terça-feira, 28 de fevereiro de 2012

Angola invadida, 2042. Crónica completa.





Angola Invadida
Crónica completa.

1ª Parte.

En los últimos días de agosto de 2042, Angola se encontraba en una grave situación económica: su deuda estimada por el Banco Central de la Confederación-BNDS el día 22 alcanzaba los 380.000 millones de Nuevos Guaraníes, contraída durante la larga guerra con Zambia y Zimbabue, a la que se había sumado algunos países del Golfo y entre ellos Qatar y Emiratos Árabes Unidos. 
Además, ante la reunión de la O.P.E.P. prevista para ocurrir en Ginebra el día 6 de septiembre, las diferencias de Lusaka y Dubai  contra Luanda se acentuaron ya que el emirato había decidido rebajar el precio del barril de petróleo a 140 Nuevos Guaraníes, mientras que Angola pretendía subirlo de 180 a 250, por lo menos. Por otro lado,  Zimbabue  le reclamaba a Angola el pago de NG$ 32.800 millones en compensación por el petróleo que, según Zimbabue, le había sustraído de su territorio en la zona de frontera con Zambia durante la larga guerra de los años 70 contra Portugal primero y contra las milicias apoyadas por los antiguos EEUU después. 

A los problemas de esas deudas dudosas y los antiguos conflictos petrolíferos se sumaron viejas rivalidades fronterizas que radicalizaron los viejos odios existentes por parte de las clases dirigentes de Zambia, país que se había abierto al decadente influjo de los capitales ingleses y de los remanentes 23 estados de los antiguos EEUU. Zambia volvió a reivindicar la soberanía sobre las tierras de Liwa Plains y  su parque nacional Sioma Ngwesi, situadas a pocos kilómetros de la línea  fronteriza oeste de Angola, que los dirigentes de Zambia consideraban aptas para instalar bases aéreas de lanzamientos de misiles tierra-tierra y que, por la misma razón, el gobierno popular de Luanda, aliado a la poderosa Confederación Brasil-Argentina, no aceptaba militarizar.

En este marco de conflictos irresolubles durante décadas por las vías diplomáticas, la crisis entre Zambia, Zimbabue y los países del Golfo Pérsico por una parte, y Angola por la otra, estalló en la madrugada del 2 de septiembre de 2042, cuando un poderoso ejército con tropas combinadas de los dos vecinos africanos, formado por 300.000 hombres fuertemente armados invadió en un ataque relámpago los territorios angolanos de las Coutadas Públicas de Luiana,  Luengué y Mavinga, a los que ocupó en menos de cuatro horas encontrando pocas resistencia, huyendo el grueso de la población rural, que se refugió a lo largo de las primeras semanas de septiembre en Lubango y Huambo, aumentando el hacinamiento urbano en las periferias de las dos ciudades.

El día 8 los invasores llegados desde África central decidieron la anexión total e irreversible del territorio ocupado; el día 10 la alianza Qatar-Emiratos Árabes Unidos hizo un llamamiento a una guerra santa contra la Confederación Brasil-Argentina, aliándose con la fracción más conservadora de los Tea Party, gobernantes de los 23 Estados Confederados de los antiguos EEUU y en favor de la recuperación definitiva de los pozos petrolíferos del Este angolano ahora en poder de Zambia-Zimbabue; es que, según los fundamentalistas norteamericanos y las oligarquías del Golfo Pérsico, la poderosa Confederación sudamericana y Angola eran dirigidas por partidos socialistas revolucionarios y sólo se podría recuperar el antiguo poderío árabe-norteamericano con la guerra total.
El 3 de septiembre de 2042, al día siguiente de la invasión de Angola por Zambia, el Consejo de Seguridad de las Nuevas Naciones Unidas exige unánimemente la retirada inmediata e incondicional de todas las fuerzas invasoras de las posiciones ocupadas. Es la Resolución 756.
El 4 de septiembre de 2042, el Consejo de Seguridad votó y estableció las condiciones para un alto el fuego definitivo: reafirmando las 19 resoluciones anteriores, exige el reconocimiento de la antigua frontera internacional de 1975 y la posesión de  Liwa Plains y  el parque nacional Sioma Ngwesi  por parte de Zambia, así como los territorios angolanos de  las Coutadas Públicas de Luiana,  Luengué y Mavinga  deben volver a permanecer bajo control de Luanda, según resoluciones del año 1963. 
De inmediato se envían fuerzas de la Nueva ONU a una zona desmilitarizada que se creará entre ambos países, 10 kilómetros en el interior de Zambia y otros 5 hacia adentro de Angola. También se invita a los países de las oligarquías del Golfo Pérsico a firmar los protocolos internacionales sobre la prohibición de fabricación, almacenamiento y uso de armas químicas y bacteriológicas y a la retirada y destrucción de sus arsenales de estas armas en los territorios de Zambia o Zimbabue, y de todos los cohetes de alcance superior a los 50 kilómetros, bajo la supervisión internacional. 

Parte 2.

La presidenta de la Confederación Brasil-Argentina, doña. Lurián da Silva, desde su sede en la capital de la alianza, Santa Maria do Rio Grande do Sul, respondió inmediatamente al urgente pedido de ayuda militar y de apoyo diplomático realizado el 2 de septiembre, casi al medio día, por la presidenta de Angola, la señora Luana de Coutinho.

A la amenaza británica del uso de la fuerza y el envío de 18 buques de su marina de guerra para apoyar a las fuerzas de Zambia y Zimbabue, la Confederación respondió enviando 37 grandes naves, incluyendo dos porta aviones nucleares que se instalaron en frente al litoral angolano, a la altura de Lubango, casi en línea recta hacia las regiones de las Coutadas Públicas de Luiana,  Luengué y Mavinga, ocupadas horas antes por los invasores de Zambia.

La noche era cerrada cuando empezó el desembarco de las primeras fuerzas argentinas y brasileñas en Namibe y Tombua, en la costa de Angola; eran las 21.30 horas del 2 de septiembre de 2042, y las dos unidades de vanguardia, la Agrupación de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos, comandados por dos capitanes brasileños  al mando de una tropa de elite argentina de 220 hombres, partían del destructor Santa Trinidad y se internaban en los parques nacionales de Lona, Bicuar y Mupa, marchando hacia la zona ocupada por los invasores.

El 3 de septiembre, aproximadamente a las 2 de la madrugada, el Santa Trinidad detuvo nuevamente la marcha, ahora en la boca más occidental de la bahía, entre Amelia Beach y Praia Azul, y desembarcó 570 marines y 204 paracaidistas que inmediatamente tomaron el control de la reserva de Namibe.

El primer destacamento se dividió en dos grupos: el más numeroso, al mando de un teniente brasileño, comenzó una larga y penosa marcha de 28 kilómetros hacia el cuartel de las fuerzas armadas de Angola, ex-cuartel general de la SWAPO que fuera atacado tantas veces por la UNITA en las guerras civiles de mediados y fines del siglo XX; el segundo marchó hasta la antigua base del principal contingente cubano que había llegado a la ciudad de Lubango  en los años de 1970, y de la cual despegaron gran parte de los cazas cubanos que combatieron en la Guerra de Frontera contra la antigua Sudáfrica segregacionista. 

Esta vez, el 3 de septiembre de 2042, 23 cazas Sea-Harrier 2038, comandados por pilotos angolanos, brasileños y argentinos salieron en simulacro de ataque a las tropas invasoras de Zambia.

El 4 de septiembre, Gran Bretaña -alertada por los 23 estados remanentes de los antiguos EEUU- puso en marcha la réplica con una acción militar, materializada en el envío a la zona del conflicto de seis submarinos nucleares, y una aparentemente poderosa Fuerza de Tareas.
Todo esto corría paralelo a un accionar diplomático, a pedido del Presidente Gaston de Francia y Löwer de Alemania para que se disuadiera a los gobiernos de Zambia y Zimbabue, y a los Emitatos Árabes de emplear la fuerza contra las tropas brasileño-argentinas que se desplazaban en apoyo a Angola.

A partir del 5 de septiembre, Brasil, Angola y Argentina llevaron adelante una maniobra decididamente ofensiva en lo político, económico y psicológico, en tanto que, sin pausa,  ejecutaban la concentración de fuerzas para la reconquista de las áreas ocupadas.

Desde el primer momento, como en otras ocasiones de su historia pacifista y conciliadora, el planeamiento y desplazamiento de los medios militares brasileño-argentinos, se habría realizado con la intención y el convencimiento de deflagrar una acción bélica. Agotados los medios diplomáticos y las negociaciones pacíficas, estas acción  podría ser relámpago o más o menos prolongada, cruenta o incruenta, según el grado de resistencia que opusieran las fuerzas centro-africanas; en cualquiera de los casos la Confederación y Angola estaban preparadas para la guerra.

En este sentido, las negociaciones en la Nueva ONU constituían en un cierto sentido una pantalla, que les daba tiempo, y encubría las reales intenciones del país agredido y sus aliados sudamericanos, que era preparar sicológicamente a la opinión pública mundial, mientras creaba un justificativo válido –por ser real- para una probable, lamentable e ineludible guerra.
Su objetivo era la reconquista total y definitiva de los territorios angolanos invadidos, acatando de hecho las disposiciones dispuestas por la Nueva ONU.

Tanto la Armada Republicana Británica como la ex 5ª flota de los antiguos EEUU, -aunados en una última tentativa de presión sobre Brasil-Argentina y su aliado Angola- se encontraban próximos a jubilar de los servicios un 70 por ciento de sus flotas, lo que hubiera dificultado cualquier tentativa seria de ataque o de contraataque, eliminando de hecho su eventual victoria sobre las fuerzas de Brasil-Argentina, naciones con más de sesenta años sin guerras, pero permanentemente alertas ante los peligros de los viejos y caducos ex-imperios. 

Sobre la costa angolana había, al atardecer del día 4 de septiembre de 2042, dos grandes destructores misilísticos ARA Hércules B-52, de 5.400 toneladas, con 4 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque cada una, y cada lanzadora con 12 misiles, 9 lanzamisiles dobles antiaéreos Sea Dart- 2038, 6 cañones de 114 mm, 5 antiaéreos de 20 mm, 9 lanzadores triples de torpedos de 324 mm y 24 helicópteros Westland Sea Lynx -2040. 

Por otro lado, como modo de poder neutralizar un posible ataque combinado de los Emiratos Árabes y de Qtar, Brasil y Paraguay habían apostado entre Bandar-e-Khamir y Bandar-e-Abbas, a la entrada del Golfo Pérsico, 18 corbetas misilísticas Drummond P-31, de 1.250 toneladas, 24 lanzadoras de misiles MM-2038 Exocet antibuque, cada una de ellas con 12 misiles, 6 cañones de 100 mm, y 5 doble cañones de 40 mm importados de los antiguos EEUU en 2041. 

A su vez, Uruguay, el Estado Asociado de Islas Malvinas y Argentina, desplazaron hacia la parte estrecha del Golfo de Azadi tres corbetas misilísticas Granville P-2033), de 1.350 toneladas cada una, con 8 lanzadoras de misiles MM-38 Exocet antibuque , y cada una con 15 misiles, 4 cañones de 100 mm y 3 dobles de 40 mm, producidos por Paraguay en 2036. 

El Nuevo Submarino ARA Santa Fe S-2021, de 1.526 toneladas, con 18 tubos lanzatorpedos de 254 y 533 mm, modelo 2039, se apostó en frente a las playas del parque nacional Nayband Marine de Irán, a pocos minutos de Al-Rwais y Al-Mafyar. De inmediato, Irán se declaró a favor de la Confederación y de la agredida Angola, y amenazó con cerrar el Estrecho de Ormuz, advirtiendo a los estados remanentes de los ex-Estados Unidos y a Gran Bretaña, que no enviaran sus portaaviones al Golfo Pérsico. Los 23 Estados respondieron tímidamente que sus portaaviones pueden patrullar donde sea necesaria la libertad de navegación, ante lo cual Irán empezó a realizar ejercicios navales en el área del Estrecho.

Nuevamente -y tal como había ocurrido en "la Guerra que no fue" de 2038, cuando Gran Bretaña amenazó retomar el estado Asociado de Islas Malvinas- la enorme presión internacional a favor de Brasil-Argentina y su aliada Angola desarmó el posible conflicto.

A diferencia de las viejas potencias colonialistas e imperiales, la Confederación Brasil-Argentina y su enorme red de alianzas, en América Latina y África Oeste y Sur, habían impedido los conflictos armados con solo estirar los músculos y sin necesidad de disparar un único tiro.

Las Nuevas NU enviaron tropas de Cascos Azules que se instalaron preventivamente entre los territorios de Liuwa Plains y  su parque nacional Sioma Ngwesi en Zambia, para fiscalizar el retiro pacífico y el desarme del enorme contingente militar que había invadido Angola. Y, lógicamente, se prohibió a las oligarquías de Zambia y a Zimbabue instalar cualquier tipo de bases aéreas de lanzamientos de misiles.

FIN
Javier Villanueva. São Paulo, 23 de febrero de 2012.








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