quinta-feira, 4 de agosto de 2011

Monteiro Lobato, Jorge Amado y Carlos Prestes en Argentina




Muchos escritores, poetas y autores de teatro brasileños vivían y desarrollaban sus actividades en la cultura argentina, entre los años 35 y 45 del siglo pasado; sobre todo Jorge Amado en la revista “Sur” de Victoria Ocampo, que dedicó un número entero a Brasil; y también aparecían bastante a menudo en la prensa porteña, claro.

El frente de los antifascistas se integraba en esa época en un accionar más amplio que El meramente político, porque entre 1937 y 1943 es cuando se da el punto más alto de los intercambios culturales a través de las traducciones y ediciones de autores brasileños; mientras que decenas de viajeros argentinos, como Bernardo Kordon, circula entre los dos países, dejando testimonios de sus andanzas en diversos textos.

El flujo es incesante entre intelectuales lanzados al exilio por las persecusiones políticas, con fuertes efectos en las artes y las letras, como es el caso de Monteiro Lobato y su obra literaria, pedagógica y política; o como Graciliano Ramos, recién salido de la cárcel de Getúlio Vargas y muy conocido en Argentina. Ambos circulan en las publicaciones de la editorial "Claridad" y la "Biblioteca de Autores Brasileros", estatal. La acción de los brasileños en la red antifascista cambia en 1943, cuando el Estado Novo de Getulio Vargas da un giro de 180º, se pasa a los aliados y le declara la guerra al Eje, acercándose a la URSS. Todo esto trae un cambio entre los intelectuales comunistas y sus aliados antifascistas, que pasan a presionar a Vargas para lograr la autorización de volver a su país, de donde fueron expulsados por simpatizar con la “Intentona Comunista”.

Jorge Amado, consagrado ya en esos años en las letras, es todo un símbolo del exílio brasileño en una fase muy crítica de la intelectualidad del país, causada por la simpatía de nombres fuertes del modernismo por el proyecto varguista y no pocos en la derecha fascista del "integralismo", como Plinio Salgado y Gustavo Barroso. En este clima se enmarca la presencia clandestina en Buenos Aires de Luiz Carlos Prestes, líder de la Alianza Libertadora Nacionalista, el frente político democrático creado en 1934 con hegemonía del Partido Comunista Brasileño. La ANL, una herramienta política que había logrado fuerte adhesión entre los intelectuales, como el escritor y diputado Abgar Bastos, traducido en Argentina por el antifascista Bernardo Kordon.

Prestes, forzado al exílio, volverá de la URSS, y retornará a Brasil ya líder de la insurrección que se desata de inmediato en Natal, Recife y Río de Janeiro contra Vargas, impulsada desde la Internacional Comunista y que culmina con el rotundo fracaso de la llamada “Intentona”. Más tarde Prestes, llamado "Caballero de la Esperanza" por Jorge Amado, dirá luego que sólo entendió a fondo la realidad brasilera estudiando historia en Argentina, lo que nos permite concluir cómo son importantes los viajes y las redes internacionales, que se crean como subproductos positivos de la tristeza y los conflictos del exílio, en la definición de los pensamientos y proyectos políticos de cambio.

Leia mais em “Crónicas de Utopías y Amores, de Demonios y Héroes de La Patria” (JV, 2006)

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