terça-feira, 31 de maio de 2011

Para leer al Zé Carioca



Al final de la Segunda Guerra Mundial, atendiendo las presiones del gobierno norteamericano -que buscaba una política de aproximación a Brasil- Walt Disney crea  Zé Carioca, un dibujo animado que es una parte importante de las acciones para evitar que Brasil se volviera "un país comunista".

El dibujo, creado en los años 50, es totalmente hecho a mano, sin computadoras, efectos digitales u otro tipo de recursos mágicos del cine moderno. Tal vez por causa de Zé Carioca, en Brasil muchos se interesen en Disney, independiente de lo que representan sus dibujos.
Vea en youtube:

http://www.youtube.com/watch_popup?v=_mQHr8bAojU&vq=small


El amigo Kepa Uriberri, escritor chileno y alma mater de Escritura Creativa, escribe un comentario sobre mi artículo del 31/7/11. que, por su importancia y extensión merece su publicación en este espacio.
Gracias Kepa!
JV

Cuando García Márquez escribe Cien Años de Soledad: ¿Estaría intentando penetrar culturalmente al mundo con la cultura latinoamericana? ¿Querría imponer el modelo de abuso militar de la guerra, que tanto duró, desde la independencia de nuestros pueblos hasta casi finales del siglo veinte? ¿Y el Martín Fierro, pretendía influir al mundo con la cultura rural sometida de los pueblos latinoamericanos?



No cabe duda que cada literatura es el reflejo de su autor (autores) y de su cultura y pensamiento. Walt fue un hijo maltratado, lleno de resentimientos hacia su padre, por ejemplo; eso explica la ausencia del padre y el acercamiento de los niños a tíos protectores que los reemplazan. Del mismo modo, la familia Disney vivió, cuando Walt era niño, llena de vicisitudes y apremios económicos, lo mismo que el propio Pato Donald, cuyo comportamiento siempre absurdo y fracasado refleja bien a Elias, padre de Walt. Habría mucho más que analizar. pero excedería de un comentario breve.


Si Dorfman y Mattelart hubieran estado más atentos a los antecedentes que a las supuestas consecuencias de las cosas que analizaban; si Dorfman aun no estuviera en una postura así, quizás sus ideas no fueran tan recalcitrantemente radicales. Por supuesto, así como Disney no podía hacer una épica del despojo porque provenía de otra experiencia cultural, Dorfman y su coautor, difícilmente pudieron hacer un análisis Liberal Manchesteriano.


José Carioca nace junto a Pancho Pistolas en una película de animación llamada Los tres caballeros, como una forma de acercamiento con los países latinoamericanos que podrían ser incidentes en el desarrollo de la segunda guerra mundial, Pancho es un gallo mexicano y José Carioca un loro o caturra brasileño. Esa es la admonición que define el sentir más suspicaz, respecto de la producción cultural estadounidense que se destina a nuestros pueblos. Para verlo, sin embargo, de manera más imparcial, haré dos o tres ejercicios. El primero consiste en hacer el esfuerzo de ver los significantes semánticos desde, por ejemplo, un alemán o quizás un italiano, también desde un francés, de los personajes y sus actos. En general el gringo, representado en Donald, es bastante idiota y es arrastrado por la personalidad avasallante del gallo mexicano, mientras Carioca aparece casi como un cómplice en las burlas: Ellos, Carioca y Pistolas, se divierten y son compinches; Donald, en cambio sufre la personalidad de ellos. Claro, si lo veo desde nosotros, los suspicaces y despreciados latinos, veré intenciones escondidas. Quizás si quieran mostrarse inofensivos y por eso nos envían al estúpido Pato Donald, ¿no?. Un alemán, en cambio, verá en Disney cómo la cultura de los Estados Unidos es penetrada por la obra de sus grandes filólogos, los hermanos Grimm. ¿Querría, el gobierno de los Estados Unidos, acoger de brazos abiertos el alma del pueblo que consideró su enemigo por décadas? ¿Es que los estadounidenses serán verdaderamente el Pato Donald? ¿O será que José Carioca es un arma secreta culturalmente letal, sacada de la experiencia sufrida con Blanca Nieves? Tal vez los Estados Unidos se sentían los cincuenta y dos enanitos de la Blanca nieves alemana, o también Los azules príncipes que perseguían a la servicial Cenicienta, con un zapatito de vidrio, mientra la perversa madrastra y sus feas hijas (quizás nazis) le tendían una peligrosa trampa. Menos mal que se salvaron mágicamente. La servicial Cenicienta se repartió entonces entre el dormitorio de la OTAN y el del Pacto de Varsovia. Es que el otro zapato se lo habían llevado los bolcheviques. En fin, Dorfman no era alemán. Tampoco francés, de manera que no vería la Sinfonía Idiota de Disney con los ojos de los compatriotas de Perrault. Este corto de Disney es una versión bastante idiota de la Caperucita Roja del autor francés. El lobo, muy francés, le gusta comerse a las mujeres. Caperucita es una rubia ingenua, que salta por el bosque, en vacaciones, como gringa por París; ahí se encuentra a monsieur Le Loup quien planea comérsela a ella y a la abuela. Los americanos en París, serían en la Sinfonía Idiota, los tres chanchitos. Dos de ellos deben haber sido granjeros de Nebraska u Omaha. El otro es un neoyorkino dedicado a la albañilería, que asume el papel del cazador del cuento, pero que combate al lobo con palomitas de maíz: ¡Oh! No. Es un arma letal: Es americana. La representación es pueril, pero otra vez Disney recurre a la cultura europea para inspiración. Sería largo seguir con el italiano Carlo Collodi y su Pinocho (pero recomiendo ampliamente la lectura del cuento original). Se lo dejo al lector. Sólo me interesaría hacer ver que la cultura europea es rica en cultura narrativa infantil. Es ahí donde Disney se inspira. En cada adaptación se tiñe el resultado del ser intrínseco angloamericano: Disney lo es. Pero no hay una tradición narrativa occidental americana; ni en el norte ni en el sur. Por eso la creación propia del animador recurre a la creación personal. Primero el Ratón Mortimer (después Mickey), un don nadie como el mismo Disney, después un acomodado ratón con auto y novia, como todo "americano triunfador" de los cuarenta. Más tarde Donald nace para reflejar al "looser" como el propio padre de Walt. Disney buscó, en América latina, ampliar su mercado, para eso buscó, a falta de una narrativa folklórica, como había en Europa, crear los personajes y montar la historia, como había hecho ya con Mickey, Donald y otros. Habrá que reconocer que dentro de una psicología ingenua o muy perversa, leyó algunos rasgos que penetraron la idiosincrasia latina. Ze Carioca ha conquistado al Brasil y a todos los latinos. Pancho Pistolas no. Pero, buscando material para este comentario, encuentro una opinión en algún foro que argumenta por qué prefiere, como arquetipo mexicano, a Pistolas antes que a Speedy González de la Warner Bross.: "Pancho Pistolas es un gallo y mero macho como buen mexicano, es mejor que el Pato Donald, mientras que González es una rata que huye rápido después de robarle al gato gringo". Al menos yo, me compré el comentario. Por otro lado, de observar a Ze Carioca y su personalidad tranquila, de saber vivir y más, me recordó bien a Joao Gilberto, a Pelé, a Roberto Carlos y muchos otros encantadores brasileños que el lector no conoce y han sido mis amigos.


Finalmente, y para redondear, Disney no hizo a un argentino para esta serie: ¿Por qué? Bueno, tampoco a un chileno, un peruano o un venezolano, pero esto es para otro comentario.


Saludos afectuosos;
Kepa Uriberri


Texto del artículo anterior, de 31/5/11, de Javier Villanueva:

En 1972 aparece en Chile "Para leer al Pato Donald" de Armand Mattelart y Ariel Dorfman, un estudio crítico sobre la historieta de Disney en el que analizan las tiras cómicas del Pato Donald. Este trabajo, fundacional en cierto modo de los estudios de las ciencias de comunicación en América Latina, se debe encuadrar en el contexto de su publicación: el Chile pro socialista del gobierno de Allende.

Dorfman y Mattelard creían en la función científica en las ciencias sociales, siempre que estuviera ligada a la acción política. Es por eso que el discurso científico a veces parece transparecer otro, más "de asamblea", o "de barricada". Aún así, es un libro clave de la literatura política de los '70. Un ensayo, a partir de un análisis marxista, cuyo objetivo es demostrar que las historietas de Disney son un vehículo sutil -y a veces no tanto-para la penetración de una cultura de imperio en los países subdesarrollados.
En los diarios principales de todos los países, se lo trató en las secciones de política. “El Pato Donald contra Allende”, tituló el diario de mayor tiraje en Francia, France Soir, mientras que El Mercurio, el diario de derecha chileno, no mostró ningún humor al tratar del tema, y la Associated Press difundió un cable alarmista entre sus abonados. La indignada reacción de la derecha decía que las publicaciones de Disney son universalmente aceptadas como entretenimiento, un valor lúdico que responde a pautas permanentes de la ´"naturaleza humana", que está por encima de las contradicciones sociales. Para El Mercurio, el Pato Donald es inatacable como modelo de "sano esparcimiento para los niños"

Sacando ciertas deficiencias de análisis, el libro hace señalamientos correctos sobre la ideología de los cómics: como por ejemplo, en el mundo de los patos las relaciones son meramente monetarias, y la recompensa a una "buena acción" es siempre un premio económico. Del mismo modo, la peor tragedia para los patos es perder dinero o una posible ganancia material.
Por otro lado, las historias demuestran la manifiesta inferioridad de los pueblos primitivos, invariablemente algún lugar de Latinoamérica, Asia o África. El tercer mundo aparece como un juguete para los personajes de Disney que, aburridos de la rutina, emprenden aventuras donde siempre hallan grandes tesoros sin dueño de los que apoderarse, sin que esto constituya un robo, por supuesto.
Además, hay un claro "desabastecimiento" de progenitores: en las historias nunca hay padres ni madres, sólo tíos, abuelos, primos y toda clase de parientes, al antojo del escritor. Esta falta de padres hace que, en el caso de Donald y sus sobrinos, la autoridad ejercida por el tío sea arbitraria y surgida de una especie de contrato.

Estos y otros apuntamientos se señalan en las historietas, aunque resulta poco probable que el objetivo de estos cómics sea inducir subliminalmente el espíritu capitalista en los lectores de nuestros subdesarrollados países. Más probablemente estos mensajes sean un simple producto de la ideología de los autores, parte de la sociedad estodounidense, donde estos valores son los más aceptados.
"Para leer al Pato Donald" es, a pesar de lo que podamos criticarle hoy, un libro que se lee en las carreras universitarias de Comunicación, Periodismo, y afines. Junto a "Superman y sus amigos del alma" es uno de los libros básicos de la literatura de análisis político. Siguen algunas de las citas más interesantes.

“Mientras su cara risueña deambule inocentemente por las calles de nuestro país, mientras Donald sea poder y representación colectiva, el imperialismo y la burguesía podrán dormir tranquilos.”

“Siempre se lo ha rechazado (a Disney) como propagandista del “american way of life” (…). La amenaza no es por ser portavoz del modo de vida del norteamericano, sino porque representa el american dream of life, el modo en que los EE. UU. se sueña a sí mismo, se redime, el modo en que la metrópoli nos exige que nos representemos nuestra propia realidad, para su propia salvación."

“Las ideas de Disney resultan así PRODUCCIONES bien materiales de una sociedad que ha alcanzado un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas. Es una superestructura de valores, ideas y juicios."

“Lo imaginario infantil recubre todo el cosmos-Disney con baños de inocencia, permitiendo por medio de la entretención que se desarrolle la utopía política de una clase. Pero, por otra parte, el rincón donde (…) se identifica la inocencia es aquel sector que corresponde en la vida histórica a los pueblos marginales.”

“Disneylandia es el conquistador que se purifica y justifica la reiteración de su conquista pasada y futura”

“Este defasaje, entre la base económico-social en que vive cada individuo y el estado de las representaciones colectivas, es precisamente la que asegura la eficacia de Disney y su poder de penetración en la mentalidad comunitaria, en los países dependientes.”


Dorfman, A. y Mattelart, A., “Para leer al Pato Donald” (comunicación de masa y colonialismo), Buenos Aires, Siglo XXI, 1972.






Más sobre Dorfman
Aunque nació en Buenos Aires en 1942, Dorfman pasó parte de su infancia en Estados Unidos, y en Chile desde 1954. En 1967 optó por la nacionalidad chilena. Fue colaborador de Salvador Allende; tras el golpe de 1973 fue al exilio. Desde 1985 es profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Duke, Estados Unidos.

Cuando Dorfman presentó en Buenos Aires su novela Americanos, los pasos de Murieta, la Revista Ñ de Clarín lo entrevistó sobre la obra, que cuenta la figura legendaria de Joaquín Murieta, un personaje de California durante la Fiebre del Oro, en 1850, y recorre más de cien años de historia de América del Norte y del Sur, las luchas de la independencia y la pérdida de California.  Ñ le preguntó cómo cambió su visión de la cultura desde que lanzó "Para leer al Pato Donald", y Dorfman contestó: "Ese libro fue escrito en un momento de lucha social en Chile y dentro de una revolución que intentó cambiar todo. Se escribió en diez días, en el calor de la lucha por la supervivencia. Y yo diría que si uno mira la obra del Pato Donald, no como problema ideológico sino como forma de escritura, es una apropiación latinoamericana de un mito norteamericano"

segunda-feira, 30 de maio de 2011

La guerra del Contestado








Las luchas por la tierra


Vi la película "La Misión", con Robert de Niro, otra vez. Y me puse a pensar en cómo los intereses económicos mezquinos de unos pocos siempre determinaron las guerras y los dolores de muchos, los más pobres e indefensos. Y en este rincón del planeta al que ahora se llama Mercosul, las pujas comerciales a veces llevan a pequeñas venganzas aduaneras, como la actual de Brasil contra Argentina. Pero en otras ocasiones son invasiones armadas, como las muchas al Uruguay por las tropas del Imperio luso-brasileño, o al Paraguay por Argentina y Brasil.

En "La Misión" se pinta el aplastamiento de las misiones jesuitas por parte de los portugueses, con el pleno consentimiento de España, que quería dejar libres a los traficantes de esclavos para que siguiesen cazando y capturando indios guaraníes sin que la Compañía de Jesús los molestase. Destruyeron una civilización comunitaria avanzada, y empezaron el aniquilamiento de un pueblo que hoy se confunde en las favelas de São Paulo y en las barriadas pobres de Curitiba y Asunción.

República Velha y nuevas agresiones a la población

No muy lejos de ésos mismos territorios que enmarcan las atrocidades de los portugueses contra la nación guaraní de las Misiones, ocurrió una rebelión campesina, la más importante durante la República Velha. Fue en el Contestado, en el extremo sur de Brasil, cercano a la actual frontera argentina, entre 1912 y 1915, en un período en que también se exacerbaron las pujas comerciales entre los vecinos del Río de la Plata y Brasil.

En el Contestado, la lucha por la tierra movilizó a unos 50.000 campesinos. Igual que había sucedido en Canudos, el levantamiento de los trabajadores rurales del Contestado mezclaba las reivindicaciones sociales con el fanatismo religioso, aunque era un movimiento mucho más generalizado que aquel otro, ya que los campesinos llegaron a controlar una amplia zona de miles de kilómetros cuadrados y amenazaron incluso con invadir la capital, Río de Janeiro.

El problema empezó con el traslado hacia los estados del sur de miles de campesinos y otros trabajadores, atraídos por las oportunidades ofrecidas por la expansión de la yerba mate y la construcción de la ferrovía de Sao Paulo a Río Grande do Sul. La valoración de la tierra hizo que los “coroneles” y las compañías colonizadoras de la región empezaran a expulsar a los campesinos de sus tierras y de las que habían ocupado. Los desalojos crecieron por el Contestado porque no había jurisdicción estatal definida, una vez que se trataba de una zona fronteriza disputada por Santa Catarina y Paraná.

Miserables y desesperados, deseosos de tierra y hambrientos, los campesinos y obreros desocupados hallaron consuelo en las prédicas religiosas –sincretismos de catolicismo y creencias sertanejas- que desde 1882 hacía el anciano curandero llamado João Maria, el monje. Su trabajo desinteresado lo convirtió en un mito ante los infelices campesinos, por lo que al morir se difundió la leyenda de su resurrección.

Hacia 1911 apareció por el sertão sureño otro personaje que se suponía ser hermano del desaparecido João María, que heredó su fama y sus métodos, creándose reputación de Santo. El nuevo monje recorrió Paraná y Santa Catarina, prometiendo a sus seguidores bienes materiales y salvación eterna. El bíblico reino milenario se preparaba en campamentos o villas santas, para esperar pacientemente el regreso al trono del rey portugués Sebastião.

En 1912 el centro de la acción de João María era Curitibanos, en Santa Catarina. Asustado por la cantidad de seguidores que llegaban al territorio, el intendente municipal le solicitó tropas al gobierno del estado, que expulsaron a los fieles de João María hasta Campo de Iraní, en Paraná. Para arrancarlos de este sitio las tropas movilizaron unos 500 hombres, que nada pudieron contra la tenaz resistencia de miles de sertanejos que se negaban a ser desalojados nuevamente.

Temiendo que se repitieran los trágicos sucesos de Canudos, el gobierno federal no dudó en descargar toda su fuerza sobre las villas santas del Contestado, que por entonces tenían su sede en Taquaraçu, ahora bajo la dirección de un tercer João María, Euzebio Ferreira dos Santos, que juraba recibir revelaciones de Dios. El ataque de los efectivos del gobierno obligó a que los sertanejos huyeran, en diciembre de 1913, más al interior y establecieran la villa santa en Caragoatá. Una acción del ejército, el 9 de mayo de 1914, los expulsó hasta Tamanduá.

Para aplastar al campesinado del Contestado, el gobierno de Rodríguez da Fonseca envió entonces al general Frederico de Mesquita –distinguido en el exterminio de Canudos- con 1.500 soldados. Pero fracasó, lo que hizo que fuera enviado el tenebroso general Setembrino de Carvalho con 6.000 hombres. El gigantesco despliegue militar, incluyendo aviones, que se usaban en Brasil por la primera vez para apoyar operativos terrestres, permitió a las tropas quebrar las defensas del Contestado –encabezadas por Aleixo Goncalves y Antonio Tavares- entre fines de 1914 y 1915.

sexta-feira, 27 de maio de 2011

Seamos realistas, pidamos lo imposible!

El Roto

Y si a los jóvenes los mandaron a la calle, allá ellos fueron, y llenaron las plazas públicas. Igual que en el Cordobazo argentino de 1969, y en la Paris de 1968, la calle y los jóvenes les ponen a los conservadores las barbas en remojo.

quinta-feira, 26 de maio de 2011

El Zorro existió, sí señor!

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El Zorro existió, sí señor!

Hay quien nos diga que el Zorro es nada más que un mero personaje de ficción, creado por mérito de la imaginación del escritor Johnston McCulley. El héroe vivió en la antigua Los Angeles, cuando la ciudad era apenas una pequeña villa de la Alta California y parte del Méjico colonial, todavía bajo el férreo dominio de la corona española.

El Zorro era un combatiente enfrentado al crimen que, cuando no estaba luchando contra la injusticia era simplemente Don Diego de la Vega, un joven noble, hijo de un hacendado español. Considerado uno de los primeros héroes de ficción de la cultura moderna, el Zorro surgió por primera vez en un cuento de "La Maldición de Capistrano", publicado en 1919 en las historietas de la All-Story Weekly. El cuento fue traducido a 26 idiomas y leído en todo el mundo.
Pero...¿existió de verdad el Zorro? En realidad, el personaje es muy semejante a algunos villanos verdaderos de la historia de California. Algunos lo asocian a Joaquín Murieta, cuya vida se convirtió en novela en un libro de John Rollin Ridge (1854), y en la película La Máscara del Zorro (1998), en la que el hermano de Murieta reemplaza a Don Diego de la Vega en el rol del Zorro. Otras inspiraciones posibles del autor del Zorro sería el propio Robin Hood, o tal vez los bandidos californianos Tiburcio Vasquez y Salommón Pico, o el indio Yokuts Stanislaus de California, que lideró una rebelión contra la Misión de San José en 1827. O quizás William Lamport, un soldado irlandés que vivió en Méjico, en el siglo XVII. La vida de Lamport fue reescrita en forma de novela por Vicente Riva Palacio. Otra fuente de inspiración puede haber sido la novela de Pimpinela Escarlata de 1905, que tiene grandes semejanzas con la historia de McCulley.

Pero es más probable que el autor también recibiera una fuerte inspiración de la historia de Manuel Rodríguez, un activo guerrillero durante la independencia de Chile, cuya figura mítica tiene algunas semejanzas con la personalidad del Zorro.

Muchas son las peripecias que la sabiduría popular convierte en verdaderas leyendas en las que el guerrillero Manuel Rodriguez es el protagonista. Se cuenta que, durante las guerras argentinas y chilenas de la independencia, y siendo perseguido por las tropas realistas, se refugió Rodríguez en un convento de los frailes dominicos y, disfrazado de monje, llevó a sus perseguidores por todas las dependencias del lugar.

También dicen que en una oportunidad, fingiendo ser un mendigo, llegó a abrir la puerta de la carroza que transportaba al mismísimo gobernador Marcó del Pont, quien en agradecimiento por aquel gesto habría llegado a darle una buena propina.

En otro hecho audaz, encontrándose en medio del campo, habría simulado ser un campesino que estaba castigado en el cepo por embriaguez, de modo de despistar, una vez más a los que lo perseguían.
En enero de 1817, estando ya próxima la llegada del ejército libertador de San Martín, asaltó Rodríguez el pueblo de Melipilla y luego volvió a repetir esta misma acción en San Fernando.

terça-feira, 24 de maio de 2011

O avô Victoriano e Garibaldi



San Pablo, Brasil, 3 de setembro de 1979. “Victoriano lembra que no nascimento do século XX, milhares de imigrantes seguiam chegando à Argentina: ––Mais de 125 mil italianos chegaram no mesmo ano da inauguração do monumento a Garibaldi. Também começaram a construir por aquele tempo o terminal de trens do Retiro, um verdadeiro modelo da arquitetura moderna–– diz o velho.”

Córdoba, 23 de abril de 2006, cinco da tarde.
Olho o cartão postal que o avô Victoriano lhe mandou a Eufemia; igual que o recorte da revista Billiken, está colado com goma arábiga, do tipo amarelado ámbar, que o meu velho usava no escritório da empresa em que trabalhava, a Águila-Saint; chama a atenção, olhando os detalhes do cartão, a rede tranviária que entrecruza as guias e forma uma graciosa teia de aranha entre os paralelepípedos de granito da Praça do monumento a Garibaldi. Em primeiro plano dá para ver um carro da Companhia de Bondes Elétricos de Buenos Aires e Belgrano. No fundo, da praça, emoldurada por grandes portões de ferro forjado que na época cercavam a futura Praça Itália, passa um tramway. Volto ao manuscrito:

" ––Você vê o bonde carregando um reboque que transporta trabalhadores de uma empresa?. Consegue ver a estátua? Garibaldi foi um italiano famoso, nascido na França, numa cidade disputada pelos franceses–– Victoriano me diz. ––Grande parte da sua vida aventureira ele passou entre o Brasil, Uruguai e Argentina. O herói da soberania e da unificação da Itália era reverenciado não só pelos seus conterrâneos, mas também pelos habitantes do Rio da Prata e do Brasil–– dobra o jornal La Unión, guarda no bolso do casaco de flanela, tira os óculos e limpa os cristais lentamente. ––Sim, mas mais tarde foi muito criticado pelos historiadores revisionistas que pintaram suas ações como as de um personagem controverso, e por vezes mesmo como se se tratasse de um mercenário, ou incluso até de um pirata–– penso com os meus botões, sem me atrever a comentar nada, porque o velho é meio cego na sua admiração pelo Italiano.

––Alguns dizem que foi um corsário, oportunista e inescrupuloso–– Ouço surpreso o comentário de Victoriano, lançado entre mate e mate, um pouco ironicamente, e me sobressalto pensando se o velho não estaria lendo meus pensamentos. Acende o cigarro de palha, e eu vejo por debaixo do chapeu de aba inclinada os olhos maliciosos, azuis, do velho que volta ao tema acrescentando: ––Bem, o fato é que, embora já para o final do século XIX era indiscutível que Garibaldi virara um herói, ele voltou com a sua esposa brasileira Anita para a Itália, cheio de nostalgia e de vontade de lucha para libertar e unir sua pátria. Sua vida era o seu lema: "Toda injustiça me move a ação"–– disse meu avô com sua voz de trovão, ecoando as palavras do italiano, e se levanta do banco de couro trançado para oferecer o lugar a Eufemia que chega devagarinho e nos cumprimenta com um sorriso lindo, inesquecível".

Leia mais em "De Utopías e Amores, de Heróis e Demonios da Pátria" J.V. 2006

domingo, 22 de maio de 2011

Motín en Catamarca. La muerte en un tiro de dados



Catamarca y la Guerra del Paraguay


El gobernador de Catamarca, don Victor Maubecín, tomó con gran entusiasmo la tarea de formar un contingente de la provincia que contribuiría con tropas argentinas para la guerra contra el Paraguay. Guerra más que impopular la de la "Triple Alianza": gran parte del pueblo se sublevó ante la recluta exigida por el gobierno nacional. Los paisanos de las provincias sospechaban que en ese conflicto no habían motivos para pelear contra un pueblo, como el guaraní, por el que sentían más simpatía que rencor.



En Entre Ríos, los gauchos de Urquiza desertaron en masa. En La Rioja, el contingente de 350 hombres que la provincia reclutó venía de entre la gente del más bajo escalón social. Según el juez Filemón Posse, los procedimientos compulsivos que había utilizado el gobierno de Catamarca eran extremos: “ponían guardias hasta en las puertas de los templos para tomar a los hombres que iban a misa, sin averiguar si estaban eximidos por la ley”.



La forma de reclutar, y el duro trato al que sometieron a los “voluntarios” durante los tres meses que duró la instrucción militar, causaron varias sublevaciones. La desnudez de la tropa movía la compasión del vecindario cuando salía a la plaza para la instrucción. “Más parecen mendigos que soldados que van a combatir por el honor del pueblo argentino”, llegando al punto de suscitar la donación por la Sociedad San Vicente de Paul de ropa y comida. El juez acusaba también al gobernador Maubecín de una interpretación equivocada del estado de sitio, cuando le exigía al vecindario contribuciones forzosas para costear los gastos de la movilización.



La situación todavía era agravada por el trato duro e inhumano que les daban a los reclutas. Uno de los oficiales instructores, ordenó cierta vez por su propia cuenta, aplicarles azotes a varios soldados, siendo que la Constitución Nacional de 1883 prohibía expresamente el castigo corporal. Esto motivó un proceso criminal en contra del oficial, cuando las víctimas denunciaron el vejamen ante un Juez Federal, que condenó al culpable a la inhabilitación por diez años para cargo público, y a pagar las costas del juicio. La sentencia disgustó al gobernador Maubecín, quien negó el derecho del juez de intervenir en los castigos en el cuartel “a consecuencia de una sublevación”. El gobernador calificaba de “extraña” la intervención del juez y afirmaba que era “una forma de apoyo a los opositores sublevados”.

Los “voluntarios” se sublevan





A fines de octubre de 1865 faltaba poco para la partida hacia Rosario del batallón “Libertad”, pero un incidente conmovió a la población. La tropa de “voluntarios”, cansada de los castigos, se amotinó con la intención de desertar. Sin duda debe haber influido el sentimiento de rebeldía contra la imposición de abandonar la tierra natal, que muchos no volverían a ver. Los principales de la revuelta fueron unos veinte reclutas, pero la tentativa fue sofocada con una enérgica intervención de los oficiales de la fuerza de custodia.

Inmediatamente, el Gobernador, jefe de las fuerzas movilizadas, formó consejo de guerra contra los amotinados. El fiscal sería aquel teniente procesado por el Juez Federal a raíz de los azotes impuestos a otros soldados.



El consejo de guerra produjo una sentencia severa y original en la jurisprudencia argentina: los acusados fueron declarados reos del delito de “amotinamiento y deserción”, y los tres cabecillas del motín, condenados a pena de muerte después de un sorteo previo. Sólo uno sería pasado por las armas, siendo los otros dos condenados a servir por cuatro años en las tropas de línea. Los otros 18 acusados recibieron condenas menores, de entre tres años de servicio militar y ser presos hasta la marcha del contingente.





La muerte en un tiro de dados



Maubecín, el mismo día 28 de octubre, puso su “cúmplase en todas sus partes”, fijando el día siguiente a las 8 de la mañana para la ejecución. Un acta en el Archivo Histórico de Catamarca cuenta las circunstancias que rodearon el hecho.



A las 8 en punto llegaron a la prisión el fiscal, un escribano y testigos. El primero ordenó que los reos Juan M. Lazarte, Pedro Arcadé y Javier Carrizo se arrodillasen para escuchar la sentencia. Enseguida les comunicó que “iban a sortear la vida” y, para tan espeluznante objetivo, les mandó que arreglaran entre ellos el orden del sorteo y si la ejecución sería para el que sacara más o menos puntos. Quedó arreglado que sería Javier Carrizo el primero de tirar los dados, y que la pena de muerte sería para quien menos puntos sacara.



Enseguida les vendaron los ojos a los condenados y trajeron una “caja de guerra bien templada”, para servir de tapete. Javier Carrizo recibió un par de dados y un vaso. Imaginemos la dramática expectativa y el tenso silencio. La muerte rondaba sobre la cabeza de los tres hombres. Javier Carrizo puso los dados en el vaso y los lanzó sobre el parche… ¡Cuatro!. Ahora le tocaba a Lazarte repetir el movimiento de su compañero. Tiró…¡Siete!. Las miradas se congelaron en las manos del tercero.



Pedro Arcadé puso los dados en vaso, lo agitó y tiró…¡Cinco!. La suerte lo marcaba a Javier Carrizo con su signo trágico.



El acta cuenta que llamaron a un cura para que el condenado se preparara cristianamente el alma. Después de haber sido desahuciado por los hombres, a Carrizo sólo le quedaba el consuelo de la fe. El pueblo catamarqueño, tantas veces sacudido por la crueldad de las guerras civiles, nunca había sido testigo de un fusilamiento tan insólito.



La muerte de Javier Carrizo cumplió el propósito de escarmiento: no hubo después ninguna sublevación del batallón de “voluntarios” Libertad. Conducido por el propio Maubecín, hasta Rosario, llegó a destino y sus hombres pelearon en el frente paraguayo dando pruebas de inútil heroísmo. De los 350 soldados que salieron del Valle, en noviembre de 1865, solo regresaon 115 después de 5 años. Los otros murieron en los fangales de Paso de la Patria, Tuyutí, Curupaytí, en los esteros paraguayos.

Fonte: Armando Raúl Bazán – La Pena de Muerte por Sorteo en Catamarca. Todo es Historia , Año 1, Nº 1, Mayo de 1967. Turone, Gabriel O. – Reclutamiento en Catamarca (2007).
Leia mais em: "De Utopías y Amores, de Héroes y Demonios de la Patria" (J.V, 2006)



Crónicas de un verano en Catamarca

Y, para que no se diga que acá solo se habla de historia, o de la gran literatura apenas, vamos a unas crónicas familiares que siempre resultan divertidas:




Revisando los cuadernos Laprida en los que escribía mi diario secreto, unos 40 o 50 años atrás, encontré estas líneas, que me parecieron graciosas:


"Ayer hubo un festejo muy original en la finca de mi tío Negro, que es el único pelado de todos los hermanos Unzaga.

En cuanto empezaron a llegar al sitio los invitados, el tío Negro se presentó disfrazado de cachorro de jaguar. También había dos osos, un cacique sioux, y hasta un ratón Pérez, aquél que lleva unas moneditas a los niños que pierden sus dientes. 

No faltó un pirata con sus pendientes redondos en la oreja izquierda. Y hasta había una chica disfrazada de muñeca de trapo con sus largos rulos rubios y ojos enormes, con unas lentillas muy verdes. 

Eduardo, el hijo menor del tío Negro, se había vestido de chimpancé, y no dejó de dar unos brincos espectaculares, ni siquiera por un rato. Al final, bailamos hasta la madrugada".

Javier Villanueva, Crónicas de un verano en Catamarca. 
http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com.br/2011/05/motin-en-catamarca-la-muerte-en-un-tiro.html 

quinta-feira, 19 de maio de 2011

MARCHA CONTINENTAL INDÍGENA

Los pueblos indígenas de 12 países han convocado a una marcha continental el 21 de junio del 2011 en defensa de la vida y el ejercicio pleno de sus derechos ante el impacto de la minería, según una declaración difundida hoy en Lima.

Alrededor de un centenar de líderes indígenas de Bolivia, Canadá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú y Sudáfrica acordaron además constituir una plataforma continental de lucha frente a las políticas extractivas, a las cuales se oponen por causar contaminación en el territorio que ocupan. La declaración final del Foro de los Pueblos Indígenas "Minería, Cambio Climático y Buen Vivir", celebrado del 18 al 20 de noviembre en Lima pero que solo hoy hizo pública su declaración, reiteró su negativa tajante contra la minería trasnacional y exigió la inmediata derogatoria de los títulos y concesiones mineros "inconsultos". Agregó que los pueblos indígenas son "los dueños legítimos desde los tiempos ancestrales del suelo, subsuelo y recursos naturales que albergan nuestros territorios".
En ese sentido, exigen a los organismos de las Naciones Unidas que los bienes naturales sean declarados patrimonio de los pueblos indígenas que los albergan. Asimismo, manifestaron que su plataforma de lucha debe conducir "a la aprobación de leyes para determinar las zonas prohibidas para la minería en nuestros territorios, como lo han logrado con su lucha los pueblos de Costa Rica".
En otros temas, los pueblos indígenas exigieron que los países responsables históricamente del cambio climático paguen la deuda climática y se comprometieron a crear el Tribunal Internacional de Justicia Climática. El foro indígena se realizó en el Museo de la Nación de Lima con el objetivo de consensuar una postura de las naciones nativas con miras a la convención sobre el cambio climático anunciada para fines de este mes en Cancún (México).

Foro de los Pueblos Indígenas Minería, Cambio Climático y Buen Vivir, Museo de la Nación, Lima, 18 al 20 de noviembre de 2010.
(Fuente: restodelmundocontaminado.blogspot.com)

terça-feira, 17 de maio de 2011

Existiu um Zorro de verdade?

Falando sobre aventureiros, heróis e vilões, uns mais parecidos com demônios ambiciosos, outros com homens de carne e osso, alguem me perguntou: será que houve um Zorro de verdade?

Tem quem diga que o Zorro é nada mais que uma ficção, criada pela imaginação do escritor Johnston McCulley. Esse herói viveu no antigo Los Angeles, quando a cidade era apenas um vilarejo da Alta Califórnia e parte do México colonial, ainda sob o domínio da coroa espanhola. O Zorro -a raposa- era um combatente contra o crime que, quando não estava lutando contra a injustiça era simplesmente Don Diego de la Vega, um jovem nobre, filho de um fazendeiro espanhol. Considerado um dos primeiros heróis de ficção da cultura moderna, Zorro aparece pela primeira vez num conto de "A Maldição de Capistrano", publicado em 1919 nas histórias em quadrinhos da All-Story Weekly. O conto foi traduzido para 26 idiomas e lido em todo o mundo.

Mas, existiu o Zorro? Na verdade, o personagem é muito semelhante a alguns vilões verdadeiros da história da Califórnia. Alguns o associam com Joaquin Murieta, cuja vida foi romanceada em um livro de John Rollin Ridge (1854), e no filme A Máscara do Zorro (1998), onde o irmão de Murieta substitui Don Diego de la Vega no papel de Zorro. Outras inspirações possíveis do autor do Zorro seria o próprio Robin Hood, ou os bandidos californianos Tiburcio Vasquez e Salomão Pico, ou o índio Yokuts Stanislaus da Califórnia, que liderou uma revolta contra a Missão de San Jose em 1827. Ou ainda William Lamport, um soldado irlandês que viveu no México, no século XVII. A vida de Lamport foi romanceada por Vicente Riva Palacio. Outra fonte de inspiração pode ter sido o romance de Pimpinela Escarlate (1905), que possui muitas semelhanças com a história de McCulley.

Mais o mais provável é que o autor também tenha recebido uma forte inspiração da história de Manuel Rodrigues, que realizou uma intensa atividade como guerrilheiro durante a independência do Chile, e cuja figura mítica tem algumas semelhanças com a personalidade do Zorro.

Entre tantas figuras lendárias da luta pela Independência, uma das que mais ficou enraizada na alma popular chilena e latino-americana é a de Manuel Rodríguez Erdoíza. Suas aventuras em luta contra às forças realistas espanholas, que permitiram que a campanha de San Martín que partiu de Mendoza tivesse sucesso, tem criado uma auréola de mistério que, até hoje, é tema de lembranças e de inspiração para escritores e poetas chilenos, como nas letras de Pablo Neruda.

Quem foi este singular patriota a quem a história e a lenda ainda lembram no Chile?

Señora dicen que donde,
mi madre dicen, dijeron,
el agua y el viento dicen
que vieron al guerrillero.
Señora dicen que donde,
mi madre dicen, dijeron,
el agua y el viento dicen
que vieron al guerrillero.
Puede ser un obispo
puede y no puede
puede ser sólo el viento
sobre la nieve
sobre la nieve, sí,
madre no mires,
que viene galopando
Manuel Rodríguez.
Ya viene el guerrillero
por el estero.

Pablo Neruda. Poema: Manuel Rodríguez. Edición: Canto general. México, Talleres Gráficos de la Nación, 1950

sexta-feira, 13 de maio de 2011

La Guerra del Salitre

Denominada "Guerra del Pacífico" por la historiografía oficial, el conflicto bélico desangró a Chile, Bolivia y Perú de 1879 a 1883. La verdadera causa de la guerra fue el salitre. El Pacífico, ya lo sabemos, es el océano más grande del planeta, con 180 millones de kilómetros cuadrados que mojan las playas de América, Asia y Australia. Pero la guerra que relato ahora ocurrió sólo en un rinconcito de esa inmensidad, y hubo apenas dos batallas navales, en Iquique, el 21 de mayo de 1879, y en Punta de Angamos, el 8 de octubre. Ambas duraron pocas horas. Después, la flota chilena navegó el océano sólo transportando tropas. Entre fines de octubre y noviembre de 1879 llevó 9.500 soldados desde Antofagasta a Pisagua; en marzo de 1880, otros 13 mil hombres de Iquique a la caleta de Ilo; en enero de 1881, a 25 mil soldados de Arica a Pisco. El escenario naval de la guerra de Antofagasta a Pisco, abarcó apenas unos 2.000 kilómetros. El nombre más apropiado, por lo tanto, es "Guerra del Salitre".
Durante años el desierto de Atacama -sur de Bolivia y norte de Chile- fue descuidado por ambos países, hasta que descubrieron que habían allí grandes yacimientos de salitre de gran demanda en Europa. Los tratados sobre fronteras, de 1874, ratificaban el paralelo 24, latitud sur como límite entre los dos países. Además, Bolivia se había comprometido a no aumentar durante 25 años los impuestos que pagaban las industrias chilenas radicadas en su territorio.En Antofagasta, perteneciente hasta entonces a Bolivia, se instaló la Compañía de Salitre de Antofagasta, de capital chileno que en 1872 empezó las exportaciones del “oro blanco” a Europa. Más al norte, Perú lanzó en 1875 una ley de expropiación de las salitreras de Tarapacá, pagando a sus antiguos propietarios con certificados. En 1879 el presidente boliviano Tomás Frías fue derrocado por un golpe encabezado por el general Daza, que decretó un nuevo impuesto de 10 centavos por quintal de salitre exportado. La Compañía de Salitre de Antofagasta se negó a pagarlo. Entonces Daza ordenó el remate de la empresa chilena.
El gobierno de Chile salió en defensa de sus capitalistas nacionales. Rompió con Bolivia y el día en que ocurriría el remate, mandó 200 hombres, comandados por el coronel Emilio Sotomayor, que ocuparon Antofagasta, impidiendo la subasta. El 1º de marzo, Bolivia le declaró la guerra a Chile. Igual hizo Perú, que en 1873 había firmado un pacto de mutua defensa con Bolivia. El 5 de abril, Chile declaró la guerra a los aliados, y a finales de 1879 Tarapacá fue tomada por tropas chilenas.

Pero otra guerra secreta y sucia ocurría en la región. Sus actores era dos ingleses que en vez de fusiles usaban la especulación y una tremenda falta de escrúpulos. Robert Harvey había llegado a Tarapacá en 1874. Antes de la ocupación de la provincia por los chilenos, el gobierno peruano lo había nombrado Inspector General de Salitreras. En 1880 el gobierno de Chile lo confirmó en el cargo, dándole amplias atribuciones. Recibía sueldo de los dos países y a ambos les pasaba informes falsos.El otro inglés, John Thomas North, llegó a Chile en 1866 con 10 libras esterlinas en la cartera. Fue mecánico en la ferrovía de Caldera y se mudó a Tarapacá para asociarse a Harvey. Aprovechándose de la caótica situación creada por la guerra y con malas artes y engaños se apropiaron de certificados emitidos por el gobierno peruano al expropiar las salitreras a un 11% de su valor nominal. Hicieron esta inversión beneficiados por los generosos préstamos que les ofreció la banca chilena de Edwards y Valparaíso.La guerra continuaba todavía, cuando el gobierno chileno de Federico Santa María liberó, en marzo de 1882, los títulos de propiedad definitiva a quién tuviese un certificado salitrero. Así fueron donadas a los particulares más de 80 oficinas. Otras 71 quedaron en manos del Estado chileno. Los poseedores de certificados, como Thomas North, Robert Harvey, la Casa Gibbs y otros capitalistas ingleses, se convirtieron en propietarios de las más ricas salitreras, controlando la industria del nitrato y haciendo del norte chileno una enorme factoría británica.
John Thomas North se volvió el “rey del salitre”, uno de los hombres más ricos del mundo, dueño de numerosas salitreras, de los trenes y de muchas otras empresas; monopolizó el agua potable y el comercio en la pampa, desde la harina y carbón hasta los comestibles. Fundó el Bank of Tarapacá and London Ltda. Tuvo a su servicio jueces y políticos liberales, conservadores y radicales, con grandes inversiones también en Europa, Egipto, Australia y Brasil.Huamachuco sufrió en julio de 1883 el último combate de una guerra en la que murieron 23 mil soldados bolivianos, chilenos y peruanos. Chile tomó el territorio de dos provincias bolivianas, Tarapacá y Antofagasta, pero el salitre, que fue el motivo central del conflicto, pasó en su mayor parte a manos de capitalistas ingleses.

quarta-feira, 11 de maio de 2011

Outra vez sobre "O sonho do celta" e Joseph Conrad

 Roger Casement under arrest.jpg, 23 KB

Nesses dias passados insisti em ler e reler o livro de Conrad sobre os horrores da colonização do Congo, "O Coração das Trevas" (1902), que deu origem ao último romance do Prêmio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa em 2010, "O sonho do celta".

O autor peruano encara as contradições insondáveis do mal através do relato da aventura extrema e vital de Roger Casement na África e depois na Amazônia. Ler o livro de Adam Hochschild sobre a colonização do Estado Livre do Congo pelo rei Leopoldo II da Bélgica, o levaram a afirmar que Roger Casement "merece a honra de um grande romance" por ser dos primeiros a denunciar o horror da conquista e acima de tudo, pela sua crença de que a dialética entre civilização e barbárie sempre revela a relação entre ambos.

Quando Conrad conheceu esses horrores todos, ainda era o jovem capitão Konrad Korzeniovski, polonês naturalizado inglês, e essa história mudou sua vida pelo avesso. O mesmo aconteceu com o seu personagem Charlie Marlow, que no romance fala compulsivamente -tanto ao seu interlocutor como a seus leitores e à namorada de Kurtz, no final- sobre seu encontro com o colono louco e "o coração das trevas triunfantes" . Quando escreve o seu romance, Vargas Llosa já é um escritor septuagenário, conhecido internacionalmente, e que recebeu o Prêmio Nobel em vésperas de publicar o seu testemunho sobre os acontecimentos do Congo, contados com a mesma paixão e devoção, e com a mesma perplexidade inquieta e profunda com que o Conrad jovem fez o "Coração das Trevas".

Mas, finalmente, as centenas de páginas de Conrad que Borges descreveu como "talvez a mais forte das histórias que a imaginação humana tem feito", e as quase cinco centenas do novo romance de Vargas Llosa se juntaram para ocupar um lugar de exceção no mundo da literatura. Do romance curto e intenso, de 1902, ao muito longo de 2010 se manteve uma imagem poderosa que estrutura ambos textos: a história mais precisa e veraz de alguns eventos históricos só pode vir de uma recapitulação dentro da consciência do irremediável, e do remorso pessoal do protagonista. E esta é, no nosso caso, a dupla função dos cenários, também duplos, em que atua "O Sonho do Celta". Por um lado, há capítulos em que o narrador mescla os dados da história, e com uma vertiginos reconstrução das aventuras do cônsul Roger Casement em três momentos da sua vida: o Congo, onde conheceu o horror da colonização, as peregrinações nas quais, já famoso por suas denúncias e sendo oficial comissionado do Reino Unido, levaram-o a informar ao mundo sobre fazendas de exploração da borracha na Amazônia peruana. As mesmas que, finalmente, produzem a sua volta à Irlanda natal, convertido já em um fervoroso nacionalista e instigador da intervenção alemã na revolta da Páscoa de 1916, o que acabou custando-lhe a vida na forca.
Mas os capítulos mais intensos são, sem dúvida, os ímpares, desde o que dá arranque ao romance; são aqueles que se esticam até o esgotamento físico no tempo de permanência de Casement no corredor da morte, preso en Pentonville, sem outro subsídio que uma refeição miserável, a leitura de Kempis, alguma ou outra visita mais preocupante do que reconfortante, e os diálogos com um xerife brutal, que no entanto, sofre e tem sofrido muito, e que revela muito mais da taciturna condição humana do que o seu próprio prisioneiro.

Casement e seu autor remetem o leitor a considerar a fragilidade essencial dos seres humanos. Em um dos momentos mais precisos do livro, Casement nos diz que "mais uma vez disse que sua vida tinha sido uma constante contradição, uma sucessão confussa e uma série de horríveis emaranhados onde a verdade das suas intenções e comportamentos ficava sempre, por obra do acaso ou por pura estupidez, obscurecida, distorcida, trastocada em uma mentira. "

"Nem sempre é ruim que exista uma atmosfera de incerteza em torno de Roger Casement como prova de que é impossível conhecer de modo definitivo a um ser humano" nos advertem no início do livro. Impossível, talvez, mas nunca é inútil tentar... Porque é justamente a ambigüidade e a fraqueza dos homens as que fazem virar erros os conceitos mais elevados da revolução, da libertação, da identidade ou o patriotismo, porque -segundo acha o nosso Casement- a política "traz o melhor dos seres humanos, mas também o pior: a crueldade, a inveja, o ressentimento e a arrogância".

segunda-feira, 9 de maio de 2011

Después de leer "El sueño del celta", releyendo a Joseph Conrad y su "Corazón de las tinieblas"




Joseph Conrad solía decir que había vivido tres vidas, una como polaco, otra como marinero, y su última etapa, como escritor. Nacido en 1857 en la actual Ucrania, en un territorio antes ocupado por Polonia, e hijo de un ardiente defensor de la independencia polaca, sus compatriotas lo criticaban por haber escrito solo en inglés y por no apoyar la causa nacional.


Es que en 1874 abandona su país rumbo a Francia y Martinica, como marinero, y cuatro años más tarde, con 21 años, se radica en Gran Bretaña. Allí aprende el idioma inglés como autodidacta y obtiene la ciudadanía.


Pero sigue en su segunda etapa, la de navegador; y va hacia el Río Congo, en el corazón de África. En 1889, después de casi 20 años en el mar, escribió "La locura de Almayer". Pero seguía indeciso entre la literatura y la aventura de ser marinero.
Lo que parecía sencillo, remontar el río del país africano -en aquel momento una simple propiedad privada del rey de Bélgica, el Congo- fueron cuatro meses de pesadilla, pero que lo inspiraron para su obra más célebre: "El corazón de las tinieblas"


En la obra, Conrad relata que más tarde, navegando en el Támesis, mientras cae el crepúsculo, Marlow cuenta su viaje a África, en busca de Kurtz, un agente comercial que envía a su compañía gran cantidad de marfil. El viaje de Marlow es una odisea: el barco en el que navega es viejo, el rio demasiado peligroso, siempre acechado por nativos que los atacan en los recodos, el calor insoportable. Pero Marlow avanza obsesionado por encontrar a Kurtz, del cual se va formando una imagen contradictoria y mitificada. Otros empleados le describen los rasgos del agente: tiene una voz profunda, una estatura elevada, ojos de mirada fulminante, mente lúcida y una voluntad indomable que le permite ser siempre el primero y juntar más marfil que todos los demás agentes juntos.
Por fin lo encontrará, enfermo en una choza cercada de cráneos humanos empalados, adorado por tribus a las que subyuga con el terror. 
El extraordinario personaje que Marlow ha ido modelando en su imaginación aparece ahora como un símbolo de la corrupción y la entrega a la barbarie, impulsado por una ambición sin límites de poder y de riquezas, enfrentado consigo mismo en la soledad y vencido por la fuerza de lo salvaje: "La selva había logrado poseerlo y se había vengado en él de la fantástica invasión de que había sido objeto. Me imagino que le habría susurrado cosas sobre él mismo que él no conocía, cosas de las que no tenía idea. Al quedarse sólo en la selva había mirado hacia su interior y había enloquecido. El  hechizo denso y mudo de la selva parecía atraerlo, despertando en él instintos olvidados y brutales, recuerdos de pasiones monstruosas".
Kurtz ha abdicado de su humanidad y se volvió un depredador que somete a castigos brutales a los nativos rebeldes: "no hay poder sobre la tierra que le impida matar a quien se le antoje". Su mundo sólo conoce ya "el horror" que son las palabras finales que pronuncia en su agonía. 
El universo de Kurtz es terrible y absurdo: indios y colonizadores pertenecen al caos, a una máquina desquiciada por la degradación. 
"Corazón en las tinieblas" es una novela puede leerse como un alegato contra la colonización del Congo, pero su reflexión moral va mas allá de ésa situación histórica concreta. Leerla después de haber leído "El sueño del celta" refuerza el optimismo al ver que de las peores circunstancias puede nacer la conciencia. Del horror de la explotación colonialista pueden surgir tantos Joseph Conrad y Roger Casement como sean necesarios para que la humanidad vea cómo está equivocada y cómo puede corregir sus errores y horrores.


Lea más en: http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com.br/search?q=conrad
Javier Villanueva, São Paulo, mayo de 2011 y junio de 2012.

domingo, 8 de maio de 2011

Joseph Conrad e sua obra "O Coração das Trevas"


Quando em 1902, Joseph Conrad publicou seu romance "O Coração das Trevas", poucos tinham conhecimento na Europa do que estava acontecendo nas entranhas do sistema colonial, incluindo o personagem do romance, o marinheiro Charlie Marlow, que narra a viagem que ele fez há muito tempo atrás pelo rio Congo buscando o Senhor Kurtz, o chefe de uma exploração de marfim situada no então chamado "Congo Belga", um território que naquele tempo era, literalmente, "uma fazenda de propriedade particular" do rei Leopoldo II da Bélgica, um reflexo fiel da realidade colonial da época.
Conta Conrad, como faria qualquer outra história de aventuras do tempo, uma viagem da metrópole britânica até terras inóspitas, com a subida do rio Congo, como acréscimo, num continente africano misterioso, cheio de lugares selvagens e inóspitos. É claro que a aventura era promissora e propunha a possibilidade de grandes fortunas. No entanto, o desenvolvimento de obra virará uma história comovente, que nos mostra a face mais desumana da era colonial, uma viagem que se torna uma descida ao inferno mais terrível em que a brutalidade dos colonos europeus com os nativos desumaniza completamente a ambos, mostrando o lado mais primitivo dos seres humanos, algo que está perfeitamente definido nas palavras conclusivas da personagem que procurava o protagonista do romance, o Sr. Kurtz: "O horror! O horror! ".

sexta-feira, 6 de maio de 2011

Deixando Fitzcarraldo para voltar ao Roger Casement de "O Sonho do Celta"

Roger Casement foi de fato o principal denunciante das atrocidades cometidas pelos funcionários coloniais do rei Leopoldo II no Congo Belga. Assim como também dos horrores praticados pela companhia de borracha de Julio Arana na região selvática de Putumayo, na fronteira entre o Peru e a Colômbia.

No Congo, Casement presenciou a submissão e o horror do colonialismo, que somente Joseph Conrad, -o escritor polonês que o "celta" conheceu quando pretendia subir o rio Congo num barco da Sociedade Anônima Belga- consigiu pintar em seu livro "O Coração das Trevas".

Depois de passar anos no Congo, documentando toda aquela exploração, Casement acabou vindo para o Brasil com a missão de investigar em nome do governo britânico o trabalho desumano imposto aos índios amazônicos na extração da borracha. Assim, ele andou pelo Peru, a Colômbia e o Brasil, como cônsul britânico no Rio de Janeiro. Aqui, acostumado com o calor do Congo, onde esteve por vinte años, Roger Casement teve que que ir morar em Petrópolis, porque não aguentava a umidade do Rio.

O informe que ele despacha é extraordinário: um duro e fiel retrato do que acontecia, reforçando a sua primeira campanha contra a escravização dos povos americanos e africanos, e a exploração por parte de uma cultura ‘superior’, e poderosa. Casement foi um dos primeiros europeus a denunciar o colonialismo e o mito de ser esse o caminho para a civilização por via da cristianização.

Defensor do nacionalismo irlandês, cuja luta pela dependência dos ingleses comparava ao combate ao colonialismo que tão bem conhecia, opta por aliar-se aos alemães no início da 1ª guerra mundial esperando uma ajuda à independência da Irlanda. Política errada, ingénua e imprudente que o levou à prisão, sendo condendo à morte como traidor à pátria.
Para denegrir a sua imagem, seus diários pessoais foram divulgados quando estava na prisão, aguardando a comutação da pena. Neles se revelava a sua faceta de homossexual atrevido e enrustido, porém, muitos desses relatos não passavam de fantasias, apenas algo que ele gostaria de ter experimentado.

quarta-feira, 4 de maio de 2011

El caucho y Fitzcarrald

Los comentarios de Vargas Llosa sobre su "El sueño del celta" y las aventuras de Roger Casement, en los que cuenta la explotación del caucho en Perú, me dan pie para mostrar un poco más de la historia de Fitzcarral, o Fitzcarraldo, el mismo que Werner Herzog llevó a las pantallas del cine en 1982.




Es junio de 1894, y en el puerto de Iquitos en Perú, cientos de personas asisten a la "delirante despedida" del Contamana, que parte hacia ríos desconocidos de la selva amazónica para cruzar un istmo en las montañas y reaparecer en Manaos, al norte de Brasil.

Desde el balcón de su casa, antes de partir, Fitzcarrald lanza un discurso ante el alucinado pueblo loretano: 
"Nos hemos reunido acá, hombres de Europa, Asia y América bajo la bandera peruana, no para emprender una aventura más, sino para ofrecer a la humanidad el presente de tierras ubérrimas, donde puedan encontrar un nuevo hogar los desheredados del mundo. Ciudadanos del centro, del norte y el sur del Perú: me acompañáis en la exploración más grande que se ha hecho en las montañas de nuestra patria en los últimos tiempos; os aseguro que el éxito coronará nuestros esfuerzos y agregaremos nuevas glorias a nuestra bandera. Pueblos de los campas y tribus de los cocamas, capanaguas, mayorumas, remos, cashibos, piros y witotas: os llevo, como un padre bueno y justiciero, a daros el premio de los montes divinales, que se extiende por donde sale el Sol, donde abundante caza os espera; os daré pólvora y balas para que vuestras escopetas abatan a las bestias. Para que llegue el triunfo pronto y seguro necesitamos trabajar sin descanso. ¡Manos a la obra!". 
La multitud entusiasta, deliraba: es que Fitzcarrald -no el de la película de Herzog- sino el de la historia, era un héroe, un patriota, casi un dios para su gente.



La obra del cauchero legendario, sin embargo, es discutida por sus efectos sobre la población nativa de la selva. Sin tantos escándalos como en las de otros aventureros, la saga de Fitzcarrald en su búsqueda por riquezas -a pesar e independiente de su patriotismo y sus ideales de civilización- sacrificó centenas de vidas. En una época en que la acción del estado era prácticamente nula, la única ley era la del rifle del amo, el aventurero intrépido. Fitzcarrald fue un caudillo violento con algunos, y paternalista con otros. Aún así, igual a tantos otros aventureros que "descubrieron", exploraron y explotaron las riquezas y a las gentes de América, Carlos Fermín Fitzcarrald, más conocido como Fitzcarraldo, puede ser recordado como un emprendedor.


Trecho de "De utopías y amores, de demonios y héroes de la Patria", J.Villanueva,  São Paulo, enero de 2006.

terça-feira, 3 de maio de 2011

Los inframundos de Roger Casement


Empecé a leer "El sueño del Celta". Y confieso que, sobre todo, compré el libro por la curiosidad que me despertó la polémica invitación a M. Vargas Llosa a la apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires, y porque siempre se me partió el alma entre la simpatía por el autor de "La Tía Julia..." y la franca antipatía por sus nuevas (viejas) posiciones en política.
Pero en fin, yendo al libro, digamos que la aventura que narra esta novela comienza en el Congo, en 1903, y termina en una cárcel de Londres, una mañana de 1916.

Aquí se cuenta la peripecia vital de un hombre de leyenda: el irlandés Roger Casement. Héroe y villano, traidor y libertario, moral e inmoral, su figura múltiple se borra para luego renacer después de su muerte.
JV
Vean un resumen a continuación:


Boris Muñoz reseña la más reciente novela de Mario Vargas Llosa, El sueño del celta

Hasta hace pocas semanas, Roger Casement, a quien W.B. Yeats calificó como el irlandés más universal, era un personaje casi desconocido en la historia de Occidente. Casement fue el principal denunciador de las atrocidades y crueldades perpetradas en nombre de la civilización y el progreso en el Congo y la Amazonia peruana, por lo cual puede ser considerado, en justa ley, el precursor de la defensa de los derechos humanos, una suerte de padre fundador de organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch. Con todo, su nombre llevaba polvo en las enciclopedias o era materia de homenajes marginales en docudramas televisivos de la BBC, historiografías como Los fantasmas del rey Leopoldo II de Adam Hochschild o narraciones oscuras e imprescindibles como Los anillos de saturno de W.G.Sebald, casi siempre atribuyéndole ser el personaje crucial detrás de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. Pese a estas referencias, su nombre era, en fin, una nota al pie en la Historia Universal de la Infamia, a la sombra de Conrad. Pero ahora la poderosa pluma de Mario Vargas Llosa lo ha sacado del cementerio irlandés donde se encuentra para –con el reciente premio Nobel mediante– ofrecérnoslo en genio y figura: no solo como aventurero de una sola pieza, sino como un personaje caracterizado por claroscuros y complejidades que, en casos como el suyo, el artificio literario explica y logra iluminar mejor que la propia historia.

Una de las claves del libro se encuentra en el epígrafe de Rodó que enmarca la novela: “Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno sino muchos…”. Vargas Llosa toma esta idea que Borges también refrendó apuntando que “un hombre es todos los hombres”, para narrar las peripecias y caídas de Roger Casement, pero también para desarrollar lo que, en el porvenir, los críticos de su obra considerarán su más apasionada denuncia contra la explotación del hombre por el hombre y la crueldad salvaje del colonialismo.

Recluido en una prisión inglesa por sus actividades conspirativas a favor de la independencia de su natal Irlanda, Roger Casement espera la noticia de la conmutación de su pena o la condena a muerte. Pentonville Prison es un purgatorio de muros tan gruesos que ni siquiera permiten escuchar el más mínimo rumor de afuera. Salvo por esporádicas visitas, la espera se transforma en el compás existencial que le permite al prisionero hacer un repaso a su odisea vital y, por así decirlo, ajustar cuentas con el mundo y consigo mismo.

En ese sentido, El sueño del celta invita a una lectura doble y hasta cierto punto paralela. El periplo de Casement tiene la forma de un rodeo de 360 grados por el complejo cuadro psicológico, emocional, histórico, ético y sexual del personaje. Pero ese rodeo circular abarca también un viaje filosófico –cuya metáfora central es el río como lo fue para Heráclito- por conceptos tan amplios y difusos como lo humano, la civilización, la barbarie, el capitalismo, el nacionalismo, la religión, el misticismo.

Vargas Llosa divide el periplo de Casement en tres estaciones: el Congo, la Amazonia e Irlanda. Casement va al Congo, como los antiguos inmigrantes de Europa venían a hacer la América, una vasta e inexplorada tierra de promisión, abierta a todos los sueños y todas las realizaciones. En sus primeros años se enrola en las legendarias expediciones de Henry Morton Stanley y Henry Shelton Sanford y atestigua con ojos propios de que se trata la empresa civilizatoria. Se suponía que, en nombre Asociación Internacional por la Exploración y la Civilización de África, estas expediciones llevarían las instituciones del progreso –la educación, la ciencia, la religión– a esos confines prehistóricos de la Tierra. Stanley prometía ayudas sociales generosas. A cambio hacía que los jefes de tribu, que por regla eran analfabetos, firmaran unos papeles que comprometían a los pobladores originales de esas regiones a entregar al hombre blanco su mano de obra, sus tierras, sus familias y hasta sus alimentos, so pena de horribles castigos y crueldades atroces y repulsivas. Esa engañifa legal le permitió al rey Leopoldo II regir sobre el Congo a voluntad mientras de cara al mundo “civilizado” cultivaba fanfarronamente una cara de gran humanista. En 1885, gracias a la connivencia de los poderes imperiales del momento, el rey Leopoldo logra hacerse soberano y único trustee del Estado Independiente del Congo –una región casi 100 veces mayor que Bélgica– para regir sobre él su real gana sometiendo a sus habitantes, incluso a los caníbales, con las temidas Forces Publiques belgas.

El celta creía de buena fe que la educación enseñaría a los salvajes a no comerse al prójimo. Como se lo dijo Stanley: los misioneros los sacarían del paganismo, los médicos los salvarían con sus vacunas de epidemias que hasta entonces creían hechizos y maleficios, el libre comercio les acercaría la modernidad. Casement creyó ser guíado por el designió noble de la modélica empresa de Leopoldo II. En varios momentos el narrador hace hincapié en las condiciones desiguales del intercambio comercial. De Europa llegaban armas, municiones, chicotes –ese ominoso símbolo de la crueldad–, estampitas, crucifijos, cuentecillas de vidrio de colores, mientras de África salían inmensas rumas de caucho, piezas de marfil y pieles de animales. Poco a poco, a lo largo de esos 20 años en el horror colonial, Casement descubriría que él solo era un peón en un complejo sistema de expolio. Las bendiciones de la civilización no eran sino el maltrato abyecto, la violencia demencial, el saqueo y el estupro contra los aborígenes. Las privaciones de todo tipo, el tormento de las picaduras, el acecho de las epidemias y los ataques de paludismo que debió soportar durante sus años de expedicionario y al servicio del Foreign Office británico, solo contribuían a perpetuar ese orden de cosas que no tenía marcha atrás a menos que se destruyera de raíz. Esa certidumbre inflama su cabeza y es lo que, a fin de cuentas, lo impulsa a emprender la titánica expedición de varios meses para documentar las contundentes denuncias recogidas en su Informe sobre el Congo.

La consecuencia lógica de la tremenda acogida de sus denuncias fue continuar investigando las atrocidades de la empresa civilizatoria. Después de su llegada, en agosto de 1910, a Iquitos, pueblo fluvial de la Amazonia peruana, Casement vuelve a vivir el horror del Congo como si fuera una pesadilla que se repite. En efecto, la situación es igual salvo mínimos detalles. Y esta semejanza atormenta lo atormenta: “La historia de siempre, la historia de nunca acabar”. Sin embargo, su visión sobre los resortes que mueven la trata humana se profundiza y su militancia a favor de los indígenas se intensifica. En un plano ético y religioso, comprende que el combustible de la crueldad es la codicia. Ésta equivale a una peste espiritual y metafísica, porque su alcance es ilimitado y tiene el poder de corromperlo todo, empezando por los seres humanos y terminando por el Estado mismo que se vuelve parte inseparable del régimen de exterminio.

Como en otras ocasiones, el autor le ha pedido a los lectores que adopten una actitud paciente mientras se recorre una larga pista de despegue para esta novela, que no es un jet ligero, sino más bien un pesado pero potente jumbo transatlántico. La espera vale la pena. En los viajes amazónicos, la novela respira y crece a plenitud con un narrador que finalmente ha logrado meter a los lectores bajo la piel del protagonista e instalarlos en el corazón húmedo y sofocante del infierno verde, donde los indígenas son sometidos a trabajos forzados y marcados a fuego y cuchillo, como ganado, con las iniciales diabólicas de la Peruvian Amazon Company de Julio C. Arana.

Aunque hay muchas semejanzas entre la colonización del Congo y la Terra Incógnita, hay una importante diferencia. Es evidente que, en los pasajes Amazónicos, Vargas Llosa se encuentra en una de sus comarcas narrativas favoritas. Eso implica no solo que, en la Amazonia, la narración y los personajes cobran vida e impetus, sino también que el espacio narrativo se torna la arena de un apasionado debate ideológico. Al igual que las otras obras amazónicas de Vargas Llosa –me refiero a La casa verde, Pantaleón y las visitadoras, El hablador– ésta es una novela tesis o más bien una novela de múltiples hipótesis. A medida que se desarrolla la trama el narrador o el protagonista lanza una verdadera metralla de preguntas. Por ejemplo: ¿Podían ser verdad todas esas monstruosidades? ¿Con qué derecho habían venido esos forasteros a invadirlos, explotarlos, matarlos? ¿Pueden ponerse en un mismo plano a los caníbales de la Amazonia y a los pioneros, empresarios y comerciantes que trabajan en las condiciones más adversas para llevar el desarrollo a aquellas soledades? ¿La sanidad de su espíritu resistiría todo el espanto cotidiano? Esas y muchas otras preguntas de lo humano y lo divino asedian al cónsul especial y bullen incesantemente en su psique, de modo que hay que preguntarse qué quiere plantearnos Vargas Llosa con esta nueva incursión amazónica.

Quizá no haya una respuesta certera y acabada, pero al someter al muchacho idealista que fue Casement a una especie de epifanía negativa, el narrador va dando cuenta de la demencia agazapada en un sistema económico irracional y basado en la trampa y el lucro al que califica como el pecado original; un sistema tan extremo, nos dice, que destruía a los espíritus antes que los cuerpos, cancelando cualquier posibilidad de resistencia y organización por parte del colonizado.

Como en El corazón de las tinieblas, el gran tema de fondo es la crueldad encubierta en la empresa civilizadora. En cierto punto, Conrad le da las gracias a Casement por haberle “quitado las lagañas de los ojos sobre África, sobre el Estado Independiente del Congo y sobre la fiera humana”. Pero en buena medida El sueño del celta es una novela anti-conradiana, por así decirlo. Conrad empleó un método narrativo impresionista en el que las tinieblas más que mostrarse se insinuaban. Al ascender por los ríos M’pozo y Congo, la locura de Kurtz nos envuelve con imágenes febriles, delirantes, pero apenas la vemos como un celaje entre la espesura, como si viniera de un inframundo. Al viajar de Iquitos al Putumayo por el Amazonas y sus tributarios, el narrador de Vargas Llosa elige el camino contrario: su denuncia actúa por acumulación de pruebas y nunca ahorra detalles para estremecer al lector con descripciones gráficas de los desmanes del explotador a la hora de inflingir tormentos al prójimo: abundan las torturas, la mutilación de genitales, los grotescos asesinatos, la violación, las azotainas, el infanticidio y las decapitaciones. Todo esto aderezado por el revulsivo y ubicuo olor del caucho mezclado con el almizcle de la carne humana chamuscada. El mal mismo es personificado por el cínico y en apariencia incombustible Armando Normand, un contador enjuto con ojos de víbora y educado en Londres que, liberado de todo límite y contención civilizada, sojuzgaba a los indígenas hasta lo inimaginable, obligándolos incluso a comer sus propios excrementos. Sin embargo, Normand es apenas el símbolo en un elenco de seres pusilánimes.

En las páginas de El sueño del celta el inacabable debate sobre la civilización y la barbarie revive con nuevo brío. La narración es el campo de una batalla entre seres viles y codiciosos y seres altruistas y estoicos, pero sobre todo de la lucha del bien contra el mal y de los ideales civilizatorios contra la corrupción de los mismos. A cada paso, Casement encuentra una contra figura como su par el cónsul Stir o un aliado como Juan Tizón. No obstante agitarlo una mezcla de confunsión con sentido del deber, en la Amazonia, el cónsul es plenamente consciente de lo que hace y de los peligros que enfrenta. Y ni por un minuto, pese a los achaques que lo afligen, ceja en su férreo empeño de hallar una verdad y mostrársela al mundo, para, en la medida de lo posible, encarrilar el tren de la civilización.

En La casa verde, obra monumental y pesadísima como una catedral, la indolente y superfecunda selva era el escenario del desmadre. Eso mismo sucede en El sueño del celta, pero en ésta Vargas Llosa deja aun más claro que la maldad no reside en la vorágine capaz de tragarse, a fuerza de arbustos, matorrales, insectos y animales, toda huella humana. La existencia de esos enclaves de salvajismo es la falta de civilización o más bien los excesos de la codicia, Casement lo tiene muy claro. Uno de los valores que lo elevan por sobre los personajes que lo rodean es justamente distinguir qué es y qué no es la civilización. La civilización “no es la codicia de los mercaderes, sino la ciencia, las leyes, la educación, los derechos innatos del ser humano, la ética cristiana”. En definitiva, sostiene el narrador, “una moral que impedía que los seres humanos actuaran como bestias”.

La conciencia de la fragilidad de esa moral acompaña siempre al protagonista y es el alimento espiritual de sus angustias. “El Congo. La Amazonia…¿Cuántos? ¿Miles? ¿Millones? ¿Se podía derrotar a la hidra? Se le cortaba la cabeza en un lugar y reaparecía en otro, más sanginaria y horripilante”.

Al publicar su Informe sobre el Putumayo, Casement logra alcanzar un sueño que no ha deseado: convertirse en una figura pública y adalid de la defensa de la humanidad. En este éxito hay, sin duda, resonancias de la Polémica de Valladolid entre fray Ginés de Sepúlveda y fray Bartolomé de las Casas, y que giró en torno a si los indígenas tenían alma y debían, por tanto, ser tratados como cristianos. De hecho, el público que recibe sus denuncias contra el sistema colonial e imperial, lo compara con fray Bartolomé. Sin embargo, el retrato novelado del irlandés no es precisamente el de un santo. En su vida austera y recoleta hay una ominosa mancha: el apetito sexual por otros hombres.

En la celda de condenado, el irlandés evoca los tumultuosos episodios del amor que no se atreve a decir su nombre. Desde el Congo, Brasil, Barbados y la Amazonia, lo acechan los fantasmas de los diferentes cuerpos apetecidos o tomados, en su mayoría jóvenes negros o mulatos, siempre fuertes y estilizados, y con enormes vergas que lo llevan del delirio al frenesí. Es una sexualidad furtiva, vivida en el más estricto secreto y confinada a sus diarios. El cuerpo es para el cónsul especial una fuente de placer esporádica que se aviva cuando está lejos de casa o cuando el solitario enfermizo, que en el fondo es, libera sus ávidos instintos carnales. Los prejuicios de la Inglaterra victoriana que todavía ciñen la moral de su época, harán, a la postre, del registro de sus encuentros y fantasías sexuales en su diario íntimo el instrumento de su condena definitiva. En este sentido, el juicio contra Casement recuerda ese otro que también estremeció a la opinión pública británica y atlántica en 1900. Se trata del proceso contra Oscar Wilde quien, como Roger, fue condenado no solo por desafiar con su homosexualidad la moral imperante, sino también por representar el espíritu libertario irlandés.

Después de su regreso a Irlanda y su incorporación a la lucha independentista, las contradicciones internas que siempre lo han mortificado se acentúan. Desde su estancia en el Congo, muchos años antes, se ha preguntado sobre el destino del pueblo irlandés para el cual sueña con la libertad. ¿Por qué lo que es malo para el Congo es bueno para Irlanda?, se pregunta. ¿No es acaso la crítica al imperialismo en ultramar válida para ese pequeño país con una raza, una cultura, una lengua y una idiosincrasia distinta de la inglesa? Esta reflexión llena de rencor a Sir Roger llevándolo a dar la espalda al país que había servido como cónsul y que lo había cubierto de honores. La traición se consuma poco después cuando se pone del lado de Alemania, enemigo de Inglaterra durante la Primera Guerra Mundial, en una laberíntica conspiración para sumar fuerzas a la causa irlandesa.

A estas alturas de la narración, el lector se encuentra casi al borde de un paro cardiaco. Pero el hábil narrador nos distrae de nuevo de la inminente condena para plantearnos el elemento que urge definir. Casement se ha enfrentado con la naturaleza, los caucheros, las autoridades y, a fin de cuentas, con todo un sistema de expolio y trabajos forzados logrando doblegarlos. Pero su vida ha sido una “contradicción permanente, una sucesión de confusiones y enredos truculentos” que ha distorsionado su obra y oscurecido sus intenciones. ¿Han tenido sentido tantas fatigas?

La respuesta es su acercamiento final, en medio de torturantes dudas, eso sí, a la religión. A lo largo de su vida, Casement ha sido sobre todo un hombre de acción, un servidor público ejemplar, un militante de la libertad y la emancipación. No ha estado nunca cerca del sacerdocio, pero, paradójicamente, su actuación desinteresada, su conocimiento de los inframundos del alma humana, su reflexión espiritual y las odiseas que han experimentado sus huesos, lo acercan a los mártires místicos. En este caso, un caballero encargado de preservar la llama de lo que nos hace un género aparte de las bestias.

Con esa atmósfera sombría y espíritual, el narrador nos lleva a un desenlace que sabemos desde el principio. Todo esta servido para el sentimentalismo y el melodrama, pero en lugar de eso se nos presenta un final de suave y contenido patetismo. El héroe muere con una hidalguía y una soberbia que su mismo verdugo celebra. Sursum Corda, “arriba los corazones”.

Uno podría cerrar el libro en este punto, preguntándose en qué creo y para qué estoy aquí como ser humano y después olvidarlo todo sin consecuencias como solemos hacer cuando cerramos un libro. Sin embargo, El sueño del celta nos depara un sorpresivo giro en sus cinco últimas páginas.

En el epílogo de autor que cierra el libro, Vargas Llosa, rompe el contrato que, como escritor realista, ha entablado con el lector. Al igual que un padre que se ha encariñado con su criatura, trata de explicar su visión de Casement y, por su valentía e integridad, termina absolviéndolo de sus contradicciones más agudas incluyendo el extremismo patriota antibritánico y el aura maldita que sigue rodeándolo. Este final es sorprendente, anticlimático, y, sin duda, muy ilustrativo y, quizás, necesario. Lo es en tanto, salvando las enormes diferencias, como personaje literario Roger Casement ilumina aspectos hasta ahora poco o mal entendidos de la propia obra de Vargas Llosa. Una obra pardójica marcada también por febriles pasiones y apostasías así como enormes tensiones y contradicciones. Como Casement, él ha sido muchos hombres, con fases sucesivas, raras, contrastantes. De ejemplo tenemos sus novelas mayores, como Conversación en la catedral y, más aún, La guerra del fin del mundo, donde las ideas se ponen en lisa hasta que hay un claro ganador, pero en las que la complejidad psicológica e histórica de los personajes desborda la ideología y la dogmática que intenta reducirlos, explicarlos o justificarlos. Es decir que el Vargas Llosa fabulador envuelve y supera al Vargas Llosa catecúmeno, sea éste el defensor de la revolución o del libre mercado. Aunque con El sueño del celta sucede lo mismo, en ella el novelista ha dado otra vuelta de tuerca, tomándose la libertad de filosofar sobre sus personajes como no lo había hecho en otras novelas. La prueba es que no vio la necesidad de dar explicaciones sobre el sacrificio del Conselheiro Antonio Mendes Maciel o del desencanto de Zavalita pues todo estaba contenido en el orbe novelístico. ¿Por qué lo hace con Casement? A mi juicio, porque, al margen de lo paradójica, polimórfica e inapresable que es el alma de un hombre, si en algo coinciden el Roger Casement de la novela y el escritor de carne y hueso que le dio vida es en la mística, la honestidad y la valentía con que ambos le plantan la cara a la duda que los interpela como seres pensantes y humanos.

Boris Muñoz, http://prodavinci.com/2010/11/17/los-inframundos-de-roger-casement/




O novo romance de Vargas Llosa sai em maio no Brasil


"O sonho do celta" é a primeira obra de Mario Vargas Llosa a ser lançada depois do prêmio Nobel.
Grande sucesso de vendas e de crítica na Espanha, onde foi publicado em 2010, o romance "O sonho do celta", de Vargas Llosa, chega aos leitores brasileiros em maio, publicado pela Alfaguara.
Neste novo livro, Vargas Llosa volta ao romance histórico para narrar a saga de Roger Casement, um personagem complexo e controverso. Irlandês a serviço do Império Britânico, Casement testemunhou a violência da colonização na África e na América do Sul no início do século XX. Ao denunciar os abusos contra colonos, passou a valorizar a liberdade acima de tudo. E, em nome da liberdade, voltou-se contra o próprio governo.
Em 1916, preso em cárcere de segurança máxima em Londres, Roger é acusado pelo governo inglês de alta traição e espera sentença. Cinco anos antes, tinha sido nomeado cavalheiro. Agora, abandonado por todos e difamado pela opinião pública, corre o risco de ser executado.

Vargas Llosa recria a luta de Casement – passando pelas atrocidades no Congo Belga, e a exploração da borracha na Amazônia, até a luta pela independência da Irlanda - num texto que fala sobre coragem e superação.
Para o autor, o livro fala também sobre como "há certas circunstâncias que desumanizam os homens até transformá-los em monstros": "No Peru ocorreu o mesmo que aconteceu no Congo, com o sistema de extração de borracha. Cometiam-se as maiores atrocidades com a mais absoluta impunidade. É uma espécie de imersão no mal. Casement viu tudo isso de perto, mas quis manter a distância e proteger sua sanidade mental documentando o que via", disse Vargas Llosa em entrevista ao jornal El País.
J.V