quinta-feira, 1 de novembro de 2012

El viejo Pedro Milesi, los espartaquistas y Weimar




La República de Weimar

El viejo Pedro Milesi me contaba que la abdicación del Kaiser Guillermo II, el 9 de noviembre de 1918 marcó el fin de la Gran Guerra y la desaparición del II Reich alemán.

Ambos sucesos, me cuenta el viejo, desembocaron en la creación de la República de Weimar, así denominada por la localidad en donde se la instituyó, la misma ciudad de Goethe, Schiller, Nietzcshe y Schopenhauer.

La revolución empezó con el motín de los marineros de la flota de guerra en Kiel, que se negaban a sacar los barcos al Mar del Norte para lanzarse a una última batalla contra la escuadra inglesa como querían sus superiores decía Pedro Milesi. En pocos días la rebelión se desparramó por toda Alemania y llevó a la renuncia del Kaiser.

Esta república y sus amplias libertades democráticas durarían unos 15 años dice Milesi que en su mayor parte se dieron bajo una constante tensión económica, social y política. Y tuvo apenas dos presidentes: Ebert, de 1918 a1925, y Hindenburg, de 1925 a1934.

La República se organizó sobre la base de la Constitución de 1919, que fue proclamada en Weimar y llegó a ser una de las más progresistas de su época. Se establecía un parlamento con dos cámaras y un régimen federal de tipo presidencialista que le daba al presidente, elegido en sufragio universal, poderes especiales para gobernar por decreto, en el caso de una emergencia nacional. En los hechos, el papel del presidente era una alternativa de poder en relación al parlamento, que no rompia con el concepto del Reich. Aún así, la constitución creaba, por otro lado, una cantidad de libertades y derechos de carácter social y económico que fueron un precedente al llamado “estado de bienestar”.

Pero la República de Weimar tuvo serias dificultades que finalmente llevaron a su desaparición en 1933. La primera fue la frágil base política sobre la que se fundó. Fueron los socialdemócratas, apoyados por los liberales y el centro católico, los que impulsaron la constitución, mientras que la izquierda comunista y otros grupos, así como la extrema derecha nazi la atacaron desde posturas contrapuestasagrega el viejo Milesi.

A medida que la situación económica y social se iba deteriorando, los liberales y católicos le fueron retirando su apoyo a las instituciones republicanas; mientras tanto, los nazis no dejaban de aumentar sus fuerzas de choque.

La otra dificultad que encararon los gobiernos republicanos, especialmente el del presidente Ebert, fueron las indemnizaciones que Alemania estaba obligada a pagar a los vencedores de la Gran Guerra, unos 132.000 millones de marcos-oro que deberían ser pagados en 30 añosagrega Milesi.

El sese del pago de esas cantidades provocó la invasión de la cuenca del Ruhr por un ejército combinado franco-belga. La resistencia pasiva alentada por el gobierno alemán y el pago de sus costos por el estado genernaron un proceso de hiperinflación que llevó a una seria crisis a la economía alemana. Además de las indemnizaciones, los más ricos territorios en yacimientos minerales y otras áreas muy industrializados pasaron a manos de los vencedores. Alsacia y Lorena fueron transferidas a Francia que las había perdido en 1870 en la guerra franco-prusiana, y una parte de Prusia le fue entregada al recién creado estado de Polonia. Por outro lado, las colonias ultramarinas alemanas se repartieron entre Francia, Reino Unido, Bélgica, Japón y Australia—.

Estas cuestiones heredadas del fin de la guerra cayeron sobre las espaldas de los primeros gobernantes republicanos, acusados por la derecha y los militares de haber traicionado al país, al que le habrían asestado “una puñalada en la espalda”.

La tercera dificultad que le peso a la República fue su incapacidad para granjearse un apoyo fuerte de sus ciudadanos. Su política industrialista le sacó las simpatías de los núcleos agrícolas; y las clases medias urbanas, muy perjudicadas por la economia de la posguerra y la crisis de 1929, también le volvieron la espalda.

El sector más radical de la clase obrera, expresado por el Partido Comunista –KPD- simpatizante del bolchevismo ruso, acusó a los gobiernos republicanos y a los socialdemócratas en particular, de defender exclusivamente los intereses de la burguesia; y se lanzó a impulsar una revolución comunista en Berlín el 1º de enero de 1919, comandada por Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht.

El levantamiento empezó en diciembre de 1918 durante el 1er. Congreso Soviético de Alemania en Berlín. Los delegados de los Consejos de Trabajadores y Soldados, con la influencia del Partido Comunista de Alemania, exigieron la destitución del Mariscal Paul von Hindenburg como Comandante en Jefe, la disolución del ejército regular y su sustitución por una guardia civil elegida por el de la clase obrera.

Enseguida, el 1er. Congreso Soviético proclamó la huelga general y proyectó derrocar el gobierno, aunque sin la aprobación del Partido Comunista de Alemania, que no creía oportuno un levantamiento de obreros y soldados.
La líder comunista Rosa Luxemburgo sostenía que la situación alemana no era como la rusa, y que con soldados desmovilizados no se podría organizar una tropa de combatientes suficiente. Por otro lado, los bolcheviques rusos se enfrentaban aún a la reacción zarista auspiciada por Francia y Gran Bretaña, y no estaba en condiciones de ayudar de un modo eficiente a los comunistas alemanes.
Aún así, el jefe de los Espartaquistas, Karl Liebknecht, impulsó que la Liga apoyase la revuelta de los huelguistas y se pusiera al frente, pensando que éste sería el momento para aplicar en Alemania el ejemplo ruso de la Revolución de Octubre y derrocar al régimen.

La Revolución de los Espartaquistas fue duramente reprimida por el gobierno de Ebert, quien se valió de la ayuda de antiguos militares imperiales y de grupos de extrema derecha, los "freikorps".
El contraataque del ejército empezó el 9 de enero de 1919, comandado por el general Walther von Lüttwitz, con el apoyo de tropas leales y con los “freikorps” anticomunistas.
Las batallas de los obreros insurrectos marcaron la "Semana Sangrienta", con grandes combates urbanos en la capital alemanacuenta Pedro Milesi.
Los trabajadores de la Liga de los espartaquistas, atrincherados en sus talleres y fábricas, no tuvieron el esperado apoyo masivo de los soldados y de otros obreros, y no pudieron resistir el embate de las tropas regulares y de los “freikorps”.
El 15 de enero ya habían aplastado el levantamiento en Berlín. Los principales líderes de los espartaquistas, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, capturados por las tropas ese dia, fueron asesinados de inmediato. Estos crímenes desencadenaron por todo Alemania motines que resultaron en más de 5 mil muertos, miles de presos y el asesinato de los líderes de la izquierda.

Los grandes grupos industriales y capitalistas exigieron entonces un estado fuerte, capaz de garantizar sus intereses económicos y enfrentar a las fuerzas sindicales y al peligro que representaban los bolcheviques espartaquistas.

La República se derechizó y cada vez fue más tolerante con los golpistas nazis, permitiendo actuar con relativa impunidad a sus milicias paramilitares de las SA y las SS. 

Finalmente, el crack de Wall Street de 1929 y la consiguiente Gran Depresión destruyeron el escaso prestigio que mantenía la republica. El desempleo creció en amplios sectores de la sociedad, alcanzando los casi 8 millones de desocupados en 1931.
El 30 de enero de 1933 Hindenburg nombró canciller o jefe de gobierno a Hitler, que poco tiempo después suprimió la democracia y dio fin a la corta experiencia de la República de Weimar.

¿Qué más mató Hitler y sus hordas nazis antes de lanzarse contra los judíos y desencadenar la 2ª gran guerra? — Le pregunto al viejo Pedro, que se levanta y trae La pava y el mate, me mira distante y dice: El expresionismo alemán, Javier, y no pienses que fue poça cosa.

En torno a la experiencia de los alemanes después de la 1ª Guerra Mundial y con todas sus consecuencias, surgió el movimiento cultural más importante de Alemania de esa época: el expresionismo, cuyo campo artístico más conocido es el de la pintura, la literatura, música, arquitectura, teatro y, cine. Su principal característica es el intento de representación opuesta al naturalismo, después de la observación objetiva de los hechos y sucesos externos, haciendo énfasis en lo subjetivome dice Pedro Milesi, y me sorprendo con su erudición.

Para el expresionismo lo importante era su visión interna, que se extiende a lo que se quiere representar, desconstruyéndolo y deformándolo, tratando de hallar su esencia. Algunas de sus principales preocupaciones se plasmaban en críticas al materialismo dominante en la época, a la vida urbana y en visiones apocalípticas sobre el colapso de la civilización, a veces cargados de un profundo contenido político revolucionario.

En la pintura, el expresionismo fue el movimiento de vanguardia opuesto al naturalismo de la producción europea durante más de cuatro siglos, y que tuvo su apogeo con el impresionismo. La deformación expresionista se daba de diversos modos, al distorsionar la forma, el color, o el espacio con un uso no convencional de la perspectivase explaya Milesi, demostrándome, uma vez más, que los viejos anarquistas no se limitaban a saber y opinar sobre política o sindicalismo.
¿Sabes Javier? había antecedentes desde finales del siglo XIX en Van Gogh, Gaugin y Munch, que fueron las inspiraciones sobre la que trabajaron los grupos expresionistas más importantes de Alemania: Die Brucke, de 1905 a1913, y Der Blaue Reiter, de 1911 a 1914, orientados hacia la abstracción.
En las letras, de modo similar a la pintura, lo importante no era la narración exacta de los hechos, sino sus significados interiores. Sus antecedentes desde fines del siglo XIX son el alemán Franz Wedekind y el sueco August Strindberg. La primera obra expresionista es Der Bettler, “El mendigo” de Reinhard Sorge, escrita en 1912 y puesta en escena en 1917 por Max Reinhardt. Otros escritores fueron Georg Kaiser, Ernst Toller, y los poetas Ernst Stadler y Georg Traklme deja atónito con su erudición el Viejo.

Además, la república de Weimar fue la época gloriosa de la Bauhaus de Walter Gropius y de la arquitectura moderna, creativa y dinámica de Bruno Taut y Erich Mendelsohn y yo me muero de vergüenza porque la revolución cada vez me deja menos tiempo libre para seguir con mis estúdios en la FAU. ¿Sabes Javi? La república representó también el auge de la fotografia de László Moholy-Nagy y August Sander, sus figuras más relevantes. Y Weimar fue la época de la expansión de la radio y el cine -“El gabinete del doctor Caligari”, “El ángel azul”, “Berlín, sinfonía de una ciudad”, etc.
Weimar representó los años de Thomas Mann y su “La montaña mágica”, cuando Bertolt Brecht y Kurt Weill estrenaron “La ópera de los cuatro cuartos”, y Martin Heidegger publicó “Ser y tiempo”; Sigfried Kracauer escribió sus ensayos, y Hannah Höch, del movimiento Dadá, creó sus fantásticos montajes fotográficosme apabulla Pedro Milesi con sus vastos conocimientos.

¿Sabías? son también los años de la nueva mujer alemana, liberal e idealizada, que dejó una marca en el imaginario de su época: una mujer moderna, que creía en la igualdad de derechos y luchaba por su emancipación económica y social. Todo esto ayudó a una cierta liberación sexual, y el alemán y la alemana descubrieron sus cuerpos y su sexualidad, aprendiendo a disfrutar de los placeres de la vida, y horrorizando a la moral burguesa religiosa, católica o protestante, de los partidos políticos más conservadores se entusiasma Pedro y el anarquismo libertário del viejo le sale por todos los poros.

Pero a pesar de toda su genialidad en lo cultural, producto de una época de amplias libertades, la república de Weimar era muy frágil en lo político y social, enfrentándose a las grandes dificultades económicas de la posguerra. Pese a ser una democracia, la república de Weimar heredó las viejas formas monárquicas, como lo era la propria presidencia del imperio –el Reich- con todas las facultades típicas de un emperador. Por eso, la joven república estaba condenada al fracaso cuando tuvo que enfrentar la firma del Tratado de Versalles. Los tratados posteriores de Locarno, en 1925, mejoraron un poco la situación y Alemania, un tanto más recuperada en lo económico, empezó a ser tratada de modo más igualitario en la política internacional. En 1926, la república de Weimar fue aceptada en la Sociedad de las Naciones, antecesora de la actual ONU. Esta década fue particularmente brillante para la república, cuando las artes, la ciencia y la cultura em general alcanzaron un punto altísimo.
Por eso es que la llegada de los nazis al poder fue una contrarrevolución brutal, que acabó con las grandes conquistas obreras y populares de 1918 a 1919. Echando abajo la república y su constitución -que nunca fue formalmente derogada- los nazis acabaron con todo: suprimieron el voto universal e igualitario, las libertades poíticas, las elecciones y cualquier forma de participación popular en las instituciones.
Hay que recordarlo siempre, Javi, la revolución había representado más de una década de entusiasta renovación en la política y en el mundo del arte, aunando millares de esfuerzos para alcanzar la emancipación personal y social, de un modo colectivo dice el viejo Milesi, y veo que se le cierran los ojos de cansancio. La gente del Sitrac-Sitram ya salió de la reunión y Susana Fiorito pasa a llevárselo al viejo, que al final tiene derecho al descanso. Ochenta y tres años no son poços, ni siquiera para un guerrero incansable como él.

Javier Villanueva. São Paulo, 1º de noviembre de 2012.

Nenhum comentário:

Postar um comentário