sexta-feira, 18 de maio de 2012

La azafata, el vestido azul y la Guerra Española. 3ª parte. Final



Ruben Reveco - muchacha con vestido azul

Ilustración: Ruben Reveco, “Muchacha con vestido azul”


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Parte 3. Final

––El 3 de mayo de 1937 la escalada de tensión entre el gobierno y los anarcosindicalistas llegó al punto culminante en Barcelona. Unos 200 hombres de la policía, trataron de tomar por la fuerza el edificio de la central telefónica, en la plaza de Cataluña, que desde el inicio de la guerra y por el Decreto de Colectivización estaba en manos de la CNT. Luego de muchas humillaciones y claudicaciones por parte del sindicato, algunos sectores de la CNT deciden resistir el asalto, temiendo que fuera apenas el comienzo de otras acciones aún más duras del gobierno. Tenían miedo de haber más asaltos a otros edificios de la CNT y rápidamente distribuyeron armas para defenderlos. La noticia se desparramó y se levantaron barricadas por toda la ciudad. Fueron las llamadas Jornadas de Mayo–– contaba el Viejo Pedro, y era de las tantas historias que me venían a la cabeza desde que llegué a España. Hace dos meses y medio que estoy en Barcelona y ya estoy trabajando en la misma fábrica del vasquito. Mejor dicho, donde trabajaba, porque lo mandaron a un curso en Francfort y me dejó el departamento.

––El POUM se unió a los anarquistas de la Agrupación Amigos de Durruti, y el Partido Comunista exige entonces que el gobierno ilegalice al POUM y detenga a sus dirigentes. Sus militantes pasan a la clandestinidad y se disuelven las milicias del partido en el frente de batalla–– leo en el Diario de la Guerra Civil mientras sigo en el bus por la Ronda Universitat, me bajo y camino hasta la Diputació.

Llego tarde al departamento, abro la puerta -y claro, no necesitan adivinar- me sorprendo al encontrarla a Roberta, esperándome sentada en los almohadones de la sala. Es verano, y lleva el vestido azul del uniforme, corto, liviano, parecido al que usaba cuando la conocí hace tres años. Al verme se levanta unos centímetros más la pollera y mueve lentamente las piernas, abriéndolas un poco, lo suficiente para mostrarme que está sin slip, ¡nada!, nada por debajo del vestido azul.

––Hola Roberta, ¿qué hacés acá? Otra vez el mismo juego, ¿qué querés? ¿Y tu hijo?–– ahora soy yo el que la apabulla con las preguntas, mientras me siento en las almohadas del piso, para calmarme, y de paso disimular la excitación.

––Tengo la llave del piso. ¿No te acordás que el Vasquito es amigo de la Perro y de Julia, mi compañera en la Air France¿Y de qué hijo me hablás? ¿No te referirás a Paquito, el nene de Julia? Sigo soltera y sin hijos–– me dice, con voz suave y ronca, y abre un poco más las piernas, y se recuesta sobre los almohadones, de modo que yo no pueda evitar mirar por debajo del vestido, y entrever el sexo moreno, e imaginármelo aterciopelado, a escaso metro y medio de mis sueños y de mis excitaciones nocturnas de los últimos tres años.

No, no aprendí mucho en mis últimos tiempos en Argentina; largué la castidad para el diablo, sí, pero sin nada de amores, sin demasiada amistad tampoco. Sólo y apenas un poco de camaradería, y bastante clandestinidad y miedos, como para aumentar las urgencias a la vez que las apaciguaban; y confundir un abrazo de alivio, un reencuentro apurado, una cama tibia y besos y sexo con cariño, confort, sopa caliente, o una noche más sin milicos, sin prisión ni secuestros, sin tortura ni muertes.

––No Roberta, no aprendí casi nada sobre el amor ni sobre el sexo desde que te fuiste. Me entusiasmaste y desapareciste. Y yo me quedé como Lindor Covas, el gaucho que siempre se sube al caballo y se va al galope, sin darle el beso a la china linda, a la que siempre la deja para otro día–– le digo, asumiendo el único perfil conquistador que descubrí en mí: el del antihéroe. Y es verdad, también las amistades coloridas -fugaces, tranquilizadoras en medio de los escondites, la violencia y la desilusión- nos exigían un esfuerzo de conquista. Pero ni la heroicidad no buscada, ni el intelectualismo obligado, nada le daba más carisma y gracia a un hombre joven en aquéllos días, que la humildad de saberse un despistado, coherente pero desorganizado, valiente pero gracioso en sus defectos y fallas bien asumidas.

––Tenés razón Abel, reconozco que soy una seductora histérica, pero sigo como vos, sin grandes experiencias, y también sin nada de amores; y aunque no me lo creas, esperándote–– se abrió lentamente un botón del escote del vestido y me tomó la mano para ponérmela sobre su pecho suave, moreno y rosado a la vez.

––Andreu Nin y la mayoría de los dirigentes del POUM son detenidos y desaparecen sin que las autoridades de la Generalidad de Cataluña sean ni siquiera avisadas. Después de detenido, Andreu Nin, es secuestrado, y como el PCE calumnia al POUM acusándolo de ser un agente fascista, divulga que los raptores son de la Gestapo. En 1989, al abrirse los archivos de Moscú, aparecen pruebas documentadas de la participación de los hombres de Stalin en el secuestro y asesinato de Andreu Nin. La represión previa lo había afectado bastante al POUM, que sobrevivió en la clandestinidad hasta el final de la guerra, pasando directamente, sin treguas, a la lucha subterránea contra el franquismo–– me contaba Pedro Milesi, hablándome de la tristeza y decepción de los militantes del partido combatiente de Cataluña; pero yo casi no le oía al Viejo, de tanto pensar en su nieta, la lejana Roberta. Y ahora, que la tenía a mi lado, en la misma Barcelona de tantos sueños mal dormidos, las fantasías se volvían realidad.

––Terminada la Guerra Civil, los dirigentes y militantes del POUM, como el resto de los partidos y sindicatos republicanos, tuvieron que exiliarse. Los que no pudieron hacerlo cayeron presos, fueron encarcelados o fusilados; o siguieron en la clandestinidad, tratando de continuar la lucha y la reorganización del partido–– cuenta Milesi y compara las batallas de España con las que revivió tres décadas después, en Argentina.
                            
                                  “En el dia de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado” redacta Franco el 1º de abril de 1939 su último parte de guerra, y se regozija de haber llamado a las tropas de Mussolini a invadir España; y por haber llevado a los mercenarios moros para violar y matar mujeres y niñas españolas; y se felicita por haberle pedido a Hitler que mandara su legión aérea a bombardear  el pueblo y matar niños, mujeres y hombres españoles en Guernica. Ha vencido la reacción de la oligarquia, el gran capital y la iglesia. Es lo que importa. El pueblo está de luto.

Y Roberta sigue siendo mi buena amiga. El amor no prosperó; en la hora más decisiva, el sexo tampoco llegó a ser nada espectacular; y yo, por mi parte, seguí mi largo aprendizaje, sabiendo ahora –varias décadas después de pasado el exílio- que en esos terrenos inexplorados de la identificación de un hombre con una mujer, los caminos son largos y tortuosos, y sólo la madurez trae la confianza suficiente como para entregarse y poder saber lo que son el amor y la pasión de verdad, distinguir uno del otro y aprender a conjugarlos en una única experiencia.

FIN
Javier Villanueva. Barcelona, 18 de mayo de 1979.

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