escrito, sí, con la mano zurda que le falta, y esto es lo que da deformación a su obra, como él quería, más que los espejos del callejón del Gato". 
Hoy podemos decir que, aunque el genial escritor gallego sólo catalogó como "esperpentos" cuatro de sus obras -Luces de bohemiaLos cuernos de don FrioleraLas galas del difunto y La hija del capitán, las tres últimas publicadas en Martes de Carnaval-, el corazón del género lo encontramos, de un modo más o menos claro, en Divinas palabras,  su comedia más goyesca, con su idiota hidrocéfalo, sus gritos y su latín venciendo a la mujer desnuda, así como en las novelas que integran su inconcluso El RuedoIbérico.
Más tarde, Rafael Alberti, en su poema dedicado a Goya, crea un derivado de la palabra esperpento: "Y la Borbón esperpenticia, con su Borbón esperpenticio". Y recuerda los retratos de Carlos IV y de la reina María Luisa. Y sus pinturas negras. El pintor zaragozano animalizó, cosificó, exageró y caricaturizó en sus obras. Digamos entonces que la génesis del esperpento es plástica y pictórica; su idealización y conceptualización, literaria *. Aunque dicen que el término ya se usaba a finales del siglo XIX para definir un "desatino literario", es nuestro Ramón María del Valle-Inclán quien, en Luces de bohemia, acuña su definición más completa, viva y personal:
MAX: Los ultraístas son unos farsantes. El esperpentismo lo ha inventado Goya. Los héroes clásicos han ido a pasearse en el callejón del Gato.
Y como veremos enseguida, él mismo, el escritor Valle-Inclán, es una creación esperpéntica, con su singular figura, su barba larguísima, su melena y un rengueo sospechoso, sobre el cual hizo circular todo tipo de leyendas, incluyendo la de un duelo que seguramente nunca existió.

La muerte y el entierro. Esperpénticos

El caso es que el 7 de marzo de 1935 don Ramón del Valle-Inclán y Montenegro, conocido ya como el más grande de los escritores nacidos en Galicia, y uno de los más grandes de toda la literatura española, llega a Compostela desde Madrid, donde habitualmente vive. Él no lo sabe, claro, pero don Ramón viene para morirse en su tierra natal. 
Valle-Inclán se aloja en el hotel Compostela, pero enseguida debe ser internado en el sanatorio del doctor Manuel Villar Iglesias, del otro lado de la calle, al lado del café Derby, para tratarse con urgencia de un cáncer de vejiga.
Al principio del tratamiento siente una mejoría y pasa los meses de calor en tertulias en el Derby, paseando por la Alameda y escapándose con los viejos amigos a otras ciudades de su querida Galicia. Pero la enfermedad reaparece con más fuerza y en noviembre los síntomas son ya muy preocupantes, teniendo que permanecer en cama, otra vez internado en el sanatorio.

Ocurre entonces que la ciudad de Santiago de Compostela se divide en dos bandos irreconciliables alrededor de un tema que ambas partes consideran como algo de vital importancia: hay que decidir si Valle-Inclán debe confesarse y morir como un buen católico, o no.
No nos olvidemos que Compostela es la ciudad del Apóstol Santiago, una de las tres grandes capitales del mundo cristiano, después de Roma y Jerusalén. El clero y en torno suyo todas las fuerzas conservadoras y reaccionarias de la ciudad no están dispuestos a dejar que el creador de los esperpentos lleve hasta las últimas consecuencias su ateísmo. Además, según esta derecha local, se trata de un ateísmo al que ellos no consideran auténtico y que atribuyen a la simple vanidad de Valle-Inclán de no querer empañar a última hora su imagen de escritor anticlerical. Para tratar de impedir que el escritor se muera sin los últimos sacramentos mandan un cura a la habitación del enfermo. 
Pero ocurre que los del otro bando, los de la izquierda, que persigue el triunfo de que el escritor muera sin confesión justamente en la meca de los curas y su religión, mantienen día y noche la puerta de la habitación bien defendida. En varias ocasiones trata el cura de entrar, pero en todas ellas es eficazmente rechazado. 
Finalmente el enfermo se muere sin la confesión el 5 de enero de 1936.
Las fuerzas vivas de la derecha conservadora de Santiago de Compostela se niegan entonces a rendirle cualquier tipo de homenaje al ilustre fallecido. 
Ni el Ayuntamiento ni la Universidad mandan sus representantes al sepelio ni autorizan ninguno de sus edificios para instalar la capilla ardiente que don Ramón del Valle-Inclán se merece. 
Pero los del bando de la izquierda se mueven con eficacia para hacerle un entierro colosal en el que se muestre la fuerza de la solidaridad obrera. Se organizan vagones especiales en los trenes y los coches de línea se desvían o amplían su recorrido, de modo tal que a Compostela puedan llegar miles de personas de toda Galicia que ocupan literalmente toda la ciudad.

Pero el tiempo meteorológico no ayuda. Las aguas tempestuosas caen súbitamente sobre la ciudad y toda esta imagen de fuerza del bando de la izquierda queda subitamente desarticulada. 
A las cinco de la tarde sale el cajón con el muerto ilustre del sanatorio entre vientos, truenos, relámpagos y un aguacero torrencial, en un cuadro digno del cuadro más tenebroso de Goya. El coche que lo lleva hasta el cementerio de Boisaca, a unos dos kilómetros del centro de la ciudad, pero el cortejo fúnebre no es ni sombra de lo que podría haber sido con mejores condiciones meteorológicas.
Y cuando ya se se aproxima al cementerio, para agregar más Goya y esperpentos al cuadro, se encuentra el cortejo con un grupo de fascistas que en un intento de deslucir el acto fúnebre organizaron un entierro paralelo. Llevan un perro muerto y se proponen enterrarlo al lado del escritor, pues dicen que, al ser un animal tampoco él necesita de sacramentos ni de un cura. Se arma un gran revuelo, pero como el grueso de los obreros más radicales se quedaron en la ciudad, los contrincantes no llegan a los hechos.
Llegan por fin al cementerio de Boisaca, y ya al lado de la fosa, a la incierta luz de unas velas, el espantoso aguacero acelera la rápida llegada de la noche invernal. Y es entonces que ocurre el más grotesco de los esperpentos
Al ir a bajar el féretro, un joven izquierdista nota de pronto que encima de la tapa alguien colocó un crucifijo. Se lanza a arrancarlo y en su precipitación desastrada ambos, joven y ataúd, ruedan juntos hacia las entrañas de la tierra, quedando expuesto el cadáver a través de las tablas rotas.
Ya es muy de noche cuando los sepultureros terminan de tapar de tierra la fosa.
Sobre la tierra se colocará más tarde una gran losa de granito, que allí está hasta el día de hoy. Y como bien describe Antón Rodicio en su relato de estos hechos, eso es lo único que la contradictoria Compostela, le dio al más ilustre de todos los escritores gallegos.  (JV)

*
Aunque el 1920 de Valle-Inclán y el 1797 de Goya eran obviamente eras muy diferentes, usaron una lenguaje visual parecida para describir sus mundos.  Además, vivieron épocas en constante cambio, por la industrialización y el capitalismo masivo.  Este cambio social constante es lo que reflejado por Goya se convierte en dibujo grotesco y por Valle-Inclán en esperpento.
En "Los Caprichos", hasta las figuras humanas supuestamente normales se ven deformadas, con expresiones exageradas y proporciones indefinidas.  Lo que no se encuentra enfocado en luz blanca se distorsiona, dando a los animales la apariencia de caricaturas y a los seres humanos un aspecto monstruoso (por ejemplo, los animales en "El sueño de la razón" y las caras humanas en "No hubo remedio").  Francisco de Goya usa el estilo grotesco que ha definido para comentar sobre elementos espantosos del carácter humano y del mundo en que vivía. 
Valle-Inclán, de una manera parecida, define sus personajes a grandes rasgos.  Los personajes que no son centrales al trama tienen un aspecto que les define, como comerciante, revolucionario, o mujer en luto, y Max Estrella, como el personaje principal, es un artista idealizado.  Estos personajes se encuentran descritos en términos fantasiosas o cubistas, con cuerpos a veces deformados por la luz.   

Vea más en Carlos G. Reigosa, Javier del Valle-Inclán, José Monleón, “La muerte de Valle-Inclán. El último esperpento”, Ed. Ézaro, 2008.

quinta-feira, 7 de setembro de 2017

Hugo Pratt en la Argentina

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Luego de 20 años de recorrer aventuras por mares y tierras, vivir revoluciones, buscar tesoros, Corto Maltés llega a Buenos Aires en 1923. Hugo Pratt cuenta en el álbum Tango no solamente esta aventura de Corto, sino también describe una Argentina viviendo una época económica de oro y de gran crueldad humana con el tráfico de prostitución descripto por el periodista Albert Londres en Los Caminos de Buenos Aires. Los dos especialistas hablarán del Corto Maltés, de sus aventuras porteñas y argentinas, de esta Argentina soñada y turbia pero también de su autor Hugo Pratt, quien vivió más de 10 años en este país.


Hugo Pratt en la Argentina


Por Gabriel Fernández *
LA SEÑAL MEDIOS, 19 julio de 2017

En 1949 Hugo Pratt llegó a la Argentina. El gran autor fue contratado por Editorial Abril. Si su producción resultó fructífera y brilló en cooperación con Héctor Germán Oesterheld, un dato relevante lo vincularía un poco más a esta tierra: se consustanció, o quizás se enamoró, de una Argentina que reflotaría una y otra vez en sus creaciones.

Tan es así que tiempo después situó, en una aventura temporalmente ubicada en 1924, a su máximo personaje, el Corto Maltés, en Buenos Aires.

Sin embargo, para los lectores de Conexión emerge una referencia singular, porque dibujó –a modo de fotografía turística- al romántico héroe en las esquinas de Pedro de Mendoza y Almirante Brown.

Durante un tiempo entonces, el Corto circuló por La Boca.

Y luego transitó otras regiones del entorno en una trama atractiva, melancólica y atravesada por momentos vibrantes que lo llevó por locales tangueros, estaciones de tren, caminos oscuros.

Pratt consiguió aprehender el ambiente porteño.

Como en sus otras historias, esa sensibilidad le permitió abordar la narración con veracidad.

Se ha señalado que una clave relevante de la secuencia del maltés surge de los datos cronológicos corroborables.

Conflictos bélicos, reyertas parciales, episodios con protagonistas que dejaron huella.

Es cierto, pero cabe indicar que el otro ingrediente es la naturalidad con la cual el autor ingresa a la historia, la deja desplegarse y asume los climas.

Sucede que Corto Maltés es una obra encantadora.

Fascinante.

Su lectura promueve emociones y al mismo tiempo ellas quedan envueltas en una calidez especial, acompasada por la ironía y la complicidad con un lector que si por un lado conoce el carácter esquivo de la figura, se sorprende ante circunstancias que, también, irrumpen ante los ojos del Corto.

INTERRROGANTES y DUALIDADES.

La pregunta que tantos seguidores se han hecho es, tomando en cuenta esos rasgos bien personales ¿qué mueve el andar del Corto Maltés?

Pratt juega con la discontinuidad entre el decir y el hacer.

El marinero afirma su búsqueda de riquezas y su desinterés por causas y luchas.

El marinero, ante cada desafío que se abre en su sendero, opta por acciones que le impiden acceder a los beneficios y se liga a banderas justas que no estimaba propias.

Es que la interioridad del maltés es digna.

Define su andar por encima de su voluntad.

Se adentra en situaciones que, más allá de lo previsto, exigen definiciones.

Y las definiciones son adoptadas por un esquema de valores que late en su ser y trascienden holgadamente los presupuestos fijados al inicio de la aventura.

Así, entre cobrar un suculento rescate por los pibes de una familia poderosa hallados a la deriva, opta por protegerlos y a través de un extenso zigzagueo, fomentar su libertad.

Así también, se compromete al traslado de una niña armenia amenazada por los controles turcos, en medio de disparos y amenazas.

Y así contribuye a dejar un puente hacia las nuevas generaciones de luchadores en el Matto Grosso, en vez de desentenderse de un problema inicialmente, ajeno.

Es el contraste entre los objetivos primarios del buscador de oro y su quehacer práctico lo que nos identifica con el maltés.

No es inexacto entonces comparar esa espiritualidad con la del orillero libre, anárquico y chusco, heredero del gaucho, en nuestra ciudad.

Especialmente en el Sur de Buenos Aires, donde esos personajes fueron articulando un modo de ser bravío y de difícil control para las autoridades.

Probablemente Pratt aprehendió esos rasgos y supo que se adaptarían a su creación.

Sin olvidar que, cuando alguien le pregunta por qué se inclina en tal o cual dirección, responda “por dinero”.

No se lo cree el Corto, lo lamenta su amigo – negativo Resputín, con quien compone una dupla admirable y psicológicamente intensa.

El andar de ambos es opuesto pero confluye.

La conjunción es muy distinta de otras parejas famosas, donde la armonía conceptual es limada sólo por las diferencias formales.

Aquí la distancia es de fondo, y sin embargo, deambulan juntos, insultándose, golpeándose, salvándose, por todo el orbe.

Vale un comentario. El maltés explica en un episodio que Rasputín “es malo, pero no lo sabe”.

A tal punto llega la admisión de la amistad contrastante, que cuando el salvaje ruso asesina innecesariamente a la dama de la cual Corto Maltés se había enamorado, a la vera de un tren, sobre un paisaje nevado, todo se resuelve con una buena pelea a las trompadas; pero luego de la reyerta, ambos siguen sus caminos, juntos.

Es decir, no hay crimen que Corto no termine perdonando a Rasputín, a pesar de operar en un sentido diametralmente opuesto.

Los valores intrínsecos del maltés lo llevan a favorecer la justicia, a arriesgarse por los débiles, a situarse naturalmente del lado popular de los acontecimientos.

Suele declamar lo contrario, y tales aspiraciones mercenarias son plasmadas por su compañero.

Todo, envuelto por un clima suave, en un andante que brinda el tono a las historias.

Como dato relevante, cabe indicar que las películas animadas realizadas en derredor del enorme invento de Pratt son leales a los originales y pueden disfrutarse sin prevención.

A quienes primero nos acercamos a la obra a través del dibujo original, puede sorprendernos gratamente el traspaso al movimiento, que se caracteriza por un respeto estricto del sentido profundo de la labor del historietista.

Como sabemos, no siempre es posible decir lo mismo cuando el papel se traduce en la pantalla.

GF

Hugo Eugenio Pratt nació en Playa de Lido, entre Ravena y Rimini, Italia, un 15 de junio de 1927.

Después de transitar el mundo, falleció en Grandavaux, Suiza, el 20 de agosto de 1995.

Provenía de una familia compuesta por franceses, anglosajones, venecianos.

Tres mujeres fueron importantes en este período de la vida de Pratt: la yugoslava Gucky Wogerer, con la que se casó en Venecia en 1953 y con la que tuvo dos hijos (Lucas y Marina); Gisela Dester, que fue su asistente y después su compañera, y Anna Frogner, con la que tuvo otros dos hijos, Silvina y Jonás.

Ninguno de sus hijos acabaría dedicándose al cómic: Lucas trabajó en la inseminación de vacas en la Argentina y Jonás era matemático.

Entre 1949 y 1962 vivió en la Argentina.

Trabajó junto a Oesterheld, Francisco Solano López, Juan Luis Salinas, José Muñoz. Participó de Editorial Abril y Editorial Frontera.

Brindó clases de dibujo con Alberto Breccia en la Escuela Panamericana de Arte.

Luego retomó su recorrido europeo.

Su labor nos deleita en el presente.

GF

Autor del texto: Gabriel Fernández es el Director de La Señal Medios / y el Sindical Federal / Trabaja en el Area Periodística de Radio Gráfica.

Texto publicado en el periódico Conexión 2000 Arte y Cultura.

domingo, 20 de agosto de 2017

La poesía gallega actual: Salvador Mira y "Destierro en la tierra"

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La autora de la reseña es la amiga Susana Diez de la Cortina Montemayor, filóloga, directora académica de AulaDiez español online (www.auladiez.com), y autora de numerosos libros de poesía y de enseñanza de español para extranjeros. Ya hemos publicado aquí algunas de sus muchas intervenciones, y esperamos publicar más. Gracias!


POESÍA GALLEGA ACTUAL: 

Salvador Mira Nieto (Pontedeume, A Coruña, 1978) 

 Desde que en 2007 publicara Salvador Mira su primer poemario (“Durante todo el día”, Ed. Diedycul, Madrid) hasta hoy han transcurrido solamente diez años, pero durante esa década este autor eumés que escribe en castellano no ha dejado de publicar una obra tras otra: en 2009 reaparece en la escena literaria con “Ángel azul” (Ediciones Vitruvio, Madrid) y un año después con “Asalto al cielo” bajo el mismo sello editorial, conformándose ya lo que, parafraseando al propio autor, constituirá una poética y singular carta de navegación llena de nombres, cifras, libros, películas, que casi como un diario, se convierte en una sagaz crítica de nuestra sociedad. 
En 2011 publica “Los diablos” (Espino Albar, Pontedeume), que junto con los tres anteriores y un último poemario de 2013, “Ensoñaciones desde el filo”, dan forma a la totalidad de su obra poética, reunida y publicada este año en un solo volumen bajo el título de “Destierro en la Tierra”, nuevamente en Ediciones Vitruvio. 

Este grueso volumen recopilatorio se abre con una imperiosa y significativa nota del autor: “Es recomendable la lectura de principio a fin, como si se tratase de una novela”. 
Y, en efecto, hay en la poesía de Salvador Mira una voluntad de plasmación casi cinematográfica, como si estuviésemos ante el guion de una historia en la que el personaje protagonista (él mismo) se encontrase permanentemente expuesto al ojo inmóvil del objetivo de una cámara, en una suerte de diario poético que recoge todo tipo de vivencias, lecturas, anécdotas o pensamientos expresados en forma de aforismos: 

POESÍA: 

Ese deseo al que no se puede doblegar. 
Ese impulso que es destino 


o en largos poemas que tratan de atrapar la esencia de las más evanescentes impresiones o de los sentimientos. 
En ellos el poeta bucea en la soledad, expresa su rabia y su impotencia ante la injusticia que ve a su alrededor, o habla del amor, pero siempre dejándose captar en las escenas más íntimas de su vida sin el subterfugio del pudor: 


Escribo en una hoja en blanco, 
pretendiendo vencer a los demonios de la noche. 

Intento sobrevivir, 
lucho para poder escribir. 

Aunque nadie lea estas letras, 
hago lo que debo, 
hago lo que puedo. 

Esta es mi forma de vida, 
la mayor parte de las veces 
claustrofóbica, al límite, asfixiante… 

Veo una mano que mueve el lápiz, 
escucho mis pensamientos; 
es como si habitase una pequeña estrella perdida: 
centelleando sílabas en la noche lúgubre y espesa… 
Escribo de forma automática, 
llevo al papel un telegrama que dicta mi alma. 

Esto es un ejercicio de extrema soledad. 

El amor y una feroz crítica social son los pilares que sustentan la poesía de Salvador Mira, con tintes a veces un tanto épicos, las más de las veces trágicos y en ocasiones hasta fatídicos, porque el autor se retrata a sí mismo como un desventurado héroe clásico a merced de los hados: un Teseo sin Ariadna, o como en estos versos, 

 “[…] un Ulises sin Penélope 
que continúa la singladura, 
que intenta regresar a casa 


Pero es en la descripción de su entorno físico, de la naturaleza circundante donde, en mi opinión, la poesía de Mira obtiene sus mejores logros desde aquellos primeros versos que sirven de título a su primer poemario, “Durante todo el día”: 


La luz de las farolas danza en las aguas. 
La sirena de un mercante, atrapado en la espesa noche, 
gime cual ternero en el matadero: es mi porvenir sin esperanza. 


La naturaleza como forma de expresión de la extrema subjetividad personal impregna de dicha y de belleza los versos de Salvador Mira, en especial cuando hablan del mar, fuente inagotable de sensaciones felices: 

El mar se retira de la playa, 
barcas varadas en la arena, 
el sol ilumina la orilla, 
el salitre suspira en mi corazón. 

Aguas doradas, 
el susurro de las olas, 
rocas, mejillones, estrellas de mar… 
Mis bolsillos colmados de piedras y conchas. 

La brisa acaricia mi cara, 
la espuma, palpitante, cubre la mañana. 


Prima en la descripción de su tierra gallega la sensualidad de lo que es sentido como intrínsecamente «bueno», acogedor, protector e incluso íntimo, a la manera rosaliniana: 

Aunque para encontrar la felicidad 
tenga que viajar por mi imaginación: 

 Los atardeceres de mi tierra en verano. 

Los campos de lavanda. 

Las huellas que mis pies dejan, 
caminando por la playa. 

Riachuelos, fuentes, pájaros, 
luciérnagas, caminos, bosques, 
estaciones de tren, puentes, 
copos de nieve, caballitos de mar, 
renacuajos, tritones y ranas. 

Los besos bajo las sábanas […] 

Toda la obra poética de Salvador Mira está, de ese modo, entretejida no sólo con su entorno, sino también consigo misma. 
Nos anuncia ya lo que será su prosa, desde aquella primera nota del autor en la que nos advertía de la necesidad de leer “Destierro en la Tierra” como una novela, pero también en versos como los siguientes que transcribo, del último poemario del libro, en los que está ya el germen de lo que sería más adelante su primera novela, titulada “Después del silencio” (Ed. Manuscritos, Madrid, 2017): 

Una de las cosas 
que mayor vergüenza ajena me ha producido 
es el silencio sepulcral del domingo 
después de la borrachera del sábado. 


La mágica exuberancia de las tierras gallegas aflora en este libro cuyo título, “Destierro en la Tierra”, dice tal vez mucho más de lo que el un pensamiento literal sugiere: porque para el sentir gallego, tan abocado por su historia a la emigración, acaso no haya nada tan duro como eso… 

Pontedeume, julio – Madrid, agosto de 2017. 

Sobre la autora de la reseña:
Susana Diez de la Cortina Montemayor es filóloga, directora académica de AulaDiez español online (www.auladiez.com) y autora de numerosos libros de poesía y de enseñanza de español para extranjeros. 


Sobre Galicia, el gallego, y su lengua hermana, el portugués

El 17 de mayo es el día de las letras gallegas, fiesta de la lengua y homenaje a escritores de la literatura de Galicia. Fue instituido en 1963 por la Real Academia Gallega para homenajear a los escritores que usaban el idioma en sus obras literarias, pues en 1863, 17 de mayo fue cuando se publicó en Vigo la obra Cantares Gallegos de Rosalía de Castro.

Desde la aprobación de la constitución española y del Estatuto de Autonomía, el gallego es lengua oficial junto con el castellano en Galicia, con gran desarrollo popular, literario y en todos los niveles educativos, incluso la superior. Las tres universidades gallegas - A Coruña, Santiago y Vigo- ofrecen estudios de lengua y literatura gallegas en nivel superior.

El gallego en su evolución, por motivos socio-políticos, entre los principales, la prohibición de uso y persecusión durante la ditadura franquista, fue más salpicado por el castellano que por el portugués. Pero desde 1983, con la Ley de normalización lingüística, avanzó el proceso de recuperación del idioma y las administraciones y otras entidades oficiales aumentaron el uso del gallego en la vida pública, en la educación y ámbitos sociales. Al punto que hoy es la lengua mayoritaria entre la población de Galicia, y casi 90% la habla habitualmente y la entiende el 94% , más de 2 millones y medio de personas.

Pero al final, para los que hablamos español y portugués, ¿qué es el gallego? Pues es una lengua románica que nació en el siglo IX con base en diferentes hablas celtas, y en la Edad Media, mantuvo una unidad lingüística con el portugués, siendo por lo tanto lenguas hermanas desde su origen.

Es posible que extrañe que la lengua portuguesa, “la última Flor del Lacio” — así llamada por el poeta brasileño Olavo Bilac—, originaria de una pequeña área de la Península Ibérica llegue al 6º lugar en popularidad entre los idiomas más hablados del mundo, superando a sus hermanas, la francesa y la italiana, cuya fama de cultas y elegantes son innegables.

El Gallego-Portugués, una lengua del grupo ibero-romance con su origen en la zona que abarca lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal, la cuenca del río Miño, al NE de la península Ibérica se empieza a partir en dos al fin de la reconquista cristiana de los territorios ocupados durante casi ocho siglos por los moros árabes, que terminó en Portugal con la toma de Faro en el año 1249, casi 250 años antes de su final en España.

Tras todos estos procesos históricos, Portugal pasa a ser un reinado independiente de León y Castilla, mientras que su hermana Galicia se mantiene bajo las órdenes de este último.


Las carabelas llevaron a los portugueses – y su lengua-, cada vez más autónoma, lejos de su hermana Galicia, mientras las tierras gallegas y su idioma quedaban encerradas durante siglos bajo el dominio castellano. (Javier Villanueva)

domingo, 16 de julho de 2017

Touro, 66 anos, neto de bascos e tehuelches, inferno astral.

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Touro, 66 anos, neto de bascos e tehuelches, inferno astral.

Dizem que são apenas 24 horas; no meu caso devem ser no mínimo de 48 a 72. 
Outros afirmam que, a cada aniversário, quando o sol volta para o mesmo grau, exatamente onde ele se encontrava no momento do nascimento da pessoa, o astro rei faz renascer sensações já esquecidas: lá fora deve ser perigoso, não quero sair – a agorafobia ou medo mórbido aos espaços abertos-. Preciso sair porque aqui dentro está muito escuro e apertado – a claustrofobia, ou pânico produzido pelos espaços fechados ou escuros.

O inferno astral para mim, ao menos, é muito contraditório: quero voar e também mergulhar profundo. 
Penso em infernos e lembro do Supay, das propostas indecentes que o Mau pode sempre vir oferecer a quem está pronto a renascer pela 66ª vez. 
E ainda por cima, isto sempre acontece bem no meio da Páscoa, da ressurreição, a renascença, e o reverdecer, que neste nosso hemisfério sul parece ser sempre o contrário.

Sessenta e seis anos, número quase diabólico; cabalístico? Vinte e dois de abril, data do aniversário: 22 vezes 3, igual a 66. Seguimos na matemática fatal de efeitos previsíveis: nasci há 66 anos num dia 22 de abril, no meio da Pascoa, época de ressurreição, renascença das esperanças, mesmo que em pleno outono já, o que em Buenos Aires é quase inverno.

Vinte e dois de abril de 2017 em Buenos Aires, a poucos quarteirões da Calle Araoz, quase na esquina com a Avenida Santa Fé, tentando refazer as circunstâncias em que, 66 anos atrás, um 22 de abril de 1951, dei os primeiros berros de vida, numa segunda feira fria, às 8 da manhã.

Esqueço-me do inferno astral e durmo. Sonho, e a febre me faz lembrar de uma gruta que vimos um dia com Victoriano, na espessura do monte em La Falda, onde se perde toda orientação e o cerro parece ser igual em todas as direções. 
Vimos uma entrada secreta, oculta entre os galhos emaranhados, protegida por duas pumas ferozes. Fomos embora sem entrar, mas depois Chazarreta e Fuenzalida nos contaram que é uma entrada que leva a uma gruta ampla e lôbrega, onde dança o Mandinga quando se celebram suas grandes orgias anuais. 
As velhas e os velhos transformam-se em jovens, os doentes saram, e a feiura se cobre com uma formosura insuspeita.

Fecho os olhos e volto a abril de 2017: velho, cansado, sem forças. Sonho com a beleza da juventude, perdida com os anos; maldigo a suposta sabedoria dos anos, mentira piedosa dos jovens, bonitos e fortes que riem dos velhos, pensando que serão eternos, invencíveis.

Renascer, ressuscitar, reverdecer...sem perder a ternura, jamais.

JV. Buenos Aires, 22 de abril de 2107.

sábado, 8 de julho de 2017

Poesía gallega y el idioma de Galicia, hoy.

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Sobre la autora de la reseña: Susana Diez de la Cortina Montemayor es filóloga, directora académica  de AulaDiez español online (www.auladiez.com) y autora de numerosos libros de poesía y de enseñanza de español para extranjeros.

POESÍA GALLEGA ACTUAL: 

Rafael Catoira Rey (Laxe-Culleredo, A Coruña, 1951)

Si convenimos con Antonio Machado en que poesía es “palabra esencial en el tiempo”, estamos ante un ejemplo cabal de eso mismo cuando leemos los versos de Rafael Catoira Rey. 
Este autor, cuya obra poética fue premiada en el trigésimo noveno “Certame Literario de Vilalba 2013” – mención aparte merecería su prosa, también premiada en varias ocasiones, de la que sin duda nos ocuparemos en otro momento – tiene publicado un único libro de poesía que lleva por título Navegando cara a Ítaca (colección “Libros do Sarela”, Ed. Alvarellos, 2014), pero es sin embargo sobradamente conocido por sus artículos en “Galicia Dixital” y en distintos foros de poesía gallegos por la publicación en ellos de sus más recientes poemarios, como este que vengo a comentar hoy aparecido en “Palavra comum” y cuyo título abre una colección de poemas de gran profundidad en lo que a primera vista podría parecernos simple juego de palabras: No volver que seremos estamos

Elijo el estremecedor final del poemario referido como muestra del talento poético de su creador, cuya hondura e intuición estética se une a la certera expresión del pensamiento sobre lo que hemos sido desde nuestro primer ancestro, el cual, presente en el actual ‘nosotros’ será también quien, volviendo tras nuestra marcha, nos nazca:

Antigo dito da tribo Hopi:

Nós somos aqueles aos que estabamos a agardar.

***

A xeito dun final, cando nada remata.

Crepúsculo

I
No amplo berce escuro do ceo
seguir as luces que guían os astros. Ollar na noite.
Apoderarse dese astro que brilla ao lonxe,
na esquina dun universo que cabalga
a súa propia sombra
desde a primeira laparada,
sobre o brillo dese lume primeiro
onde naceu o tempo.

II
Cantas veces é lembranza o que vexo
e ao seu lonxincuo abismo asómome
para perderme no encontro!
Ver morrer o día é coma ver nacer o lume,
dilatarse no fume, espiral e labirinto,
medrar cara ás nubes e regresar ardendo no volver,
nacer


El ser y el tiempo, la esencia de lo que somos desde aquel primer ancestro hasta su sucesor final en un ‘ser contigo en el tiempo’: poesía esencialmente atemporal, la de Catoira, que es tanto como decir poesía universal.
Pontedeume (A Coruña), julio de 2017.



Galicia, el gallego, y su lengua hermana, el portugués

El 17 de mayo es el día de las letras gallegas, fiesta de la lengua y homenaje a escritores de la literatura de Galicia. Fue instituido en 1963 por la Real Academia Gallega para homenajear a los escritores que usaban el idioma en sus obras literarias, pues en 1863, 17 de mayo fue cuando se publicó en Vigo la obra Cantares Gallegos de Rosalía de Castro.

Desde la aprobación de la constitución española y del Estatuto de Autonomía, el gallego es lengua oficial junto con el castellano en Galicia, con gran desarrollo popular, literario y en todos los niveles educativos, incluso la superior. Las tres universidades gallegas - A Coruña, Santiago y Vigo- ofrecen estudios de lengua y literatura gallegas en nivel superior.

El gallego en su evolución, por motivos socio-políticos, entre los principales, la prohibición de uso y persecusión durante la ditadura franquista, fue más salpicado por el castellano que por el portugués. Pero desde 1983, con la Ley de normalización lingüística, avanzó el proceso de recuperación del idioma y las administraciones y otras entidades oficiales aumentaron el uso del gallego en la vida pública, en la educación y ámbitos sociales. Al punto que hoy es la lengua mayoritaria entre la población de Galicia, y casi 90% la habla habitualmente y la entiende el 94% , más de 2 millones y medio de personas.

Pero al final, para los que hablamos español y portugués, ¿qué es el gallego? Pues es una lengua románica que nació en el siglo IX con base en diferentes hablas celtas, y en la Edad Media, mantuvo una unidad lingüística con el portugués, siendo por lo tanto lenguas hermanas desde su origen.

Es posible que extrañe que la lengua portuguesa, “la última Flor del Lacio” — así llamada por el poeta brasileño Olavo Bilac—, originaria de una pequeña área de la Península Ibérica llegue al 6º lugar en popularidad entre los idiomas más hablados del mundo, superando a sus hermanas, la francesa y la italiana, cuya fama de cultas y elegantes son innegables.

El Gallego-Portugués, una lengua del grupo ibero-romance con su origen en la zona que abarca lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal, la cuenca del río Miño, al NE de la península Ibérica se empieza a partir en dos al fin de la reconquista cristiana de los territorios ocupados durante casi ocho siglos por los moros árabes, que terminó en Portugal con la toma de Faro en el año 1249, casi 250 años antes de su final en España.

Tras todos estos procesos históricos, Portugal pasa a ser un reinado independiente de León y Castilla, mientras que su hermana Galicia se mantiene bajo las órdenes de este último.


Las carabelas llevaron a los portugueses – y su lengua-, cada vez más autónoma, lejos de su hermana Galicia, mientras las tierras gallegas y su idioma quedaban encerradas durante siglos bajo el dominio castellano. (Javier Villanueva)