quarta-feira, 27 de junho de 2012

Las guerras calchaquíes de los siglos XVI y XVII.

 
Las guerras calchaquíes

Durante todo el período de la conquista los españoles no habían logrado entrar a los Valles Calchaquíes, donde se refugiara la cultura diaguita. Se trataba de una avanzada confederación de señoríos agro-alfareros independientes que pertenecían a la Cultura de Santa María, en la actual Catamarca. Tenían una lengua común, el kakán, y eran parte del gran grupo de la civilización andina. Los españoles los llamaron, por error, como calchaquíes, nombre de uno de los señores paziocas. Estos  se agrupaban en tres grandes naciones: pulares al norte, diaguitas al oeste y calchaquíes al este. Grupos menores eran los oclayas de unos 2.000 integrantes y los calchaquíes, unos 12.500, según estudios de Sotelo Narváez en 1583.
Un antiguo fervor independentista de los paziocas y la escasa cantidad de pobladores y soldados españoles en Tucumán, le permitió a la confederación diaguita defender mejor sus territorios. Estas luchas fueron conocidas como las Guerras Calchaquíes y duraron más de un siglo.
La Primera Guerra Calchaquí empezó en 1560, dirigida por el cacique Juan Calchaquí y los curacas Quipildor y Viltipoco. La confederación mantuvo a los europeos fuera de su territorio, arrasando tres ciudades nuevas fundadas por ellos: Cañete, Córdoba de Calchaquí y Londres. Y fue justamente esta guerra la que provocó la decisión española en 1563 de separar Tucumán de Chile para crear una enorme gobernación dependiente del virreinato del Perú.
La rebelión de Viltipoco ocurrió en 1594. El jefe de los omaguacas inició un nuevo alzamiento con un ejército de 10 mil lanzas diaguitas; sin embargo, los españoles comandados por el capitán Francisco de Argañaras y Murguía entraron y se emboscaron en la Quebrada de Humahuaca. Enseguida atacaron de sorpresa el campamento diaguita, matando a los caciques y capturando a Viltipoco, que fue llevado a San Salvador de Jujuy, en donde murió prisionero, años después.
La Segunda Guerra Calchaquí duró 7 años, de 1630 a 1637, liderada por el curaca Chalamín. Los diaguitas volvieron a destruir las ciudades que habían sido levantadas por los españoles, Londres II y Nuestra Señora de Guadalupe. En 1637 las tropas españolas capturaron y ejecutaron a Chalamín. Los habitantes del Señorío Diaguita que condujo la guerra fueron deportados y reducidos a la esclavitud por los españoles.
La Tercera Guerra Calchaquí se alargó por ocho años, de 1658 a 1667, y fue entonces que ocurrió algo fuera de lo común, al principio de los conflictos, en los que actuó un aventurero andaluz, don Pedro Bohórquez, que juraba ser el Inca Hualpa.
 Como los paziocas lo aceptaron como su líder militar, Bohórquez se movió con gran astucia. Logrado el apoyo de los jesuitas, el aventurero organizó un sólido ejército indígena de 6.000 lanzas con el que mantuvo bajo control a toda la región durante varios años. Sin embargo, en 1659 se entregó a los españoles con la intención de ser amnistiado, pero fue enviado a Lima y finalmente ejecutado.
La confederación siguió la guerra bajo el mando de José Henríquez. Derrotado el señorío de los Quilmes (*) en 1665, que condujo la tercera guerra, los españoles decidieron desarraigarlos por completo, deportándolos de sus pagos hacia los territorios pampeanos, cerca de Buenos Aires. Alrededor de 11.000 de sus miembros fueron llevados hasta donde hoy se levanta la ciudad bonaerense de Quilmes.
La guerra terminó en enero de 1667 con la derrota del último señorío pazioc. Los españoles tomaron la decisión de dividir y deportar a los pueblos diaguitas, reduciéndolos a la esclavitud.
Según crónicas del padre Pedro Lozano, los Quilmes procedían del Norte Chico, en Chile, y llegaron a los Valles Calchaquíes refugiados, huyendo ante la expansión del imperio inca.
Los calchaquíes, que no admitieron jamás el dominio extranjero ni permitieron a los vasallos del imperio inca asentarse en sus territorios, al ver a los Quilmes llegar desde Chile, los recibieron con las armas en la mano y tuvieron con ellos sangrientas guerras. Los consideraban vasallos del Inca hasta que, sabiendo que venían fugitivos de su patria por no sujetarse a aquel monarca, celebraron la paz y los acogieron en su país, y después de cierto tiempo, hasta se emparentaron con ellos.
Algunos historiadores objetan este origen, ya que los incas ya dominaban los Valles Calchaquíes y el Norte Chico cuando emprendieron la conquista de los valles centrales de Chile, no habiendo evidencias arqueológicas de la primera teoría.
Lo que sí se sabe con más certeza, es que los Quilmes entraron a los Valles Calchaquíes hacia fines del siglo XV. Su principal población –hoy en ruinas- se ubica en el extremo oeste de la provincia de Tucumán, a 2.000m sobre el mar, y era una ciudadela o marka, en el cerro Alto del Rey, que fue destruida por los españoles en 1667.
La nación de los Quilmes opuso una fuerte resistencia a los colonizadores durante los siglos XVI y XVII. La derrota final ante el gobernador de Tucumán, Alonso Mercado y Villacorta (*), luego del levantamiento del líder Quilme Felipe Calchaquí, produce el traslado al exilio de toda la comunidad. Fue entonces que las mujeres prefierieron arrojarse al vacío con sus criaturas en brazos antes de verse sometidas. Los sobrevivientes fueron llevados más de 1.200 km desde Tucumán hasta la reducción de Santa Cruz de los Quilmes, casi a orillas del Río de la Plata, hoy ciudad de Quilmes en el Sudeste del Gran Buenos Aires.
En el camino a Buenos Aires, los Quilmes habrían acampado en las inmediaciones de la actual ciudad de Carcarañá, a menos de treinta kilómetros de Rosario. Algunos estudiosos sostienen que los primeros pobladores de esta zona habrían sido entonces de la etnia Quilme.
Hasta hace poco tiempo se creía que los Quilmes estuvieran extinguidos desde 1812, cuando el gobierno argentino declaró “pueblo libre” a los habitantes de la reducción. Esto ocurrió el 14 de agosto, que es considerada la fecha de fundación de la actual ciudad bonaerense de Quilmes.
Algunos descendientes mestizos del pueblo Quilme viven todavía en el oeste de la provincia de Tucumán. Son de 200 a 500 descendientes directos de los hombres y mujeres que resistieron el sometimiento español, aunque ya muy mestizados. Habitan la zona de Colalao del Valle, en Tucumán y Fuerte Quemado, en el límite con la provincia de Catamarca, a lo largo del río Santa María, que corre entre las montañas del Aconquija y del Cajón.

En la actualidad hay en Tucumán dos pequeñas localidades, la Quilmes que se encuentra a unos 12 km al sureste de las ruinas de la antigua marka, y el sitio Rincón de Quilmes, a unos 20 km al oeste de la primera. Las ruinas fueron estudiadas y descriptas por primera vez por Samuel Lafone Quevedo en 1888. Casi cien años después, en 1978, se realizó una reconstrucción del pueblo. El idioma original de los Quilmes, el cacán, se perdió por completo como lengua hablada. Siguen practicando la adoración a la Pacha Mama, la Madre Tierra, a quien  le ofrendan regularmente sus alimentos y bebidas.

Destaque: Amaicha del Valle es una Comunidad Indígena del Pueblo Calchaquí. El poblamiento originario supera los 7 milenios, calculándose que hace unos 2.300 años se establecieron allí pueblos agricultores y recolectores antecedentes de la cultura Tafí.

En 1716 los españoles firman la Cédula real de 1716 reconociendo a los pueblos originarios como los justos poseedores de sus tierras En la cédula real de 1716 el Reino de España devuelve a las comunidades Calchaquíes la posesión de las tierras que ocuparon desde miles de años antes de su llegada.

“En esta ciudad de Buenos Aires, a los seis días del mes de Mayo de mil setecientos cincuenta y tres, ante mi el Escribano de Hacienda, Cabildo y Guerra, se presentó un Indio de edad como de setenta y cinco años con orden de su Excelencia el Señor Gobernador y Capitán General Don Antonio de Andonaegui, para que le diese testimonio de los títulos de las tierras de sus Indios: dicha orden la agrego a los títulos de su referencia, etcétera.- TESTIMONIO “Nos los Gobernadores Don Francisco de Nievar y Don Jerónimo Luis de Cabrera y los Jefes de su Majestad Real Don Pedro Díaz Doria y Don Francisco de Lamercado de Villacorta reunidos en este paraje de Encalilla para dar la posesión real al Cacique de los pueblos del Bañado de Quilmes, San Francisco, Tio-punco, Encalilla y Amaicha Don Francisco Chapurfe quien nos manifestó la Cédula Real que antes dimos, el año de mil setecientos diez y seis en el mes de Apriles, en la que se manifiesta que al ser bautizado su padre el cacique de la Ciudad de Quilmes y de todos estos Pueblos, Don Diego Utibaitina, se labró y selló con nuestros nombres un algarrobo grande, y estando reunida toda la gentilidad de Bacamaca y lagunas, se le hizo abrazar dicho algarrobo, coger agua en una timbe de asta, actos en señal de la posesión de tierras de dichos Pueblos.”

Javier Villanueva. São Paulo, 27 de junio de 2012.
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