sexta-feira, 30 de dezembro de 2011

Portuñol Sin Fronteras, Futurista y Salvaje. 1ª parte.




Portuñol Sin Fronteras, Futurista y Salvaje. 
1ª parte.

Dividido entre dos amores, multiplicado por dos pasiones, sumando las ventajas y placeres, restando los perjuicios y las pérdidas de uno y otro, así voy por la vida: Eu em espanhol, tropical, colorido e falante, otimista e positivo. Yo en portugués, reflexivo y parco, cartesiano y pesimista.

Gris y colorinche, sueño de noche en portugués, delirio de día en español, me reecuentro, aplomado y sensato a las tardecitas, en portuñol. Soy lo que nunca fui, más de treinta años en portugués, menos de três décadas em castelhano.

Esposo fidelísimo de dos amantes-idiomas, amante infiel de dos patrias-amores: una morena y la otra rubia. Cachos dourados, luxurias tropicais e rimas da última flor do Lácio à noite, no barulho paulistano. Ondas morenas y ojos rioplatenses en la mañanita porteña. Esposo fiel de dos culturas-beldades durante el día em bom português, amante ecléctico e indeciso a la luz de la luna, en español. Sensato equilibrista, em portunhol.

Alma guarani, espíritu quéchua, castellano, brasileño y judeo-portugués, pensamientos tehuelches y diaguitas, sueños comechingones. E então, o que é ser um cidadão do mercosul? O que é falar num fluente portunhol?

Pues entonces, qué es el portuñol? 

Es lo mismo que, en la grafía portuguesa se denomina portunhol: un pidgin mixto, que se fue formando a lo largo de los últimos dos o tres siglos con un léxico proveniente del castellano fronterizo y del portugués brasileño. En los días de hoy, y desde finales del siglo XX, el portuñol ocurre en dos ambientes diferentes:

a)    entre los empleados y ejecutivos de empresas multinacionales con negocios en los países de América Latina y España, o de las binacionales en que una de las partes es brasileña y la otra habla español. En este ambiente urbano y cerrado, circulan pequeñas poblaciones de trabajadores que a veces viajan constantemente entre países de habla portuguesa y castellana, o simplemente sirven en sus oficinas de trabajo a jefes de una u otra habla. Muchos empleados, ejecutivos y técnicos brasileños, expatriados o no, estudian el español como lengua extranjera. Y otras veces, menos en volumen con seguridad, son los trabajadores de lengua española los que estudian y practican el portugués como segunda lengua.

En un grupo aparte, pero produciendo resultados parecidos, están los estudiantes de intercambio, cada vez más numerosos, y los turistas de uno y del otro lado de las largas fronteras brasileño-hispanoamericanas.

b) entre los hablantes de las regiones lingüísticas limítrofes entre el español hispanoamericano y el portugués de Brasil. En varias regiones de América del Sur, en las  fronteras de Brasil con aquellos estados que fueron colonias españolas hasta los inicios del siglo XIX. 
También en la Península Ibérica existe un tipo diferente de portuñol, que se puede encontrar aún hoy en las zonas fronterizas de España con Portugal.

El portuñol sudamericano

Donde Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay se encuentran y forman sus fronteras con Brasil, ocurre el portuñol más conocido y estudiado por los académicos.
Pero esto también se da en los límites extremos de Brasil con Perú, Venezuela y Colombia. 
En el  caso del Uruguay, en donde el portuñol tiene ya casi sus 300 años de antigüedad, la franja de hablantes tiene un amplio alcance y es practicado cotidianamente por la mayoría de los habitantes de las ciudades y de la campaña, en los pueblos limítrofes del norte, debido a la enorme integración entre los dos pueblos, el brasileño y el uruguayo, en regiones como la Frontera de la Paz.

También se  lo conoce al portuñol en esta frontera como el Bayano, o el Portuñol riverense o fronterizo, y en los medios académicos como los  Dialectos Portugueses del Uruguay. 

Hay que recordar que el Uruguay se independizó de las Provincias Unidas del Río de la Plata y antes de separarse del antiguo Virreinato español del Río de la Plata, fue dos veces invadido por el Imperio de Brasil; en la primera ocasión, La invasión duró toda una década. Los habitantes de la frontera uruguaya llaman al dialecto que hablan portuñol –así, a secas- y su dominio territorial está  ubicado geográficamente en la zona que tiene como centro las ciudades de Rivera y Santana do Livramento, y se extiende por una franja de muchos kilómetros a lo largo de toda la frontera. 

Históricamente, los orígenes de este portuñol se remontan hasta los años de la colonización portuguesa en el norte de Uruguay, cuando no estaba bien definido a quién pertenecían estos territórios; los terratenientes y ganaderos de Rio Grande do Sul, necesitaban extender sus tierras para pastos, y la frontera terminaba pasando de la corona lusitana a la española de manera sucesiva.
Los habitantes de la región, tanto los hacendados de la provincia gaúcha del Brasil, Rio grande do Sul, como los funcionarios y gendarmes del gobierno Oriental usaron y abusaron siempre Del portuñol. Y no solamente el portugués y el castellano  influyeron a este portuñol de frontera, como también las lenguas indígenas, charrúa y guaraní, en muchos casos;  podemos ver algunos ejemplos cotidianos en muchas de las palabras típicas, como mataco (originariamente indio, también muñeco), gurí (niño), gurisa (niña), mamboretá (el insecto "tatadiós"), caracú (el tuétano del hueso de la vaca), macana (originariamente garrote, luego tontería o error), maloca (choza), etc.

¿Cuáles son las localizaciones fronterizas del portuñol en América?


En la Frontera de Venezuela con Brasil, La Línea
en las localidades de Santa Elena de Uairén – Pacaraima.

En la triple Frontera Colombia-Brasil-Perú: 
en las Tres Fronteras de Leticia-Tabatinga, se habla el llamado Portuñol leticiano.

En la Frontera de Peru con Brasil: 
en Iñapari–Assis, Brasil; Pucallpa Boqueirāo; Islandia– Benjamin Constant; Puerto Esperanza–Santa Rosa do Purus.

En la Frontera Bolivia-Brasil

en Cobija-Brasiléia. El portuñol cobijeño, que es hablado por casi todos los habitantes de Cobija, es un portugués que se habla con la gramática y la fonética del español de Pando. Son sus características más importantes el uso de sólo cinco vocales, como ocurre en el castellano; la aspiración de toda s final; no hay diferencia entre la s y la z; ni entre la y la v, tal como ocurre en el español americano; tampoco hay diptongos nasales, como los hay en portugués.
También se habla portuñol en la frontera de Guayaramerín-Guajará-Mirim, y de Villa Bella-Vila Murtinho. En Villa Bella hubo fuerte presencia de portuñol en el siglo XIX entre los colonos que habían inmigrado por causa de la floreciente explotación del caucho. En los días de hoy la decadencia de la población ha extinguido este portuñol fronterizo boliviano.

En la Frontera Paraguay-Brasil-Argentina. Llamada la Triple Frontera:  
en Bella Vista Norte-Bela Vista; Pedro Juan Caballero-Ponta Porã; Capitán Bado-Coronel Sapucaia: Salto del Guairá- Mundo Novo y Guairá.

En la Frontera Uruguay-Brasil
en esta frontera se habla el portuñol más antiguo de América y también el que ha sido más estudiado por las academias y posiblemente uno de los más conocidos del continente, el llamado portuñol riverense. Ocupa Artigas-Quarai; Chuy- Chuí; Rio Branco-Yaguarón; Frontera de la Paz, Rivera-Santana do Livramento. 

Y, qué podemos hacer ahora con todos estos datos lingüísticos, si no es interesarnos por la historia y el devenir de los pueblos que hablan español o castellano, portugués, guaraní o portuñol?. No podrá ser que ese mestizaje salvaje ya nos esté dando una dica de cómo va a ser la integración política y cultural de estos vastos territorios y sus pueblos?

Veamos. Ou, melhor dizendo agora, vejamos:

Os portugueses do século XVI até o XIX -e em menor medida também os espanhóis- tinham uma ideia fixa que fazia a base de toda a geopolítica dos ibéricos, pelo menos enquanto foram ou sonharam com ser grandes impérios: o ouro, as pedras preciosas, e tudo o que pudesse virar moeda, barra ou jóia e servisse para pagar as vultuosas somas que, na contabilidade dos débeis (em ambos os sentidos) monarcas sempre equivalia a quantiosas dívidas.

Foi o ouro -ou, melhor dizendo, a falta dele- que deu impulso às grandes navegações espanholas e lusitanas. A ambição desmedida que, sobretudo no caso dos nobres e não tão nobres portugueses, era simétrica ao desgosto pelo trabalho manual, pela labuta na roça ou na fazenda; foi a mola que impulsionou as aventuras fantásticas que ampliaram o mundo até então conhecido como "ocidente" e "oriente".
Mais que o petróleo nos séculos XX e XXI, as especiarias trazidas do oriente, o ouro da África primeiro e do Novo Mundo depois, e ainda por cima os lucros gerados pelo tráfico de escravos.

Compra e venda de seres humanos, homens, mulheres e até crianças, vendidos em leilões e mercados, feito produtos. Essa foi, do século XVI ao XIX, a última flor do Lácio virando ouro, pagando dívidas antigas de outras dinastias e, sobretudo, gerando novos gastos, sempre desproporcionais ao tamanho dos territórios onde ficavam as metrópoles de cada império.

Hoje –en 2043- e já na segunda metade do século XXI, as crises mundiais se espalham pelo globo terrestre, refletindo em grande parte os erros mil vezes repetidos pelas classes dominantes em cada época; e ainda por cima, acrescentando novas falhas de caráter, novos erros fatais ; piorando até os níveis mais críticos tanto as contradições climáticas e ecológicas, como os conflitos de raizes econômicas e demográficas, que vão se multiplicando e ficando a cada dia mais e mais agudos. 

A America do Sul também é açoitada pelos mesmos dramas planetários. Porém, o continente consegue se manter em paz e garantir a liberdade em seus vastos territórios, num processo de integração cada vez mais organizada e pacífica. 

Embora descentralizada, foi sendo criada uma grande confederação com a liderança natural do Brasil, e um segundo centro, ou polo paralelo, na Argentina; agora esse amplíssimo território antes chamado Mercosul e mais tarde UniSul, foi virando uma das três grandes potências mundiais. 

Uma grande rede continental de ferrocarris, hidrovias e de centrais hidroelétricas, foi se estabelecendo nas beiradas das florestas amazônica e no Chaco Boreal; algo que lembrava as empreitadas mais loucas da febre do ouro e da borracha, ao estilo do Fitzcarraldo; e enormes construções eólicas e até nucleares surgiram nos litorais  brasileiro, uruguaio e argentino, mesmo apesar da forte oposição dos movimentos ecologistas e dos povos originários. 
A floresta amazônica agoniza. O aumento do nível oceânico ameaça as áreas costeiras. As geleiras dos Andes desaparecem. 

Durante os anos que foram de 2030 até 2040 foi retirado até o último átomo de lítio dos enormes salinas da Bolívia para produzir pilhas e baterias, causando revolta e quase que a desintegração parcial do país, que passou a ser administrado entre o Paraguai e o Brasil. A Bolívia, que já havia perdido a Guerra do Salitre e a Guerra do Guano contra o Chile, ficando até sem uma saída ao mar por causa dos conflitos, agora perdera também a alma dos salitrais, que era o lítio.

Oficialmente o continente americano é hoje o único no mundo sem armas nucleares, mas há fortes suspeitas que a aliança Brasil-Argentina-Paraguai-Uruguai tenha umas quatro ou cinco usinas disfarçadas no interior da Angola.

Os EUA já não mais existem, depois de duas ou três grandes guerras civis durante as quais se criaram blocos diferenciados que vivem hoje em sistemas políticos ultra-conservadores e isolados, na mais absoluta miséria e desigualdade, disputando espaços vitais com as mais variadas seitas religiosas. 

O Canadá, uma potência pesqueira e petroleira graças às jazidas exploradas do Ártico, anexou o Alasca, e criou uma cortina de aço na fronteira sul para impedir a passagem do verdadeiro aluvião de emigrantes dos antigos e falidos EUA.

A Europaafundada numa  crísis econômica sem solução de continuidade, depois da desintegração da antiga moeda única -o Euro- foi finalmente controlada de un modo pacifico por uma aliança que teria sido insuspeita em outras épocas: Inglaterra-Alemanha, que submeteram a ferro e fogo os antigos egoismos nacionalistas. A Velha Europa, que durante séculos fez tremer o mundo com seus ataques periódicos e sistemáticos de loucura guerreira, foi se convertendo numa fortaleza gerontocrática e paranoica, assustada com o crescimento veloz da América Hispânica, da África e da Ásia.

A Ásia, dominada pela guerra fria entre a China e a India, polariza um novo tipo de capitalismo selvagem, atraindo investimentos vultuosos, e enormes colônias culturais de jovens europeus que vão superando aos poucos seus velhos preconceitos. É que, mesmo sem a bênção dos respectivos governos, a miscigenação crescente entre novos casais mixtos anula, ou diminui bastante, ao menos, os antigos ódios raciais. 

Mesmo assim, o que conta é que a China anexou grande parte da antiga Sibéria russa. As duas superpotências asiáticas tem, desde sempre, sistemas autoritários e ultra-nacionalistas, enfrentados indiretamente por meio dos seus países satélites. Russia depende do capital e sobretudo da tecnologia chinesa, e o antigo oriente Médio –tendo desaparecido já o conflicto israelense-palestino- se subordina fielmente ao centro indiano, que é o dono e senhor de toda a vasta região.

O conglomerado liderado pela aliança Brasil-Argentina-Paraguai-Uruguai anexou depois de 2041 alguns antigos territórios do domínio português na África, como Cabo Verde e Angola, que agora apóiam e secundam à confederação latino-americana.
África é uma área de enfrentamento pacífico entre o Brasil e a China. Mas não passa por agora de um enfrentamento surdo, comercial e vez ou outra diplomático, sem riscos de guerras ou estouros armados. É que o socialismo brasileiro-argentino, apoiado em figuras lendárias, como os co-presidentes Lula e Cristina, que mesmo centenários continuam liderando, é o oposto ao velho estalinismo chinês. 
A longevidade, apoiada nos avances da ciência, tem permitido que alguns líderes que mudaram a fase da história latino-americana nos anos 70 e 80 do século XX sigam hoje -em pleno 2043- fortes e ativos.

Foi neste contexto que os escritores Antoine Barral e Sérgio Cambiado se encontraram, numa bela tarde de outono, no Café La Paz, em Buenos Aires, na esquina de Corrientes e Callao. Tinham sido convocados por um misterioso telefonema de Santiago Castro, amigo de um velho escritor já falecido, o Israel Vilhas, antigo companheiro de lidas de Javier.

O que Santiago veio lhes propor esse dia não era nada simples: escrever uma história que relatasse passo a passo os últimos cem anos de conquistas e fracassos da Confederação Brasil-Argentina-Paraguai-Uruguai.

Mas antes de nos embrenhar-mos na história da Confederação, vejamos que aconteceu na história de vida dos dois escritores em questão. Por que eles - Antoine Bairral e Sérgio Cambiado- e não outros?

Escreveu o governador Dom Afonso Furtado de Castro do Rio de Mendonça, senhor e visconde de Barbacena, e governador-geral desde 8 de maio de 1671, incentivando o aventureiro bandeirante Fernão Dias a buscar nas regiões de São Paulo e a Bahia prata e esmeraldas; na mensagem, dá-lhe carta patente de chefe da grande bandeira com o título de "governador das esmeraldas e da conquista dos índios Mapaxós."

Em julho de 1674 deixa São Paulo à frente da bandeira das esmeraldas, da qual fazem parte o genro Manuel da Borba Gato e os filhos Garcia Rodrigues Pais e José Dias Pais. Este último conspira contra o pai, que manda enforcá-lo como um modo de dar exemplo de disciplina.

Mas nessa bandeira havia um quase que desconhecido arquiteto -ou talvez engenheiro, o que nunca pode ser estabelecido com certeza- o Sérgio Minelli Cambiado, especialista em construções de pedra, algo pouco usado no São Paulo da antanho, mais inclinado sempre ao abobe e o pau-a-pique. Minelli Cambiado, o tetra tataravô do nosso famoso escritor mineiro de hoje, acompanhou em silencio e com grande desgosto a sanguinária expedição que, por fim, alcança o norte de Minas Gerais, e durante sete anos explora os vales dos rios das Mortes, Paraopeba, das Velhas, Aracuaí e Jequitinhonha.
O bandeirante encontra turmalinas, que pela cor verde ele confunde com esmeraldas. E por fim, o falso herói paulistano morre de malária, já no caminho de retorno à vila de São Paulo.

Mas o nosso verdadeiro herói, o Sérgio Minelli Cambiado, não. Ele decide ficar no sertão, dedicar-se à agricultura, o que de fato foi a única descoberta da famigerada e malfadada bandeira. Onde a lenda falava de uma Serra Dourada, ou Verde, segundo a ambição lusitana e bandeirante enxergasse ouro ou esmeraldas, o nunca achado Sabarabuçu, dom Cambiado encontrou a paz que não tinha achado na sua Ligúria natal, e menos nas carnificinas das entradas e bandeiras.

–O que poucos sabiam na época- conta o Sérgio Cambiado de hoje, o mineiro-  é que muito provavelmente um outro meu tataravô chegasse à América junto com os imigrantes genoveses, com certeza os primeiros italianos que aportaram em Buenos Aires– diz olhando para o Antoine Bairral, e aparenta ficar cada vez mais interessado pelo assunto.

–É verdade, nos anos da Revolução de 1810, havia tão somente 42 “tanos” em toda a cidade de Buenos Aires; mas segundo parece, despois dos cruentos conflitos de 1820 e 1821 na Itáia, já com a Génova anexada à Cerdenha, muitos se expatriaram no Rio da Prata, no Riachuelo, onde formaram a pitoresca “La Boca”, um vilarejo de puros ligures- conta Antoine. –Mas o meu antepassado não parece ter vindo diretamente da Liguria, mas sim do Sabarabuçu, algque ainda não é bem conhecido.

Continuará. 
Javier Villanueva, São Paulo, dezembro de 2011.

terça-feira, 27 de dezembro de 2011

El general Líster y Pedro Milesi. Historias paralelas.

 
El Viejo Pedro Milesi lo conoció en Francia, hace muchos años. Para ser exactos,  en diciembre de 1939, en un campo de concentración de los refugiados españoles, después de haber perdido la república a manos del franquismo.
El campo de Argelès-sur-Mer había sido construido por el gobierno francés en una playa en la costa mediterránea del país para internar parte del medio millón de refugiados que cruzaron la frontera, huyendo de España tras el fin de la Guerra Civil.

En este recinto en que unas cien mil personas fueron recluídas, se encontró Milesi con Líster, comandante del mítico Ejército del Ebro. Enríque Líster, militar gallego y revolucionario profesional, y Milesi, brigadista internacional, en la calidad mútua de derrotados por el nazismo en un momento en que Hitler invadía un país atrás del otro en Europa.  
Habían sido tres años de cruenta lucha, finalizados en abril de 1939, durante los cuales el ejército sublevado, apoyado por las potencias nazi-fascistas, fue avanzando hacia el noreste del país, lanzando una terrible represión que desbandó a los partidarios de la república en los territorios que iban perdiendo. Era el ensayo general de La 2ª Guerra Mundial.

Cuando cayó Barcelona, último reducto de los republicanos, en enero del 39, se produjo el mayor éxodo de la historia española: medio millón de refugiados huyeron hacia Francia. La presión internacional llevó al jefe del gobierno, Edouard Daladier, cinco dias después, a autorizar el paso al territorio francés de los refugiados. La fuga ocurrió a través de los pasos de frontera de La Junquera y Portbou, por donde salieron centenas de miles de refugiados, entre ellos el destrozado gobierno republicano y la 130ª Brigada Mixta del Ejército Popular Español. Entre el 5 y el 15 de febrero de 1939 entraron legalmente en los Pirineos Orientales -que tenían en ese entonces unos 230 mil habitantes- un total de 353 mil españoles a pie: familias enteras, soldados combatientes del Frente del Ebro y miembros de las Brigadas Internacionales que no podían regresar a sus países de origen.

Cuando el gobierno francés, aterrado por la presión de la alemania de Hitler, comprobó el tamaño del éxodo, este ya era una catástrofe humanitaria. Poco antes del fin de la guerra civil española, en marzo de 1939, ya había más de 450 mil refugiados en Francia, entre los cuales 170 mil mujeres, niños y ancianos, 220 mil soldados y milicianos, 40 mil inválidos y 10 mil heridos

Fue en ese caos -custodiado por tropas coloniales de marroquíes y senegaleses, sin carpas, letrinas, cocinas, enfermerías, y ni siquiera luz electrica- que el Viejo Milesi supo, hablando con el comandante comunista derrotado, que Líster había vivido en Cuba, a dónde viajó cuando era un niño de 11 años junto con su familia; le contó Líster que había dejado una España derrotada por la pobreza extrema de aquélla época. Y como tantos otros gallegos emigrados a América, se dedicó a las labores más rudas; trabajó en una cantera de piedras, y luego fue encarcelado por la dictadura de Machado.

A los 18 años volvió a España y siguió un destino que lo llevó a organizar las tropas republicanas de voluntarios durante la Guerra Civil. Pero todavía habrá mucha historia antes de llegar a esa etapa de su vida.

En1925 Enrique regresa a Galicia, porque le habían dicho que el herrero del pueblo y su hijo la maltrataban a su madre, aprovechándose porque los varones de la familia estaban en Cuba. Líster llegó listo para darle una lección al herrero y para ello se compró una pistola. Por fin, Lister se enfrentó a tiros contra el herrero y su hijo. El duelo terminó con una herida en la cabeza de Lister y un tiro en el pulmón del hijo del herrero. Después de este incidente sin consecuencias, se dedicó a las actividades sindicales en la zona gallega. Pero un nuevo imprevisto, y esta vez con la Guardia Civil, lo obligó a volverse a Cuba para refugiarse y no ser llevado a la prisión.

Y se enteró Pedro Milesi que fue en Cuba que Líster entró en contacto con el marxismo revolucionario y pasaría luego a formar parte del Partido Comunista. Supo también el Viejo que a partir de entonces se dedicó a numerosas actividades conspirativas, tanto en Cuba como en España.

Vuelve el futuro comandante Líster a España y más tarde, en 1932, parte hacia la URSS para recibir formación política y militar en la academia “Frunze” de Moscú.
Otra vez regresa a España, en 1935, y se lanza a formar las milicias comunistas, preparándose para un conflicto seguro, que todos veían venirse desde la proclamación de la 2ª Republica Española en 1931.
Finalmente, el 18 de julio de 1936 ocurre el tan temido conflicto, al sublevarse varios regimientos contra el gobierno legal y estallar la Guerra Civil.

Enrique Líster le contó a Milesi que fue nombrado comandante del 5º regimiento de milicias del Partido Comunista y aprovechó su formación militar para crear una unidad modelo, disciplinada y efectiva.
Luego comandó la Primera Brigada Mixta con la cual defendió con exito el frente de Madrid durante las batallas para proteger la ciudad del sitio de los fascistas.

Gracias a sus éxitos, el gobierno republicano español le adjudicó el mando de la 11ª División, de la cual Enrique Líster hará la elite del ejército republicano, que luchará en las tropas de choque de todas las batallas importantes de la guerra.

Finalmente, Pedro Milesi le oyó contar la historia que todos conocían, cuando ya al mando del 5º cuerpo de ejercito, formado por las divisiones 11ª, 45ª y 46ª, participa en la última y mayor batalla de la guerra, la del Ebro, en la que sostuvo como siempre lo más duro de la pelea, defendiendo el área sur del frente de las durísimas contraofensivas franquistas.

Y fue tras la caída de Cataluña, cuando Líster pasa a Francia y ve morir el sueño republicano con la victoria de Franco, que el Viejo Pedro y el comandante se encontraron; casi enseguida, seis meses después, estalló la Segunda Guerra Mundial.

Cuando las tropas del III Reich invadieron Francia, en junio de 1940, Pedro Milesi y el comandante Líster, junto con miles de refugiados españoles, abandonaron el campo de Argelès; partían los ex-prisioneros hacia diferentes destinos: muchos se quedaron en Francia, otros se alistaron en el ejército francés para combatir a los nazis. Otros decidieron volver a España, para luchar en las guerrillas anarquistas o comunistas; incluso algunos volvieron a la patria, creyendo en la promesa de Franco de perdonar a los que no hubieran cometido crímenes, aunque luego la amnistía no fuera cumplida y muchos –la gran mayoría- fueron ejecutados y encarcelados al volver a sus pueblos de origen.

Por fin, Líster y el Viejo Milesi se separaron cuando ya no había dudas de que la República había sido derrotada por los sediciosos franquistas. El comandante Líster viajó a la URSS y combatió en las filas del ejército soviético con el grado de general y participó decisivamente en la liberación de los países del Este europeo.

Durante la Segunda Guerra Mundial y trás la invasión alemana de la URSS, Líster pasará de ser alumno a profesor cuando fueron enviados al frente sus instructores. Más tarde, el grupo de exiliados españoles también se dividirá: enviados a diversas unidades, unos irán a fomentar la lucha guerrillera y otros al ejército regular. Líster, junto a sus ex compañeros republicanos Modesto y Cordón, será ascendido a general y asignado al ejército polaco formado en la URSS con ex-prisioneros de la invasión soviética a Polonia del 39 y por refugiados polacos. Modesto tendrá el mando de la primera división, Líster de la segunda y Cordón irá al estado mayor. Las batallas en el frente del Este entre alemanes y soviéticos serán terribles, con miles de bajas en los dos lados.

Años después, y ya separados por la geografía y por las diferencias de posiciones políticas, el Líster estalinista, fiel a su costumbre, participará en las principales batallas al mando de la 2ª División polaca, en los ejércitos soviéticos del Frente Ucraniano. Milesi, ex anarquista y libertario, sabrá que Líster participa en las duras batallas de Stalingrado y acabará la guerra participando en la liberación de los países del Este de Europa.

Tras la Segunda Guerra Mundial, mientras Milesi volvía a la Argentina y participaba en las luchas obreras del 17 de octubre, Enrique Líster se instala en París y luego en Praga donde, como miembro de la cúpula del Partido Comunista Español organizará la lucha guerrillera de los “Maquis” que cruzan la frontera entre Francia y España para luchar contra el régimen franquista mediante la lucha armada y el terrorismo revolucionario.

Las diferencias que el ex comandante del Ejército del Ebro tuvo desde antaño con Santiago Carrillo y otros jefes del PC Español le ganaron la condena al olvido. Ya casi al fin de sus años de vida rompió ruidosamente con el PC.

Años después, supo Pedro Milesi que el verdadero nombre de Líster era Jesús Liste, y pensó el Viejo que tal vez ese cambio era uno de los trucos del jefe del Ejército Popular Republicano para forjar su autoridad como leyenda viva de la Guerra Civil Española.

Igual que Milesi en la otra punta del arco iris popular, que fue anarquista primero y trostkista luego, Líster también gozó de enérgicas simpatías y de enconados adversarios. Opuesto a las teorías económicas y sociales del comunismo libertario, tuvo pocos amigos entre los anarquistas -aunque era conocida su amistad con Durruti- e incluso fue víctima de varias tentativas de asesinato por parte de las fuerzas del FAI.

En la Guerra Civil fue un partidario firme del mando único y de la disciplina rigurosa en sus filas, según la línea del 5º Regimiento y del Partido Comunista, la misma que sería adoptada por el gobierno republicano en la formación del EPR. Enfrentada a esta, la teoría anarquista decía que no debía haber mando en las fuerzas milicianas, guiadas al combate por el ansia simple de libertad de todo ser humano.

En esa postura, Líster no dudó en varias ocasiones, pistola en mano, en cortar la retirada desorganizada de las tropas a su mando, devolviéndolas del modo menos agresivo posible a la línea del frente, lo que le dio merecida fama de comandante implacable.
Por otro lado, también supo Milesi que Líster presumia de agasajar a sus tropas con lo mejor de lo que tenía en cada momento en la trinchera, fuera una taza de café o coñac, o con un buen servicio de correos, con ropa limpia o con bibliotecas y escuelas de alfabetización en sus unidades. Y no sólo simpatizo Milesi, sino que luego se inspiró en la acción social del 5º Regimiento de Líster en el frente para muchos de sus emprendimientos solidarios.

Le contaron a Pedro Milesi más tarde, que Líster también se mostró siempre a favor del orden republicano, evitando cualquier crimen en el campo de batalla y sometiendo a los prisioneros a la justicia del Gobierno cuando era necesario. Y dicen que hasta se mostró partidario de la libertad de culto y en contra de los ataques ilegales que ocurrían en la zona controlada por la república.

Fue para Líster que escribió Machado un poema que algunos escritores juzgaron poco digno del poeta, en el que termina diciendo: “Si mi pluma valiera tu pistola, de general contento moriría”.

El caso fue que, muchos muchos años después de los sucesos de la guerra española y de su encuentro en el campo de refugiados en Francia, estando Pedro Milesi a cargo de un grupo de argentinos que se preparaban para el entrenamiento guerrillero, el Che Guevara lo recibió a Líster en la Cuba revolucionaria. Cuenta Milesi que, en un acto público y con un auditorio lleno, recitándole al general los mismos versos de Machado, el Che va y le ofrece su pistola. Dice Milesi que apoya el arma en una mesa, para ofrecerse en seguida a subordinar sus tropas al héroe de la Defensa de Madrid e incluso invadir España para derrocar al tirano Franco.

 “Tengo hoy el honor, en nombre del pueblo de Cuba, de saludar una vez más, durante su estancia entre nosotros, al general Líster. Y tengo la fácil misión de presentarlo ante Uds, pues todos lo conocen desde hace mucho, y el mundo entero supo su nombre cuando España escribió una de sus páginas más heroicas y desgraciadas, durante los tres largos años de la guerra civil contra los poderes fascistas-” dijo el Che. 
Y agregó: -“Pero si no fuera así, si los poderes reaccionarios no vieran el camino inexorable de la historia, y no fueran capaces de comprender que aquella hora de la historia del mundo en que el hombre era el lobo del hombre está próxima a desaparecer, si no comprendieran eso, si el pueblo tuviera que volver a llenarse de dolor, de humillación hasta los dientes, empuñar de nuevo las armas y recuperar lo que es suyo en la forma que mejor la pareciera, podíamos decirle al compañero Líster, al gran luchador de aquella época, parafraseando los versos de Antonio Machado: “Si mi pistola valiera algo, en tu columna contento lucharía!”-.

Pero el Che nunca se subordinó a Líster, y sus tropas, que sí combatieron al colonialismo portugués y al racismo en Angola y Mozambique, jamás marcharon contra Franco. El Viejo Milesi murió en la clandestinidad, en una Argentina todavía dominada por los militares genocidas de Videla, a  los 94 años. Y Líster, olvidado por los españoles y los rusos, murió de viejo también, años después en España, en enero de 1994.

Javier Villanueva, São Paulo, diciembre de 2011.

quarta-feira, 21 de dezembro de 2011

O Congo Belga, um país e um rio de novela.

















Relendo Joseph Conrad, Roger Casement e Vargas Llosa sobre o Congo Belga

Entre os escritores de romances sempre houve uma atração especial, pelo antigo Congo Belga, onde o colonialismo foi ainda mais terrível –se isto fosse possível- que nas outras colônias europeias. As companhias belgas eliminaram simplesmente um 20% da população local.
Os horrores se concentraram no final do século XIX e inícios do XX e nessa colônia que era propriedade privada do rei da Bélgica, Leopoldo.
As atrocidades no Congo, bem exploradas pelas empresas e potências rivais foi toda uma revelação no ocidente imperialista, antes nunca interessado pelos colonizados.

Os romancistas iriam plasmar este estupor em duas linhas diferenciadas: a dos escritores colonialistas e a dos opostos à exploração imperialista. Os que se detacam, mesmo com as suas profundas contradições, são Conrad, Hemingway e Céline.
Conrad, que já comentei em maio no meu blog com motivo do lançamento da obra El sueño del celta, de Mario Vargas Llosa, é o melhor exemplo; seu livro Corazón de las tinieblas, ou Coração das trevas, ocorre no Congo leopoldino, num contexto de vegetação e fauna de luxúria, trevas, sombras e podridão, temperaturas irrespiráveis, sem horizonte...um outro planeta quase, tão distante e diferente da Europa dos brancos.
E o herói é branco; o negro é parte de uma massa sem forma, indolente e preguiçosa. Mas o branco também pode se infeccionar e adoecer nessa indolência primitiva. A escravidão e o colonialismo acabam sendo uma degradação do outro, mas também de si mesmo, do próprio branco escravizador. E o livro reflete o fastio, o cansaço, e a ambiguidade de não ficar claro se o horror está na escravidão e o colonialismo, ou na própria África sem jeito, irredimível por natureza.
O Congo volta a ser exótico, um cenário ou pano de fundo. Até no horror ao imperialismo e suas monstruosidades, o africano e seu hábitat seguem sendo exóticos.

O último romance de Vargas Llosa, O sonho do celta, já na linha oposta, é claramente uma obra sobre O Mal, e o demônio aqui é o colonialismo e suas malezas. O sonho do Celta conta a vida do representante inglês, Roger Casement (veja em http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com/search?q=roger), irlandês e fiel servidor do império britânico que, por ser um homem honesto, denunciou os horrores da exploração colonial no Congo Belga primeiro, e depois nas fazendas de siringueiras na Amazônia peruana e brasileira. Terminou no anticolonialismo e, para ser mais coerente, virou um nacionalista irlandês e se enfrentou ao seu patrão, o império britânico.  Foi pró-alemão na Primeira Guerra Mundial como um modo ingênuo de querer contribui à independência da Irlanda e acabou preso e executado.

Que distancia enorme entre este personagem real e os de Edgar Rice Burroughs e seu ridículo (a alguns parecia apenas ingênuo) Tarzan, incentivando não só a ignorância em relação ao outro, o que a religião chama “o próximo”, mas sobre tudo a distorção, a idealização do servilismo do escravo ao buanda, o buana, do selvagem inocente e infantil, intelectualmente inferior, e incapaz de se governar.
Como diriam os colonialistas espanhóis quando o seu império de cartolina ruiu de vez: ahí os quedais, ou como devem ter traduzido os colonialistas portugueses antes de 1975: fiquem com a sua miséria, ignorância e doenças, nós voltamos para a Metrópole; mas o colonizado sempre segue ao seu colonizador: Europa se encheu de africanos que agora não são mais estrangeiros, horror! São franceses, britânicos, espanhóis, portugueses, belgas e holandeses...mas continúam sendo negros e a maioria musulmanos!
O “problema” colonial é uma bomba-relógio, como as favelas são o tic-tac do explosivo que a escravatura deixou no Brasil, na Colômbia, Venezuela e o Caribe.

J.Villanueva, dezembro de 2011

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domingo, 18 de dezembro de 2011

A mulata e a difícil missão de eliminar o tirano Videla (conto completo)



1.

Juancito entrou no quarto alugado da doña Manuela e se encontrou com ele de cara, assim, de chofre, sem aviso prévio. Bem ao lado do roupeirinho e na frente da lua do espelho, que não o refletia, e sobre o qual ele nem fazia sombra. O Diabo não lhe deu tempo de nada: antes que o Juancito pudesse pestanejar ele já o tinha levantado até a altura dos olhos, fitando-o com o olhar vermelho dos bêbados, mas sem falar palavra. Era o fim de uma época e Juancito teve tempo de refletir nesses longos segundos, lembrar e repensar os últimos seis anos.

Seis anos e meio na realidade; e hoje, 24 de dezembro de 1975, à noite, é o fim desse ciclo. E Juancito lembra que tudo começou em 1969, com enormes mobilizações populares; o Cordobazo, a insurreição operária e popular que tomou conta de Córdoba, e depois igual em Rosário, e em quase todas as capitais da Argentina.

Menos em Buenos Aires!- solta uma gargalhada o Diabo, e Juan que é valente e destemido, sente as pernas frouxas, mas não desmaia. 
Sim, mas e agora? E o Rodrigazo?- desafia Juancito o Diabo, porque apenas seis meses antes desse Natal doloroso para muitos, milhares de operários de todo o Grande Buenos Aires tinham saído às ruas e jogado na lata do lixo da história ao ministro de economia, Rodriguez, e ao Bruxo López Rega, alma do governo de Isabelita e das Três A. Mas o Juan sabia que o ciclo se fechava. Essa tinha sido a última de centenas de enormes mobilizações populares, "puebladas", e alçamentos de operários. E sabia Juancito que, por trás dos fascistas das Três A e de López Rega, soavam ensurdecedores os ferrolhos das metralhas e as 45 dos milicos. Juan não tinha a menor dúvida que, depois da Isabelita, botas e fardas ocupariam a cena nacional, outra vez, como no Chile e Uruguai, como no Brasil.

-Vim te oferecer um trato sério- disse o Diabo, e Juan pensou, já sei, o arqui-conhecido negócio de comprar a minha alma. 
Senhor Sete Peles, eu sou ateu, não acredito em almas nem em vida eterna, muito menos em vida após a morte, morreu, acabou; mas posso ouvir a sua oferta, e se for do meu interesse, sem compromisso...- mas o rugido do Diabo não deixou o Juancito continuar. 
Cala a boca Juan! aqui não é porta de cadeia, nem refeitório universitário, nem comissão interna de fábrica. Chega de discursos. Quero a tua alma a troca de uma missão difícil, porém, possível: matar o Videla.

Juan parou e pensou: por que matar o Videla e não o Bruxo López Rega ou o general Menéndez? E claro, "o diabo sabe por diabo, mas sabe mais por velho", pensou. O Videla deve ser o cara que vai dar o golpe, é claro; ele é quem levou as tropas para esmagar Tucumán. Fazia menos de três semanas que Juan tinha conseguido fugir do cárcere em Encausados de Córdoba, apoiado por dois comandos da organização comunista Poder Obrero. E lembrava Juan que nesses seis anos e meio, que também era o tempo de vida da sua organização revolucionária, haviam florescido dezenas de grupos de combate, socialistas alguns, peronistas outros, que tinham pegado nas armas para defender-se da ditadura primeiro, e para atacar quartéis e delegacias mais tarde.

E mesmo que as duas linhas avançassem paralelas -os operários lutando nas ruas por um lado, e as organizações revolucionárias enfrentando os milicos nos quartéis-, poucas vezes tinham se tocado. É verdade que centenas de trabalhadores em todo o país tinham entrado nas milícias irregulares; verdade também que dezenas de greves e ocupações de fábricas, bairros e favelas tinham sido dirigidas pelos militantes dos pequenos partidos insurretos. Mas o Juan sabia que o tempo da revolução estava se esvaindo entre as mãos, e nem a vontade dos revolucionários, nem as das próprias massas populares podiam torcer já o rumo que as forças políticas tinham traçado: o peronismo no governo estava totalmente desarticulado; o povo não acreditava nesses políticos, burocratas sindicais ou fascistas. Os pequenos partidos revolucionários sendo descabeçados uma um.

- E qual é a tua vantagem em matar o Videla? E por que eu, além do mais?
- Porque você é íntegro e lúcido; é um “puro”, convencido do destino inevitável de uma mudança, sempre e quando o povo puder e quiser fazer essa mudança. E você é certeiro, e não vai falhar. É uma missão difícil, mas não impossível!- retrucou o Sete Peles, e largou o pescoço do Juan que havia passado esses longos cinco? dez? minutos pendurado contra a parede, apertado pela mão de ferro do Diabo. 
Vou te deixar pensar uns dias. Noventa dias, para ser mais exato. Duvido que em março do ano que vem você não queira matar o general Videla -.
- Mas se eu não tenho alma, Lúcifer...ninguém tem! Como eu vou te pagar?- disse Juancito, fazendo a última tentativa de negociar com o Diabo. Mas o Mau desapareceu, virou fumaça, deixando o fedor do enxofre no quarto, e o Juan pensativo.



2.

Dia 24 de março de 1976: três meses exatos depois do maior ataque de uma guerrilha a um quartel em América Latina, quase seis meses sem grandes mobilizações populares ou operárias, um helicóptero parte do terraço da Casa Rosada com a presidente Isabelita presa, prisioneira do golpe militar de Videla que em menos de 48 horas já havia prendido centenas de militantes populares, forçado enfrentamentos armados e assassinado a dezenas de estudantes, operários, profissionais liberais, e a centenas de outros opositores que as Três A de López Rega não tivessem eliminado antes, nos meses anteriores ao golpe.

E um segundo diabo se aparece em Buenos Aires, agora na casa do Índio em Lomas del Mirador; e a proposta é a mesma: matar o Videla. O Índio ri, descrente de deuses, diabos e vidas após a morte.

– Olha, seu Mandinga; desculpe mas não acho que eu possa matar o Videla; é difícil e é inútil. Pra que? Os milicos colocam outros dois generais no lugar, na hora! Além disso, tudo bem, eu faço a ação –que não deixaria de ser justiceira, concordo- mas nem tenho alma para lhe pagar. Aliás, eu deveria ser pago pelo risco - tentou ainda o Índio Santiago.

-Ok, seu Índio; você é um revolucionário, acredita no povo e na classe operária e não enxerga o benefício de eliminar o tirano. O problema da alma, de vida após a morte, etc., deixe por minha conta. Mas fica claro que daqui a uma semana, exatamente, você e outros dois escolhidos se encontrarão em São Paulo, e deixarão tudo pronto e em ordem para atacar o Campo de Mayo, bem no dia da visita do general-presidente Videla. Não há porém nem desculpas. É uma ordem e você não tem escolha. Dia 4 de abril espero vocês no vão do Masp, às três e meia da tarde. Vou estar vestido de camisa azul e calça branca. Não falhe- e saiu o Diabo batendo a porta e deixando um rasto de fumaça azulada e um fedor insuportável a enxofre e fósforo.



3.

Era meia noite do dia 25 de março, em Córdoba, e o velho Pedro Milesi preparava a sopa para ir dormir na casa da Susana Fiorito, amiga e companheira de mil lutas. As tropas já haviam cercado a casinha onde ele morara até o dia 19, e começaram a caça ao mais velho dirigente vivo, lutador e testemunha das gestas heróicas do povo nos últimos sessenta anos.
- Pedro Milesi, sou eu, Satanás, o Sete Peles, e não vou repetir a minha proposta: você vai ajudar matar o Videla- soltou rápido e direto o Diabo.

- Ruá, ruá, seu Diabo- gargalhou o Velho Pedro, que alguma vezes já foi Eduardo Islas e outras Pedro Maciel; e riu com o sotaque e a fonética dos índios tehuelches que ele conhecera na Patagônia, nas suas lutas para organizar os peões rurais. – Deixe eu rir, Satanás, eu sou velho, nasci em 1888, não vou durar mais do que três ou quatro anos. Além do que, o meu antigo desejo era matar o Franco primeiro- retrucou, audacioso, o Pedro Milesi.

- Matar o Franco - acariciou-se a barba espessa do cavanhaque o Diabo. –Até poderia ter sido, Pedro, mas você não acha que foi melhor assim? O Generalíssimo agonizou na cama, durante meses, como tinha sido previsto na “Maldição a Franco” de Pablo Neruda, lembra? Franco morreu, além do mais, eu já tinha visto antes o general Líster, o republicano que cruzou o rio Ebro e deu a surra nos franquistas

E, sim, o Velho Milesi lembra que o Líster se exilou em Cuba, anos depois de perdida a guerra civil na Espanha, e sempre esperava apoio do Ché. E Guevara até lhe ofereceu a sua arma, e propôs publicamente ficar sob seu comando numa eventual invasão à península. E antes, ainda, o general Bayo, republicano mas não comunista, exilado no México que adestrou nas técnicas de guerrilhas os revolucionários do Granma, mas que por ser velho demais não foi pra Serra Maestra, e que chegou depois em La Habana depois da vitória de Castro, com a esperança de uma ajuda cubana para derrocar a Franco, o que nunca recebeu, de tal maneira que Bayo terminou seus dias em Cuba...

- Não, seu Diabo, eu não pude fazer justiça com o velho tirano Franco; e você não ouviu o Líster nem o Bayo para dar fim no generalíssimo, a eles que tinham um exército guerrilheiro do lado; por que eu iria confiar na sua ajuda para dar cabo no general Videla?- foi cedendo Milesi, curioso mais que ansioso de saber como é que se poderia acabar com o chefe dos sequestradores e torturadores da ditadura.

4.

O Juancito chegou primeiro ao Parque Trianon, na avenida Paulista, bem em frente ao Museu de Arte, e sem esquecer as medidas de segurança, e das normas conspirativas, passou uns quinze minutos olhando bem para cada uma das pessoas que estavam no o vão do Masp, ou perto do amplo pátio debaixo do museu. Não havia ninguém com roupas azuis ou brancas, a não ser um par de estagiários médicos do HC, japoneses e demasiados jovens para ser o disfarce do Diabo.

Juan tinha chegado a São Paulo na data certa marcada dias antes pelo Satanás, mas não sem antes duvidar bastante se devia ou não sair da Argentina, se a ameaça que representava o golpe militar era suficiente para afastá-lo mesmo que provisoriamente da luta revolucionária, e sobre tudo, se a proposta do Diabo de eliminar fisicamente o general Videla não era uma loucura. Que era uma loucura tentadora, isso sim que era!, mas soava difícil, quase impossível, e sobre tudo inútil.

Duas noites antes de desembarcar a São Paulo, ainda na casa dos seus pais em Entre Rios, Juancito tinha se deixado vencer pelo cansaço e o sono, incapaz de decidir-se sem antes passar uns dias em família nas margens do rio Paraná.
Exausto, assim que chegou, teve um momento de abandono e fechou os olhos, para ver passar pela janela a longa procissão da tropa derrotada de Artigas; sem sair do sono, viu a cavalgada infernal dos espectros de centenas de negros e mulatos, índios charrúas e entrerrianos, correntinos e guaranis das Missões, com os chefes artiguistas à frente, o negro Ansina e Joaquin Martinez; cavaleiros feridos e mortos, gaúchos sem terras nem esperanças, e sem vidas; todos recentemente falecidos, esmagados pelas forças imperiais brasileiras e pela traição dos unitários portenhos. Petrificado de pavor assistiu Juan a passagem do exército silencioso rumo ao exílio no Paraguai. Compreendeu em seguida que essa horda apavorante de almas retornadas estava em fuga, e trotavam alguns, iam ao passo lento outros, e os menos até ensaiavam um galope curto, mordidos nos calcanhares pelas tropas da caçada do diabo, enquanto os homens de Artigas eram perseguidos impiedosamente até o interior por Ramirez, seu ex lugartenente, que atuava no papel do grande Satanás que golpeia os povos, escraviza os negros e mulatos, explora e oprime os índios e os imigrantes.

Acordou Juan e lavou o rosto, penteou o fino cabelo loiro e saiu da casa dos pais, decidido a viajar até São Paulo e cumprir o desejo do Diabo: eliminar o assassino Videla.

– Sou eu, Juan, não me reconhece? – disse o Diabo, e Juancito olhou pra trás e viu o japonês de camisa azul e calça branca, que desde seu esconderijo do Parque Trianon tinha lhe parecido um simplório estudante de medicina ou de enfermaria.

 – E a mim não me cumprimenta, seu Diabo?- perguntou irônico o velho Pedro Milesi que tinha acabado de chegar ao vão do Masp e confirmava com sua agilidade física e mental aos 88 anos que o Diabo podia saber por ser diabo, mas ele sabia muito também, por ser velho.

O Índio ainda não chegou, e ele sabe que não aceito atrasos- soltou uma baforada de fumaça azulada pelas narinas o Diabo, e dois adolescentes que tinham se aproximado até a sacada do patio que dá sobre o túnel da avenida Nove de Julho para puxar um baseado saíram correndo apavorados.

–Calma, Mau- disse com fina ironia o velho Milesi, –o Índio nunca foi pontual, além do que, ainda faltam três minutos para a hora marcada, calma. 

Olá, aqui estou, tive problemas na fronteira. Os milicos me pararam por meia hora em Puerto Iguazú; por fim me deixaram passar, mas perdi o ônibus e cheguei só agora na estação da Luz. Não conheço bem São Paulo e terminei vindo a pé mesmo- tentou se justificar, banhado de suor, mas alegre como sempre, o Índio Santiago.

Mãos à obra então: o plano mudou, eu ia fazer vocês voltarem a Buenos Aires daqui a um mês, para colocar quinze quilos de trinito-tolueno debaixo da pista de aterrizagem da aviação do exército em Campo de Mayo. Mudei de ideia, e agora é mais fácil; vamos pegar o puto do Videla na recepção do consulado argentino, semana que vem, dia 9 de abril, às oito da noite, no Hotel Hilton. Sabem onde é? Em frente ao Copan, um prédio com curvas do Niemeyer, na altura do 100 da avenida Ipiranga- anota rápido o Demônio, em três papeizinhos...ao mesmo tempo!, e passa veloz os apontamentos para cada um dos conjurados. O velho Pedro Milesi, mais experiente, pede mais detalhes:

–Sim, e o que pretende que façamos?- se atreve a perguntar o Juancito.

Já ia aos detalhes; vejamos: Milesi, você vai se vestir de fraque, camisa branca e lacinho, e o Índio vai representar seu guardacostas. Um ancião aristocrata, italiano, para não chamar a atenção, que vai puxar conversa com o presidente Figueiredo que passará rapidamente pela festa de recepção. O Índio Santiago vai mesmo armado, com uma pistola Browning calibre 7,65mm; não vai haver controle das armas a não ser para os argentinos. Milesi é italiano, e o Santiago passa por um argelino francês, de direita extrema, claro, vai furar todos os esquemas de bloqueio de armas. Além do mais, todo guardacostas vai armado, não?- completa o plano central o Diabo sem sequer olhar para o Juancito.

E eu, que faço?- pergunta o Juan, e o Índio não consegue evitar uma risadinha sarcástica com o camarada, que é menos habilidoso que o resto dos companheiros em matéria de ações militares. O Juancito nem se preocupa com as caras de riso do Índio, e olha fixo para o Mau.

Você Juan, vai fazer a parte mais importante do plano. Vai ficar na direção do Ford Galaxie Landau, novinho em folha, modelo 1975, com motor 5.8. O Milesi vai convidar o outro integrante da junta militar, Massera -que vem junto com o presidente Videla- até o seu carro dizendo que a mulata do Sargentelli, a Cristal, que ele tanto quer conhecer está esperando por ele. O Massera é putanheiro velho, não vai resistir à tentação. O Videla, que desconfia do Negro Massera, deve abordar o Índio para pedir detalhes sobre o que o almirante vai fazer, por motivos obvios de segurança. O Índio vai dizer ao Videla que a mulata mais bonita de São Paulo está esperando Massera; e o presidente não vai resistir a curiosidade. Ai entra você, Juancito, sentado na direção do Galaxie Landau, com a metralhadora Uzi com silenciador no colo. A Cristal vai estar a seu lado– disse o Diabo, sério e compenetrado, e o Juan não pode deixar de olhar rápido para o Índio que não perde chance de tirar um sarro e rir do amigo, e o Santiago de fato está segurando a gargalhada, imaginando o Juancito ao lado da mais bela das dançarinas do Oba-Oba da Paulista do Sargentelli.

E como é que eu vou matar o tirano assim, dentro de um carro, e com a mulatona ao lado? Não há risco de ferir a moça?- pergunta o Juan, sempre preocupado com a justiça das ações que o grupo de militantes se propunha realizar. E o Índio ri de novo, lembrando do Juancito quando falava que os do MRA eram “um reloginho bem lubrificado e preciso, sem erros”.

Fácil, muito fácil ou simples pelo menos, Juan- responde Satanás. –Você vai levar um enorme arranjo de orquídeas que a Cristal vai entregar ao Videla assim que ele entrar na parte de trás do Landau- e dentro das flores, acrescenta Juancito, uma poderosa bomba que dê cabo ao tirano assassino.

E se o puto do Videla suspeitar, tentar fugir, sair do carro de fininho, ou chamar a segurança, ai entra a Uzi e o silenciador, não é Juan? – sussurra o Diabo, sibilino, esticando as sílabas, suave, sedutor, e o Velho Milesi, que se mantinha calado e pensativo, sabe-se lá por que, lembra em seguida dos olhares lânguidos do Israel Vilhas.


5.

Tomando um “pingado” de café com leite e pão com manteiga no Bar Riviera, e depois de olhar a programação do Cine Belas Artes, o Índio e Juancito conversam sobre o trato que estão a um passo de fechar com o Diabo, e sobre a difícil missão de dar cabo no tirano Videla:

- Olha,meu, acho bem complicado esse plano do Malvado; primeiro, o velho Milesi tem que convencer na pele de um oligarca italiano, e já sabemos que só arranha um pouco do dialeto ligur; ele chegou muito jovem na Argentina. Segundo, eu tenho que arrasar na representação do mercenário argelino; nem sei falar bem o francês, muito menos o árabe! Ok, posso ficar quase mudo, já que milico não fala muito. Mas, e se o Almirante Massera não se interessar pela Cristal?...já sei, é difícil, é um marinheiro velho e putanheiro, e a mulata é linda; mas, e se por um acaso essa noite ele não quiser saber de mulher?- resmungava o Índio Santiago e pensava que Pedro Milesi, agitado do jeito que era, já devia ter saído pra rua bater pernas antes que o Diabo aparecesse de novo com a encheção dos pactos de sangue ou de tinta nankin.

- Pois é, Santiago, e ainda tem a pior parte: e se o Videla não estiver nem aí com o que o Massera decida fazer? E se o tirano número 1 decidisse essa noite não ter ciúmes do tirano número 2?- conjecturava Juancito quase sem olhar para o Índio, apenas como se falasse para si mesmo.

O velho Pedro Milesi entrou e largou um “Estadão” em cima da mesinha ensebada do bar, bem na vista dos dois camaradas:
- É mais conservador do que a Folha de São Paulo, La Nación e Clarín juntos, mas pelo menos não faz de conta que é moderno e progressista; leiam- e mostrou com um dedo curto e roliço a notícia na manchete da página três.

Estão vendo? No Brasil nem a vinda do tirano da Argentina impressiona. Os tiranos daqui são mais mansos e mais eficientes. A ditadura anterior, a de Onganía e Levingston durou sete anos na Argentina, e não creio que o assassino Videla dure mais do que isso. Agora os milicos daqui, esses sim, vão chegar aos vinte anos ou mais de ditadura. Olhem a notícia: Videla só ficará uma hora na recepção do consulado. Já passei na Rua Araújo, não tem ninguém cuidando do predinho onde fica a representação argentina, mas mesmo assim não vai ser fácil.

- Velho, você já passou? São oito e dez da manhã! Você não dormiu na pensão que eu deixei paga? Não vai me dizer que saiu de farra por aí!- tentou brincar o Índio e em seguida se deu conta da besteira, parecia o Gordo Lowe falando para o Juancito que não fosse gastar a grana da última ação em mulheres. Justo com o Juancito, que é um monge budista! E agora ele, se fazendo de engraçadinho com o velho anarco para quem o amor é livre, sim, mas é um compromisso, uma obra de arte que se constrói de baixo pra cima, como as estátuas, sem traições, sem pulos de cerca. Mas o velho nem deu bola e continuou com o comentário:

- Vamos montar esse plano de uma vez e evitar assim que o besta do Satanás siga querendo mandar em tudo. Afinal sempre fui sem Deus nem patrão, não é agora que vou ficar obedecendo um chifrudo sobrenatural!- e na mesma hora, claro, o Mandinda apareceu em pessoa, assim do nada, acotovelado na mesa, vestido de gaúcho, com botas, bombachas, cinto cravejado de moedas e facão cruzado atrás das costas. O velho nem piscou porque o muito malandro já sabia que o Malvado iria se apessoar assim que ele o mencionasse. Era toda uma encenação de propósito e, se bem o Juancito e o Índio deram um respingo e todos os fregueses das mesas vizinhas ficaram calados e apavorados com a súbita aparição, o velho Milesi continuou falando, como se nada:

- Então, só temos uma hora para chegar, aproximar-nos do tirano, oferecer ao almirante Massera o encontro com a Cristal, convencer o Videla de que também há farra para ele, ou pelo menos incentivar a curiosidade sobre o que anda aprontando o Massera e fazê-lo descer até o carro; e ainda o Juancito garantir que, se o Videla não aceitar as orquídeas com a bomba, a Uzi vai resolver o problema rápido e sem mais delongas - usava uma linguagem antiga o velho Milesi; falou tanto e tão rápido que o Diabo nem tentou pará-lo ou interromper a fala para dar novas ordens.


6.

O Diabo entrou xingando, puto da vida no bar da esquina do edifício Redondo, Ipiranga 83, onde o Javier iria morar quatro anos depois ao começar o longo exílio em São Paulo. Era o mesmo boteco onde Caetano, Gil e a Gal cantaram tantas vezes de madrugada, nas suas vindas a Sampa, de visita na casa do Mozaíde. O Diabo chegou vestido à usança antiga do campo: bombachas de gabardina, botas acordeão pretas, camisa a quadros e colete de couro de ovelha, lenço amarrado ao pescoço, e um gamulán argentino debaixo de um poncho vermelho. Chamou a atenção do boteco de imediato, e um bicho-grilo cabeludo ousou olhá-lo e rir das suas roupas. O Diabo cuspiu fogo e lançou uma asquerosa e azulada névoa de enxofre pela boca e pelo nariz; bramou com um rugido feroz e arrancou a viola das mãos do garoto, até então desafiador e pedante, e o jogou para o outro lado da avenida, entre a igreja da Consolação e a Praça Roosvelt.

Voltou Satanás pra mesa na calçada onde esperavam Milesi, o Índio e Juancito. Quando sentou ainda tinha o queixo tremendo de fúria, e faíscas escapando-lhe do olhar avermelhado. Os três camaradas decidiram nem fazer perguntas e deixar o Malvado se acalmar primeiro.

- Bom, a situação na Argentina está uma merda- comentou o Diabo, e os três amigos se entreolharam, pensando por que podia ser que o Demônio tomasse o lado deles e do povo argentino que, sim, realmente estava na pior. E sobretudo, por que o Malvado quereria matar o ditador Videla?

- As coisas vem piorando, são momentos muito duros porque já começou a infausta “contra-ofensiva” dos Montoneros, e muita gente está voltando da Europa para a Argentina, e os milicos estão pegando dezenas deles nas fronteiras e nos aeroportos; pelo seu lado, os militantes do PRT-ERP acabam de se fracionar. Já muitos dos intelectuais e políticos que até agora eram “revolucionários”  estão se perfilando com uma boa disposição “pragmática” que vai levá-los, mais tarde ou mais cedo a apoiar algum setor da ditadura para tirar o Videla e a ala mais dura do poder. A ditadura, enquanto isso continua como seu léxico burocrático-militar copiado dos nazistas, e agora acunhou ainda a sigla BDSML para denominar as “Bandas de Delinquentes Subversivos Marxistas Leninistas”.

-Tá bom, Lúcifer, chega!, o que você quer nos contando isso tudo que estamos carecas de saber?- arrisca o velho Milesi, sempre mais atirado e audacioso que os outros dois colegas, talvez por estar mais perto da morte, por ser o mais velho e ter passado tantas e tão difíceis situações na sua longa existência. E o Diabo nem liga para os atrevimentos do Velho, responde mais calmo, mais ainda com os olhos cheios de sangue e de ódio:

- Quero que vocês matem o tirano Videla, mais nada, e nem interessa o por que. Não são vocês, miseráveis, que vão me exigir uma explicação. Amanhã à noite, o Índio estará fardado com as vestes de um mercenário argelino, quardacostas do Velho; Milesi será um italiano ricaço e o Juan o motorista com a Uzi no colo, no volante do Landau, sentado à frente da Cristal, mulata linda e irresistível, com um arranjo de orquídeas “bombado” para explodir pelos ares o filho da puta do Videla. Está claro?- rugiu O Diabo, e cuspiu fogo no chão; parecia quase derrotado pelo Pedro Milesi; fez uma careta de raiva e cansaço e levantou uma nuvem azulada e asquerosa com o rabo pontiagudo e peludo que apareceu por debaixo do poncho.

Depois pagou a conta a todos os aterrorizados e estupefatos frequentadores do Redondo e foi embora, batendo as portas do bar com tanta raiva e frustração mal contida que os velhos vidros se quebraram em mil pedaços. A Elis
Regina, que na tarde anterior já tinha visto os três com o Diabo no Bar Riviera fez um sinal da cruz no peito e saiu de fininho.


O Velho Milesi nem esquentou a cabeça com a raiva momentânea do Diabo, e em seguida se dedicou a contar história para divertir seus dois jovens camaradas:

- O historiador Ricardo Rojas, que passou a juventude em Santiago del Estero, contou a meu tio Fuenzalida que o Demônio, também conhecido como Supay, prefere a forma humana para aparecer- começou a contar o Milesi para entreter o Juan e o Índio.  Ele certa vez encarnou no corpo de um rapaz bonito, aparecendo do nada em um rancho para atentar os desejos de certa mulher ingênua. Mostrou-se em outra ocasião como um gaúcho rico e jovem que visitou a floresta em seu cavalo enfeitado de mágicos arreios, dizia Rojas, e o velho Victoriano Unzaga contava que o Maligno vive nos vários lugares da tentação,em meio do jogo e do prazer-.

O Supay, segundo o Velho Milesi, é quem rege as reuniões da salamanca, e tem como súditos sapos, víboras, duendes e os desditados que venderam suas almas em troca de alguma graça terrena. Ali vão bruxas, almas condenadas e demônios dos infernos, e ao entrar na caverna todos beijam o traseiro de um carneiro e logo se entregam à farra. De longe se ouve então o estrondo da música e as loucas gargalhadas dos condenados, que ficarão vários dias sem dormir e nem vão notar o cansaço.

- E pelo que me contou o velho Israel Vilhas, que era um virtuoso da palavra, ele conheceu um ferroviário que tinha beijado o carneiro numa caverna de La Quebradita de Tafí del Valle, e que depois disso, quase não envelhecia. É que os ardis do Supay para alcançar seus objetivos são infinitos, seja na pele de uma criança ingênua, ou de uma mulher linda e provocadora. A história sempre acaba com um contrato assinado com tinta nanquim e com a morte do incauto que, seja para conseguir uma mulher, ou pra cantar, ou por dinheiro, entregou o único bem que o homem não deve descuidar: sua alma eterna - diz o Velho Milesi e ri, solta estrondosas gargalhadas que espantam ainda mais aos poucos e apavorados fregueses do Redondo, ele, que não acredita em alma nem em demônios, em deus nem em patrão, mas agora está lidando com o Malvado em pessoa, ajudando seus camaradas Juancito e o Índio Santiago na difícil tarefa de eliminar o tirano Videla.


Final

Antes da sua saída estrepitosa, o Demônio tinha entregado dois maços de cigarro na mão do Índio. O velho Milesi explica: um maço do famoso tabaco Nakhla, egípcio, que o Índio vai fumar durante a meia hora de “custódia” ao Pedro Milesi na recepção do consulado. Tinha que acender três ou quatro cigarros, só para mostrar aos guarda-costas do Videla e do Massera que se tratava mesmo de um mercenário argelino. O outro maço era de papel de seda para que o nosso velho “italiano” preparasse o fumo avulso. Também havia filtros para que o Pedro Milesi gastasse alguns minutos mostrando aos custódios dos milicos argentinos que além de rico era sovina, já que o tabaco na Itália é caro e um bom milionário não joga dinheiro fora. 


O disfarce vai ficar perfeito- comentou o Juancito, que começava a se entusiasmar com o plano.

Na noite da ação planejada, e depois de longos vinte e dois minutos de começada a recepção no Hotel Hilton, estacionado no Landau a poucos metros da sede consular argentina, o Juan já não tinha mais o que conversar com Cristal, a mulata do Sargentelli. Juancito sabia que o empresário de shows do Oba-Oba não permitia a suas dançarinas nenhum tipo de safadezas, mas nem por isso o nosso entrerriano conseguia afastar mais de dois minutos seguidos os olhos e a imaginação das pernas da moça.

Quando o sino da igreja da Consolação bateu nove e trinta, exatamente, o Índio desceu as escadarias do Hilton; um metro atrás Massera e dois guarda-costas aparentemente armados só com pistolas, e Videla, com o seu custódio. Fechando o cerco, Milesi, branco como um papel. Juancito esqueceu rápido das curvas da Cristal que não o tinham deixado se concentrar na última meia hora, e apertou o punho na culatra da Uzi.

- O que se passou enseguida, Javier- me conta trinta e cinco anos depois o Índio Santiago enquanto mastiga um pedaço de tamal no restaurante boliviano de San Telmo – ninguém poderia ter imaginado, mesmo. O puto do Videla, como era de se temer, mais desconfiado e arisco que o outro tirano, Massera, foi ficando pra trás, enquanto que o almirante quase que mergulhava no colo da tão cobiçada Cristal.

- O velho safado gastava todo seu portunhol para tentar seduzir rapidamente a mulata, e o Videla ficava cada vez mais ansioso, mas sempre controlado e alerta- conta Juancito, e fica mais rosadinho que um neném porque se lembra, a contragosto, da nervosa e fantasiosa meia hora que passara aquela noite com a linda Cristal.

O caso, para não dar mais “delongas”, como diria o velho Pedro Milesi, é que o Massera pegou nas orquídeas e o Juan achou que o velho estava examinando o peso do arranjo e desconfiando do que era realmente aquilo. O Videla deu marcha ré na hora, e o Juan, nem lerdo nem preguiçoso, pegou na Uzi, saiu do carro...e a metralhadora travou. Deu tempo de entrar de novo, engatar a primeira e tentar sair, não sem antes a Cristal dar uma fantástica coice no traseiro do Massera, jogá-lo pra fora do Landau e abrir a porta para o Índio que corria com as pernas feito Freddie Flinston, quase sem tocar com os pés no chão.
Mas o melhor –ou pior, sei lá- ainda estava pra vir:

 -E foi nessa arrancada violenta do carro com o Juan ao volante, que nos demos conta de um detalhe: os guarda-costas  do Videla e do Massera, além de não estar armados com armas longas, não tinham arma nenhuma; tanto eles como eu, fantasiado de argelino, tínhamos sido desarmados pela polícia brasileira na entrada do consulado; e aí foi que o Juancito brecou de vez, e ambos pulamos fora do carro e começamos a dar socos de tudo quanto era jeito no Videla e no Massera! Os guarda-costas, enfrentados entre eles pelas inimizades dos seus chefes, não puderam reagir, e antes que viessem pra cima de nós, já dois fusquinhas da PM paulistana haviam chegado ao local e nos afastavam, sem sequer cogitar em levar detido ninguém, afinal de contas, argentinos ou argelinos, éramos todos estrangeiros à porta de um consulado, e além disso havia fardas e insígnias demais para a polícia paulistana se meter conosco- me conta, entre gargalhadas, engasgando com as migalhas do tamal, o Índio.

- Ou seja que, além de não matar o Videla nem o puto do Massera, fomos o único destacamento revolucionário dos anos setenta que conseguimos encher de porradas os dois fascistas e de algum modo lavar a alma que o Diabo queria nos levar!- ri o Juancito quando telefono para ele me detalhar melhor os acontecimentos daquela noite gloriosa e desastrada.

-O velho Pedro Milesi morreu na clandestinidade, mas o Videla vai morrer na cadeia, a pena perpétua e em cárcere comum- diz o Juan e me conta que nunca mais viram o Diabo, o que prova a teoria do Índio, que talvez o Videla e o Demônio tenham sido a mesma pessoa, que planejaram tudo apenas para nos pegar, de um modo mais sofisticado, e nos entregar nas garras da operação Condor. Mas não sei, não; a história se escreve por linhas tortas, e a velha toupeira da revolução pode ser cega, mas não falha: talvez o que queríamos nos anos setenta não fosse a revolução possível, mas a democracia que o povo foi arrancando e impondo aos poucos, essa sim vem conseguindo conquistas que nem imaginávamos na época. Vivendo e aprendendo.

Fim
Javier Villanueva, São Paulo, 2011.