quinta-feira, 28 de novembro de 2013

Viajes de avión y otras historias




-Alguma vez fez amor durante uma viagem de avião?- me preguntó la brasileña, 1,65m de altura y 52 kg –calculé rápido- y me demoré un par de segundos para contestarle, veloz. El viaje de Madrid a Ezeiza estaba demorando más que lo previsto y la travesía sobre el Atlántico parecía durar horas interminables.

-Ah, bom, não, e suponho que nem na praia tem graça; um amigo me contou que já fez amor no meio do mato e uma formiga vermelha o mordeu na bunda. Mas suponho que num avião deva ser uma loucura; nas viagens antigas para a Europa o avião parava em Dakar, uma hora, e o aparelho demorava antes de ser invadido pelas moças da limpeza; suponho que ai dava o tempo certinho...mas não, nunca fiz uma besteira desse tipo- contesté, púdico.


Además -pensé, pero no se lo comenté a mi vecina eventual de asiento- según me contó Sebastián, la puerta del bañito se puede abrir por afuera; un primo, que es piloto de avión, le dijo que levantando el cartelito de ocupado hay una traba. Mejor ni pensar en una zoncera de ese tipo.

Llegué a Buenos Aires antes de la madrugada, y la brasileña audaz y decidida se escabulló entre las colas de la inmigración. Nada serio, y otra anécdota más para contarle algún día a mis nietos.

Dos horas más de vuelo y otros 55 minutos de avión y bajo en Córdoba.

-Cómo lo siento- me dice Carlitos, compungido al enterarse de la muerte del Viejo, mientras tomamos un café en un bar enorme y frío de la avenida Humberto Primo. No el Carlitos de años después, no el Fessia, de Vialidad y del cuartito de las conspiraciones, en frente a la Plaza de Alta Córdoba. No, el otro, el primer Carlos, mi mejor amigo de las Escuelas Pías.

-Tu viejo era un maestro y siempre me acuerdo de él. Un tipo bueno, afable quiero decir, seguramente emprendedor y recio en lo que debía hacer- Todos los que lo conocieron al Viejo dicen lo mismo o piensan parecido.

-Vos heredaste esa condición. Con tus modales suaves demostraste temple y convicciones. Un hacedor- continúa Carlos, y yo pienso que esas definiciones valen para el Viejo, sí, pero no para mí- los admiro, me dice Carlos, el de las Escuelas Pías, y yo pienso qué diría si lo hubiera conocido al outro Carlitos, el Fessia, él sí que fue un hacedor, con temple y convicciones de acero.
-Esa foto marplatense, la del heladero con su triciclo Laponia, es ya de por sí toda una promesa- me dice, y  me jura que va a leer la crónica que le mandé por e-mail.

-Cuando nos vimos, en tu primer viaje a Córdoba, ya recordamos un poco a la Tía Gringa. Inolvidable. Hace poco y por esta vía le contaba a un amigo  mi valoración, y mi recuerdo perenne, de hechos minimalistas, de pequeños sucesos, experiencias aparentemente insignificantes u ordinárias y breves, y en cambio el olvido de algunos presuntos grandes eventos, visiones y visitas- continúa Carlos, el de las Escuelas Pías, -y es obvio que enmarcado en la nostalgia y -desgraciadamente- un poco en la melancolía. La leche al pié de la vaca de la tía Gringa; su alboroto porque en algún rancho cercano andaba Jorge Cafrune; sus ojos celestísimos, clarísimos -hoy velados, qué crueldad sin culpables!- y su piel blanca como la harina, su bonhomía y sonrisa permanente para con nosotros- me cuenta Carlos, y agrega que, claro, en esa época uno soñaba y sacaba fotos en color, tan sensible era la película que todo nos impresionaba.

-Pensá que tu Viejo se sentía orgulloso de vos, estoy seguro. De tu capacidad para inventarte dos o tres vidas, de cambiarlas si no te venían bien- dice Carlitos, el de las Escuelas Pías, y yo pienso que sí, que puede tener algo de razón; y que si en aquellos años en que nos conocimos y empezamos nuestra amistad de adolescentes -50 años atrás?, ya?- yo no hubiera dejado de besar la reliquia con el calzoncillo del santo, como decía el Mario Cech, quién sabe yo creería todavía en milagros, en la vida postmortem, en santos, paraisos compensadores e infiernos punitivos.
Pero no, Viejito; no, Carlos: a los 13 años dejé de creer en lo sobrenatural; y ahora no puedo llorarte, Viejo, como lloran los creyentes, imaginándote en otro lugar. No, te lloro con cada molécula, cada átomo, neurona, célula epitelial y con cada uno y todos los libros que leí, los que soñé y los pocos que escribí. Con los que leíste y entendiste, y aun con los míos que te llevé y no comprendiste exactamente lo que quería decirte a travéz de mis historias descabelladas, de mis memorias de tonto, de Funes distraido.

Continuará

JV. São Paulo, noviembre de 2013.

domingo, 24 de novembro de 2013

Otra vez Patoruzú, y un poco más sobre las historietas

 

La Editorial Perfil* de Buenos Aires reeditó, poco tiempo atrás, una colección con la figura de Patoruzú, el personaje de creación de Dante Quinterno. Es una producción fiel a las ediciones originales pero en colores, aunque con un coloreado de mejor calidad que el de sus colecciones anteriores de Patoruzito, otra creación de Quinterno, en las que los tonos usados por Perfil parecían ser demasiado saturados.
En los créditos autorales de las ediciones anteriores se podían leer los nombres de los artistas que colorearon las nuevas tiradas, y el nombre de Dante Quinterno, creador de ambos personajes, claro. Pero lo que no figuraba en ninguna de las reediciones de Patoruzú, Patoruzito o Isidoro, era el nombre del guionista y de los dibujantes que produjeron cada una de las historias anteriores. Esa reedición de doce historietas de Patoruzito, publicadas por el Diario Perfil,  vendió más de 150 mil ejemplares en unos pocos meses y fue la primera vez que el personaje juvenil fue producido a todo color. Javier Manes, editor de Editorial Perfil, comenta que, como siempre desde su nacimiento, entre los aspectos que más despiertan el interés del público están los valores éticos y de comportamiento que transmite el personaje, la nobleza y la honestidad de Patoruzito. La reedición colorida del clásico Patoruzú, la historieta inmortal de Dante Quinterno, nos trae de nuevo al tema de la famosa tira cómica argentina.

Un poco más sobre la historieta argentina y las tiras de los años 30, 40 y 50

Como ocurre en todas las artes, la historieta en todo el mundo también tuvo su edad de oro, que en su caso coincide con la época de las grandes crisis y convulsiones sociales y políticas de los años 30. Son los años en que aparecen o se imponen las dictaduras nazis y fascistas -en Alemania e Italia primero,  y en toda Europa después- en los que los EEUU lanzan sus obras maestras, como “Buck Rogers” en 1929, “Flash Gordon en 1934; Dick Tracy, en  1931; “Terry y los piratas”, en 1934; “Tarzán”  en 1929, y “El Príncipe Valiente” en 1937. También son lanzados “El Hombre Enmascarado”, en 1936, “Mandrake el mago” en 1934, “Superman” de 1938, y “Batman” en 1939.

Tal vez considerando su proyección internacional, la historieta argentina sea la más difundida de toda América Latina. Sus primeras historietas propiamente dichas aparecen durante la primera década del siglo XX. Son las tiras de “Viruta y Chicharrón”, de 1912. Son los años en los que surgen una serie de trabajos de Arturo Lanteri , “El negro Raúl”, de 1916; “Pancho Talero”, de 1922, y de Dante Quinterno, “Pan y Truco”, de 1925; y Patoruzú, en 1931, publicados en varios medios de comunicación. Estos autores y sus discípulos darán un enorme empuje a la historieta argentina, afirmándola en el mercado con una tremenda fuerza.

Con los años treinta llega también la oportunidad de producir las primeras ilustraciones coloridas. Y es en estos años que se siente la fuerte influencia estadounidense. Compitiendo con esa propuesta que viene del norte, surgen nuevos creadores como Raúl Ramauge, Bruno Premiani, Luis Cazeneuve y Raúl Roux. En este período se destaca José Luis Salinas, con dibujos realistas que siguen la tradición de los ilustradores clásicos, manteniendo el lenguaje secuencial de las tiras de historieta. La obra más reconocida de J. L. Salina en esta etapa es “Hernán el Corsario”, de 1936. Pero a todos ellos los aventaja en fama el nuevo personaje creado por Dante Quinterno, el indio Patoruzú.

En ese mismo contexto social y político de los años 30 que mencionábamos antes, transportándose desde Europa,  en medio de grandes convulsiones obreras y populares, y ya con el sordo ruido de las armas amenazando desde los cuarteles, el 14 de diciembre 1928 el diário porteño “La Razón” lanza la historieta de Dante Quinterno llamada “Julián de Montepío”. Es la historia de un típico pícaro que subsiste a costas de otro personaje, Tito Meñique. El que luego sería Isidoro Cañones es un típico “niño bien”, pusilánime, con alergia al trabajo y lleno de vicios.

Los dos personajes, con el correr de las publicaciones, se terminan fundiendo en un solo nombre, el de lsidoro Cañones. En 1929 aparece, un poco al acaso y sin que se le dé demasiada importancia, el nombre del “Conde” Patoruzú. Pero hacia el 26 de septiembre de  1930 -muy poco tiempo después del golpe militar de José F. Uriburu que derrocara del poder al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen- el indio Patoruzú se incorpora a la historieta.

Un estanciero deja una herencia a su sobrino, y en ella se incluye  Patoruzú, hombre nativo de la Patagonia, semisalvaje y casi un analfabeto que, sin embargo, es un noble. El cacique, como se sabrá enseguida, desciende de un faraón egipcio, el legendario Patoruzek Iº, que habría llegado a América a través del mítico continente de  Atlántida.
La historieta crece y exige la aparición de una revista propia y autónoma para el nuevo e importante personaje, lo que finalmente ocurre en noviembre de 1936. El mejor momento del cacique Patoruzú coincide con la que fue llamada “la década infame” de los años de 1930.

El personaje y todo el paquete ideológico que la revista transporta, parecen identificarse –y así se monta el estigma sobre su creador, Dante Quinterno- con la dictadura militar y el partido gobernante de esos años. Por ejemplo, en 1931, apareciendo como buenos aliados de la policía política argentina, Julián de Montepío y Patoruzú se ensañan en una persecusión atrás de los dirigentes anarquistas Tamayo Gavilán y Severino Di Giovanni. Los textos editoriales de la revista apoyan la candidatura de Manuel Fresco para gobernador de Buenos Aires.

Pero pasan otros diez largos años, la década infame hace que los militares que se alternan en el gobierno cambien de signo y se sintonicen con las corrientes nacionalistas y filofascistas que triunfan en la Europa en guerra; y durante el gobierno peronista, la actitud de la revista, su creador y el personaje Patoruzú pasa a ser de neutralidad, una actitud que, en las condiciones de la semi censura imperante, disimula cualquier probable ánimo opositor. Para camuflarse mejor, Quinterno editorializa em esa época sobre asuntos meramente vecinales y abunda en temas apenas parroquiales de poca monta y de bajo perfil político.

Algunos cambios ocurrieron sin embargo a lo largo de los más de 80 años de la publicación; y si no fue tanto en el prototipo -el núcleo duro de Isidoro, interesado, oportunista y egoísta a ultranza, o en la nobleza gaucha del indio- pero sí que hay algunos pequeños e imperceptibles retoques que hacen más fácil su identificación por el público del nuevo siglo. Al antiguo indio desinteresado, que defendía al hambriento, caballeresco, ahorrativo y sobrio, Le aparecen los matices de un negociante más amigo del lucro y la ganancia.

La antigua castidad decimonónica de Isidoro Cañones, con sus piropos apentas verbales, se suman modernísimas relaciones prematrimoniales con su novia. Pero el fondo de base mitológica se mantiene, sin embargo. El indio sigue siendo un estanciero riquísimo, dueño de media Patagonia, pero el origen de su fortuna no es histórico. Continua siendo un hombre del pueblo y campesino por sus modos, su manera de vestirse y su propia habla; pero es, claramente, además, un noble aristócrata, descendiente de una remota dinastía.

Siempre al contrario, Isidoro Cañones sigue siendo el mismo “venido a menos”, un lumpem-burgués, con sus viejas costumbres de ocio permanente, y una urgencia de dinero que le exigen el vicio del juego y el alcohol.
Patoruzú,  su padrino y mentor, juega a ser el consejero moral, el que lo llama  al trabajo, a volver a la tierra y a la vida rural de sus antepasados terratenientes, militares y conquistadores, como su tío, el conservadorísimo Coronel Cañones.

Javier Villanueva, São Paulo, 24 de novembro de 2013.

* El diario "Perfil" salió en 1998 por primera vez, con el formato de un diario digital –el primero argentino- para luego pasar a editarse también en papel. Entre los colaboradores de la publicación estaban los más prestigiosos periodistas y escritores argentinos, invitados por el director en 1997. Firmaron un código de exclusividad y el periódico empezó con una media de unos 40 mil ejemplares diários, pero terminó cerrando tres meses después del lanzamiento porque las ventas bajaron y la escasa publicidad les impidió continuar.
El diario fue tomado por los columnistas, periodistas -entre ellos Mempo Giardinelli, Luis Majul, Beatriz Sarlo, Jorge Greco, Carlos Ulanovsky, Laura Batkis, Thomas Abraham, Jorge Omar Novoa y Gerardo Rozin- y el personal, que luego de tres días de resistencia abandonaron el edificio.
En septiembre de 2005 el diario fue relanzado y, para no repetir el experiencia del “Perfil” de 1998, comenzó saliendo solo los domingos, que es el día de mayor venta de diarios en Argentina, para después agregar la edición del sábado. Actualmente, la edición digital es actualizada las 24 horas del día.
Además de sus críticas a los gobiernos de la democracia, el diario siempre criticó al Grupo Clarín, siendo incluso boicoteado por este, que también intentó comprar parte de las acciones de la Editorial Perfil y aumentó el precio del papel diario fabricado por Papel Prensa. Su línea editorial puede considerarse como ultraliberal, o liberal clásica, de centro derecha.
Fuente:









terça-feira, 12 de novembro de 2013

Guerra del Chaco. 2ª parte









Guerra del Chaco. 2ª parte
Vea la 1ª parte: 

Los antecedentes del conflicto:

La guerra entre Paraguay y Bolivia por el control del Chaco Boreal se desarrolló desde el 9 de septiembre de 1932 hasta el 12 de junio de 1935. Fue la guerra más larga y sangrienta en América del Sur durante el siglo XX. Bolivia movilizó, en los 3 años de duración, más de 250 mil combatientes y Paraguay 120 mil, que se enfrentaron en batallas en los que hubo 60 mil bolivianos y 30 mil paraguayos muertos, y una gran cantidad de heridos y desaparecidos. Las graves enfermedades físicas y psicológicas, combinadas con las características agresivas del teatro de la guerra -la falta de agua y alimentación, sobre todo- afectaron la salud de los soldados sobrevivientes por el resto de sus vidas y fueron la causa de muerte de muchos de los combatientes de ambas naciones.
El Gran Chaco es una extensión de unos 455.000 km², que hasta fines de los años de 1930, seguía semideshabitada e inexplorarada. En 1931, el ruso Belaieff, investigador y explorador al servicio de Paraguay, descubrió el lago que los indios conocían como Laguna Pitiantuta, y que los bolivianos llamaban la Laguna Chuquisaca, que es el nombre con el que se lo conoce actualmente. Antes del estallido de la guerra, el gobierno paraguayo, preocupado con la penetración boliviana en la región, envió al oficial ruso para que relevara la geografia del Chaco para una futura ubicación de los fortines de defensa. Con este objetivo realizó cuatro grandes expediciones hacia el interior del territorio, que fue detallada como una gran región cubierta por matorrales densos y copiosos y por el quebracho, aunque con un bajo potencial para la agricultura tradicional, puesto que la mayor parte del año el clima es muy caluroso y seco, plagado de una gran variedad de serpientes ponzoñosas y de insectos que llevan diversas enfermedades tropicales. El agua dulce es escasa, con muy pocos pozos y lagos, que luego tuvieron una enorme importancia estratégica durante la guerra. Sin embargo, en el invierno hay una temporada de lluvia de poca duración, en la que los escasos caminos, que en realidad son apenas senderos polvorientos durante gran parte del año, se vuelven ciénagas intransponibles.
Bolivia, desde su independencia en 1825, intentó hacer valer sus derechos sobre el Gran Chaco a partir del criterio del Uti Possidetis Iure de 1810. Sin embargo España también había otorgado en tiempos coloniales jurisdicción al cabildo de Asunción del Paraguay en la región hasta los ríos Parapetí y Yaurú, por lo que los argumentos de ambas partes se superponían, y se hacían muy confusos los reclamos bolivianos y paraguayos en la región. Por otra parte, desde la independencia del Paraguay en 1811, se hicieron sentir las fuertes presiones portuguesas para anexarse el territorio entero o una gran parte de la nueva república. A raíz de esto, el primer gobierno patrio paraguayo comenzó de inmediato la construcción de fortalezas sobre el río Paraguay para contener el avance de los bandeirantes, tropas irregulares paulistas al servicio de la corona de Portugal.
En ese contexto, además y por sobre todo, se suponía que el territorio en disputa tendría grandes reservas de petroleo. La holandesa Royal Dutch Shell, que ya dominaba el mercado interno argentino, tambien se extendió a Paraguay. Finalmente y como se comprobó, el petróleo existía sí, pero en cantidades menores a las imaginadas y tan solo en la parte del Chaco lindante con la cordillera de los Andes. También había ricos yacimientos de gas, que tal vez sean los segundos en importancia en toda América del Sur, después de los venezolanos. La madera del quebracho del Chaco, por otro lado, que hoy ha quedado definitivamente en poder de los paraguayos, significó grandes beneficios económicos a las empresas anglo-argentinas que participaron en su explotación. Considerando el largo período post-colonial y previo a la guerra, vemos que lo poco de ocupación y explotación que se había logrado en el Chaco fue llevada a cabo por Paraguay durante la década de los años veinte del siglo pasado. Por esos años, para ser más precisos, en 1928, llegó a Asunción una leva de inmigrantes menonitas a los que el gobierno paraguayo les otorgó territorios para colonizar en pleno Chaco. De esta manera la ocupación civil también se iba estableciendo de a poco en la región. Además, los paraguayos administraban varias operaciones de tala de árboles, usando locomotoras de trocha angosta hasta las áreas centrales del Chaco Boreal para poder enviar los troncos hasta el río Paraguay. En ese mismo período, entre 1927 y 1928, los técnicos de la compañía estadounidense Standard Oil, de Nueva Jersey, descubrieron petróleo en la zona oeste del Chaco, en la región andina. Empezó a suponerse entre las empresas petroleras que los yacimientos podrían extenderse también hacia el este, ya en territorio paraguayo, en donde los derechos de exploración eran propiedad de la compañía holandesa Royal Dutch Shell. Y volvió a tomar importancia el tema de la salida al mar por parte de Bolivia que -al no contar con este importante recurso desde la guerra perdida contra Chile, también a finales del siglo XIX- solo podría exportar el crudo a través de Argentina. De modo que si Bolivia contase con una salida indirecta al Atlántico, a través de los ríos de la región del Chaco, el control de la exportación del petróleo podría quedar en sus manos y en las de las compañías norteamericanas, lo que iba claramente en contra de los intereses británicos y holandeses, y de los de sus aliados comerciales argentinos.
En esa situación, al comenzar la lucha armada en 1932, Bolivia tenía como su principal objetivo político e histórico: “salir al río Paraguay y sentar soberanía en estos territorios en disputa”… mientras que el Paraguay quería evitar de cualquier modo que Bolivia alcanzara el rio en cuestión, siguiendo los dictados de su visión geopolítica de defensa de un territorio mediterráneo desde siempre, y a la vez, buscaba realizar su segundo objetivo de momento: “sentar presencia sobre los territorios en disputa”.
A lo largo de la contienda los enfrentamientos quemaron los recursos económicos de los dos países, los únicos mediterráneos y con los dos pueblos más miserables de la gran América del Sur. Paraguay y Bolivia, los estados más pobres de la región, como dijimos, son los únicos que no tienen salida al mar, y que fueron más veces vencidos y despojados por sus vecinos, se aniquilaron mutuamente por un territorio que las empresas petroleras Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputaban atrás de los posibles recursos del Gran Chaco. 
El 27 de abril del 2009, 74 años después de terminada la infame Guerra del Chaco, los presidentes Evo Morales de Bolivia y Fernando Lugo de Paraguay firmaron en Buenos Aires el acuerdo definitivo de límites del Chaco Boreal. El acto se realizó en la Casa Rosada, con la presencia de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, firmando los cancilleres el “Acta de cumplimiento y ejecución” del Tratado de paz, amistad y límites entre Bolivia y Paraguay de 1938.

Pero volviendo a la guerra en si, digamos que, aunque la fuerza aérea paraguaya era escasa, toda ella fue enviada al frente de combate. Los bolivianos tenían mucha confianza en su superioridad, no sólo en la cantidad de aviones, sino en armas y número de efectivos. Los paraguayos usaron, a falta de recursos, todo su ingenio para compensar su deficiencia numérica. Paraguay abasteció su ejército, desde el inicio con las armas y equipamentos capturados a las tropas bolivianas durante los combates. Al fin de la guerra, el gobierno paraguayo vendió el armamento a los republicanos de España, que resistían al golpe fascista de Franco.

Desatadas las hostilidades, Argentina y Chile se apresuraron para tratar de concertar un acuerdo con los otros países limítrofes, Perú y Brasil, para intentar nuevamente la paz. Una fórmula sugerida por Brasil fue propuesta a los beligerantes e implicaba la cesión previa de una parte del Chaco a Bolivia. La proposición fue rechazada por el Paraguay. Los presidentes de Brasil y Argentina, Getulio Vargas y el general Agustín Justo, se encontraron el 7 de setiembre de 1933 en Río de Janeiro, y resolvieron actuar de comun acuerdo en relación al conflicto. El encuentro fue sugerido por el presidente Ayala, convencido de que la paz solo podría ser lograda por la intermediación de los dos países líderes de la región.

Hasta ese momento, Argentina había ayudado casi abiertamente a Paraguay, bajo la dirección severa del canciller Carlos Saavedra Lamas, que aparecía como un enemigo jurado de Bolivia. Saavedra Lamas precipitó el fin de la guerra, viendo que existían fuertes posibilidades de que Bolivia recuperara la iniciativa bélica durante la defensa de Villa Montes y la zona petrolera. Saavedra Lamas y Estigarribia, comandante de las tropas paraguayas, se asustaron, calculando que Bolivia podría aprovechar la ventaja de haber quedado más cerca de sus centros de abastecimiento, y ante ese dilema, el canciller argentino amenazó con declarar la neutralidad.

El primer movimiento de la ofensiva paraguaya fue el cerco a las tropas bolivianas en Pampa Grande y Pozo Favorito; los bolivianos se rindieron el 15 de setiembre de 1933 y Estigarribia, el jefe paraguayo, fue ascendido a general. A partir de entonces, el ejército del Paraguay estuvo dirigido por primera vez por un general desde que estallaron las hostilidades. El ataque decisivo fue en el sector Zenteno-Gondra, donde por medio de vastos movimientos estratégicos, Estigarribia obligó al grueso de la tropa boliviana a entregar sus armas en la localidad de Campo Vía, el 11 de diciembre de 1933. La retumbante victoria produjo enorme alegría en Paraguay, y el presidente Ayala declaró: "El nombre del Paraguay se dibuja de nuevo en la historia con fulgores de heroísmo. En nuestros corazones late con fuerza la fe en la patria inmortal".

Al fin de la batalla llegaron los comisionados de la Sociedad de las Naciones, que visitaron las dos capitales y el teatro de operaciones, y presentaron fórmulas de solución al conflicto que no lograron éxitos. El único fruto obtenido fue un armisticio que ofreció Paraguay después de Campo Vía, que se prolongó hasta el 6 de enero de 1934. Retomadas las operaciones de guerra, prosiguió el avance paraguayo en dirección al Pilcomayo. Una tras otra cayeron las posiciones bolivianas. El general austríaco Kundt fue destituido y reemplazado por el general Peñaranda, que esperó la ofensiva paraguaya en Ballivian, fuertemente artillado. El 27 de marzo de 1934 tuvieron los bolivianos un nuevo revés en Cañada Tarija, pero en Cañada Strongest lograron una victoria, la única de toda la guerra. Como Ballivian parecía inexpugnable, Estigarribia decidió prosiguió el avance, orilleando la difícil posición en dirección al norte, hacia donde se desplazaron los combates.

Las columnas paraguayas al mando del coronel Rafael Franco avanzaron hacia los límites del Chaco y llegaron cerca de Carandayty. Demasiado alejados ya de sus bases naturales y de aprovisionamiento de armas, municiones, sanidad y alimentos, terminaron siendo rodeadas, pero consiguieron romper el cerco en sucesivos combates en Algodonal, Ysyporenda, Loma Vistosa y Villazón. La contraofensiva boliviana parecía incontenible, pero Estigarribia, mediante hábiles movimientos tácticos, ganó el 16 de noviembre de 1934 la batalla de El Carmen. Enseguida, la posición de Ballivian fue capturada, los bolivianos iniciaron una nueva retirada hacia Villa Montes, en los confines del Chaco, y el presidente boliviano Salamanca fue depuesto por el ejército que empezaba a ser derrotado.
Como Chile se negaba a impedir la contratación de oficiales y de obreros en su territorio por parte de Bolivia, y como tampoco le daba un corte definitivo al tráfico ilegal de armas, Paraguay rompió las relaciones. Mientras tanto, la Comisión de la Sociedad de las Naciones presentó un informe desfavorable al Paraguay, y recomendó a la Asamblea, reunida en Ginebra el 24 de noviembre de 1934, un proyecto de arreglo para los contendientes, que les imponía el embargo de armas como modo de obligarlos a aceptar las nuevas condiciones. Paraguay lo rechazó de inmediato por considerar que adoptaba los criterios bolivianos. Y empezó a haber la impresión de que los poderosos intereses del estaño boliviano habían dominado la burocracia de Ginebra. Las relaciones con Chile fueron reanudadas, más tarde, por la intermediación de Argentina.

La situación empezaba a ser crítica para el Paraguay ya que sus reservas humanas se agotaban y la economía también. Bolivia, en un gran esfuerzo, reunió un cuerpo de ejército en Picuiba, al norte del Chaco, listo para cortar la retaguardia de la tropa paraguaya y avanzar sobre el río Paraguay. El comandante paraguayo, Estigarribia, pergeñó un plan audaz para anular la grave amenaza. Envió una pequeña columna de combatientes, que después de una marcha sacrificada a través del desierto, tomó el 8 de diciembre de 1934 los pozos de agua de Yrendague, el único depósito de que disponía la tropa boliviana que se preparaba para marchar sobre el río Paraguay. El desastre boliviano fue pavoroso. El ejército de Picuiba se dispersó en el desierto y millares de combatientes murieron de sed.

Desactivado el peligro de un ataque masivo boliviano sobre el río Paraguay, continuó el firme avance paraguayo hacia el norte y el oeste. Los bolivianos trataron de detenerlo, pero fueron derrotados outra vez en Ybybobo, el 30 de diciembre de 1934. El 16 de enero de 1935, tropas de avanzada cruzaron el río Parapití, que era el límite histórico del Chaco reclamado por el Paraguay en todas sus negociaciones diplomáticas. Llegaron a la cordillera de los Chiriguanos, donde los combatientes paraguayos confraternizaron con los indios guarayos, descendientes de emigrantes guaraníes de los tiempos de la conquista. Prácticamente casi todo el Chaco ya había sido tomado por la fuerza de las armas paraguayas al inicio del tercer año de lucha armada entre las dos naciones.

Los intereses económicos bolivianos en Ginebra –que en realidad eran sobre todo los de la petrolera norteamericana Standar Oil- se hicieron notorios con la resolución de la Sociedad de las Naciones al suspender el embargo de armas a Bolivia una vez que este país había aceptado su plan. El Paraguay entendió que el mantenimiento de la prohibición en su contra, sin haberse considerado las responsabilidades por el estallido de la guerra, significaba una sanción sumamente injusta. Y en protesta, los representantes paraguayos se retiraron de Ginebra el 23 de febrero de 1935. Desde ese momento, las negociaciones pacificadoras se radicaron en Buenos Aires, pero el canciller Saavedra Lamas se encontró con serios problemas para formar el grupo mediador americano. Ayala, el 14 de abril, declaró que, si seguían las demoras, Paraguay se encontraría directamente con Bolivia, sin mediadores, para llegar a un acuerdo de paz.

La guerra, mientras tanto, ya se desarrollaba en 1935 en pleno territorio boliviano. El 16 de abril cayó Charagua, la primera ciudad boliviana que sufría los estragos del conflicto. Para parar el avance paraguayo que se dirigía a Camiri, base de los pozos petrolíferos, la tropa boliviana superó el ala paraguaya, tomando Boyuibé el 27 de abril. Amenazados de quedar aislados, los paraguayos repasaron el Parapití, y derrotaron a los bolivianos en Mandeyupecuá, Cuervo y Huiripitindi. Las operaciones quedaron equilibradas en ese sector, pero siguieron en la región de Ingavi, donde el 7 de junio de 1935 se desarrolló el último gran combate. La sexta división boliviana fue destruida y tomados prisioneros su comandante y más de mil combatientes.

El 11 de mayo se formó en Buenos Aires el grupo mediador, presidido por el canciller Saavedra Lamas, con representantes de Argentina, EEUU, Brasil, Chile, Perú y Uruguay. El 26 de mayo se incorporaron el canciller de de Bolivia, Tomás A. Elío, y el de Paraguay, Luis A. Riart. La reunión ocurrió durante la visita del presidente del Brasil, Getulio Vargas, que junto con el presidente argentino, general Justo, intervino directamente en las acciones a favor de la paz, y que se desarrollaron sobre la base del documento del 26 de mayo que presentó el canciller Riart, de Paraguay. En varias oportunidades, el presidente paraguayo Ayala, en comunicación telefónica con Riart, resolvió las últimas dificultades en conversaciones con el presidente argentino Justo. El 9 de junio se llegó al acuerdo definitivo de paz. El 12 de junio de 1935 se firmó un protocolo sobre el fin de las hostilidades en las posiciones territoriales alcanzadas y se llamaba a una inmediata conferencia de paz para la solución, por acuerdo directo o por arbitraje, de los problemas que habían llevado a la guerra. Además se contempló el estudio y solución de los problemas que creaba al Paraguay y Bolivia su situación mediterránea. El 14 de junio cesó el fuego en todo el frente, y una comisión militar neutral, se trasladó al frente de batalla para demarcar las posiciones alcanzadas.

El Paraguay había recuperado casi todo el territorio del Chaco, pero había quedado casi al borde del colapso económico. El esfuerzo de la financiación de la guerra le costó 124 millones y medio de dólares, de los cuales solo 5 millones y medio provenían de aportes externos. Aunque toda la deuda se pagó al contado, la extenuación económica era enorme, y las reservas humanas estaban nuevamente agotadas, como después de la gran guerra de la Triple Alianza em el siglo XIX. Hacia el final de los combates, la reposición de las bajas significaba un problema insoluble. De los 140 mil soldados paraguayos movilizados, 36 mil cayeron sin vida en el Chaco.

La Conferencia de Paz empezó en Buenos Aires el 1° de julio de 1935, con participación de la Argentina, Estados Unidos, Brasil, Chile, Perú y Uruguay. La delegación paraguaya enarbolaba una posición intransigente, contraria a toda cesión a Bolivia, reforzada con los resultados favorables de la guerra. Pero Argentina y Brasil, los más activos entre los mediadores, querían impedir que el Paraguay cosechara todos los frutos de la victoria. Renacieron los antiguos temores rioplatenses -que se pensaban olvidados con la victoria brasileña de Cerro Corá, en nombre de la Triple Alianza- y se decidió no reconocer al Paraguay como país vencedor. El 15 de octubre de 1935 la Conferencia llevó una propuesta de arreglo que incluía la entrega a Bolivia de un sector del río Paraguay y de casi la mitad del territorio del Chaco tomado por las armas paraguayas. La indignación de la delegación del Paraguay llevó a que la propuesta fuera rechazada de plano.

Entonces, el asunto de fondo fue dejado de lado y la Conferencia pasó a concentrarse en la repatriación de los prisioneros de guerra de ambos lados. Aunque Paraguay consideraba que tenía el derecho de retener a los prisioneros bolivianos hasta la firma del tratado definitivo de paz, concordó, a través del acta del 21 de enero de 1936, en la devolución, exigiendo sin embargo un pago previo por parte de Bolivia de una indemnización por los gastos de manutención.

Continuará.
JV. São Paulo, 12 de noviembre de 2013.

Sangre de mestizos: relatos de la guerra del Chaco, Augusto Céspedes, corresponsal de “El Universal” al Chaco Boreal. 1932.

BREVE HISTORIA DEL PARAGUAY. Autor: EFRAÍM CARDOZO. Editorial Servilibro, Dirección Editorial: VIDALIA SÁNCHEZ. Asunción-Paraguay, 2007. 177 pp.

Francisco Xavier, 2012. “... ¡Y se los tragó el Chaco!”: El pozo, de Augusto Céspedes (metáfora de una “guerra estúpida” entre Bolivia y Paraguay)”.

"Memoria del Fuego 3: El Siglo del Viento" - Eduardo Galeano, Editorial Siglo XXI, 2001 (edición original: 1986).

Secretos en la guerra del Chaco  Rogelio García Lupo, Clarín, 24 de setiembre de 2000.
Los negocios de la guerra del petróleo  La Nación, 14 de octubre de 2000.

El caso del único militar argentino que fue condenado por espionaje  Ricardo Canaletti, Clarín, 15 de julio de 2002.

Consecuencias socioculturales de la Guerra del Chaco, Jaime Martínez, El Diario, La Paz, 14 de junio de 2012.

domingo, 10 de novembro de 2013

La otra guerra infame: Bolivia-Paraguay, 1932.




La Guerra del Chaco

El sistema colonial español había ido creando, desde el “descubrimiento” del continente en 1492,  y a lo largo de la conquista que se desarrolló de norte a sur, cuatro virreinatos, desde el río Bravo en México hasta Tierra del Fuego, en los confines del universo conocido hasta entonces por los europeos.

La audiencias reales y las intendencias -con sus autoridades respectivas que iban desde el virrey hasta los corregidores- eran la columna vertebral y los vasos sanguíneos de ese sistema que en principio tenía un objetivo geopolítico y económico muy claro: el asentamiento y colonización por medio de vastos contingentes humanos, primero de conquistadores militares y luego de familias enteras, para la explotación y transportes de riquezas al reino español. Casi lo mismo ocurría hacia el este en el sur del continente americano, del lado de su competidor más directo, el pequeño reino de Portugal.

Bolivia nació a la vida republicana casi con la misma extensión territorial que constituía la Real Audiencia de Charcas.  Y algo semejante ocurría con el Paraguay. Bolivia, que copiaba las antiguas medidas de  la Real Audiencia de Charcas -2.363.769 Km², lo que para servir de comparación, era algo menos a los actuales 2.766.890 km² de la Argentina- perdió 1.265.188 como resultado de los tratados y las guerras internacionales que mantuvo a lo largo del siglo XIX contra Chile y en el siglo XX contra Paraguay.

Bolivia tiene actualmente la extensión de 1.098.581 Km². Desde el punto de vista histórico de los bolivianos entonces, el Chaco Boreal era una parte original según el Uti Possidetis, y le pertenecía de pleno derecho. 

Varios factores influyen para que finalmente estalle la guerra entre Paraguay y Bolivia por el control del Chaco, un problema que se debatía desde muchos años antes. Bolivia alegó sus derechos sobre todo el territorio hasta los ríos Paraguay y Pilcomayo, baseado en el Uti Possidetis, que dice que  "como poseéis, así poseáis", según los títulos alegados de la Audiencia de Charcas. Mientras tanto, Paraguay se apoyaba en otros principios provenientes de las organización territorial de la corona española, desde las Capitulaciones del siglo XVI hasta las Ordenanzas de Intendentes de 1782, aparte de los continuos e incontestados períodos de posesión antes y después de las revoluciones de 1810.

Pero, aparte de las cuestiones legales que provenían de las marcaciones territoriales del antiguo império colonial español, también estaban las relacionadas a las lenguas nativas americanas de tan vasto território; y no solo los idiomas y dialectos influían, sino las propias etnias diferenciadas de la región, avasalladas por la conquista española que, no debemos olvidarlo, luchaba denodadamente al este contra el avance portugués primero y el luso-brasileño más tarde.

Bolívar, con sus controvertidas posiciones político-ideológicas de visionario también contempló este aspecto y deseaba crear una nación sólida, cuyos bases estuvieran en los idiomas, costumbres, y etnias de los pueblos originarios de la región. Al proponer la Confederación Perúano-Boliviana, Santa Cruz, vicepresidente y rival de Bolívar, también vio lo mismo, pero las reales audiencias coloniales ya habían definido los territorios, y fueron las que finalmente dieron la pauta del estado político al que se llamó república y no se entendió como una nación

Hay en América países con varias etnias y lenguas, como el caso de Méjico y Bolivia. Pero en el caso del Paraguay, al contrario, se trata de un país donde la lengua principal es el guaraní, que a su vez se extiende a territorios vecinos como la Argentina, Brasil y la misma Bolivia. Francisco Solano López, presidente y héroe paraguayo de la Guerra de la Tiple Alianza declaró "¡El Paraguay es hasta donde se habla el guaraní, así sea la Argentina, Brasil o Bolivia!". Cuenta la historia que también habría dicho: "¡El Paraguay debe abarcar hasta el río Parapetí... ni más acá ni más allá!". Por lo que, históricamente, Paraguay se consideraba el legítimo dueño de todo el Chaco Boreal y de a poco fue desarrollando su penetración en la región. La toponimia era guaraní, y por eso la pequeña laguna en donde empezó el conflicto armado entre los dos países se llamaba Pitiantuta, y la nación guarani del Paraguay estaba dispuestos a defenderla a todo precio. El problema alrededor de la cuestión del Chaco Boreal era, por lo tanto, un viejo problema, por el que ya se habían desarrollado conversaciones muy anteriores a las hostilidades, y que fueron desde 1862 hasta 1879.

Pero a pesar del largo período de conciencia del problema, las disparidades eran grandes, ya que ambos países ni siquiera estaban de acuerdo sobre la materia del litigio que, según Bolivia sostenía, era sobre todo el Chaco, y según el Paraguay, apenas sobre sus límites. Pero tal como estaban las cosas en 1932, la cuestión ya no era más de una confrontación de títulos antiguos, sino de contraste de políticas en tales términos que no se reducían más a las soluciones jurídicas.

No fue tanto la convicción de sus derechos lo que impulsionó a Bolivia, como su deseo visceral de compensar con una salida al río Paraguay la pérdida de su litoral en el Pacífico ocurrida en la guerra con Chile en el siglo XIX. También perseguía razones de prestigio. El presidente de Bolivia, Daniel Salamanca, ya había predicado desde la oposición que "Bolivia tiene una historia de desastres internacionales que debemos contrarrestar con una guerra victoriosa, para que el carácter boliviano no se haga de día en día más y más pesimista. Así como los hombres que han pecado deben ser sometidos a la prueba del fuego para salvar sus almas en la vida eterna, los países como el nuestro que han cometido errores de política interna y externa, debemos y necesitamos someternos a la prueba del fuego, que no puede ser otra que el conflicto con el Paraguay. Por un lado, es el único país al que podemos atacar con seguridades de victoria, lo que fortalecería nuestro débil sentimiento patrio, y por otro, la guerra exterior haría desaparecer las fronteras partidistas, indispensable acontecimiento para terminar con la vergonzosa cadena de revoluciones caudillistas, que nuestro país muestra en su historia".

Desde el lado paraguayo, existía no solo la conciencia de sus derechos, sino también la necesidad de defender las bases físicas de la nacionalidad, que también había sido atacada y vencida en el siglo XIX, en una guerra brutal contra Argentina y Brasil. Es que las pretensiones bolivianas abarcaban más de la mitad del territorio nacional, donde se encuentran muchas de las fuentes principales de su economía. Aquellos derechos ya habían sido reconocidos internacionalmente por el laudo del presidente de los EEUU, Rutherford Hayes, y estaban respaldados por el hecho de que el Chaco, uno de los más vastos territorios de la América española, había sido ganado para la civilización criolla por los esfuerzos del Paraguay contra las tribus indígenas que lo habitaban.

Contrariamente a lo que ocurrió en los preparativos de la guerra del Paraguay contra la Triple Alianza, la opinión pública fue un factor importante en la anteguerra del Chaco. La libertad de prensa, de reunión y de asociación, la fuerza de la oposición en el parlamento y la participación de esa misma oposición en las gestiones diplomáticas impedían al gobierno una política que no acompañara el sentimiento público, que era totalmente contrario a cualquier nueva cesión a Bolivia. El Partido Liberal, que tanto había criticado los tratados firmados por los colorados en el siglo XIX, participaba activamente en la intransigencia nacional. Fundamenteron los liberales la nueva doctrina de la "intangibilidad" del río Paraguay, sostenida en las negociaciones diplomáticas, que llevaron a la convicción de que la guerra era inevitable, una vez que Bolivia insistía en la cesión de gran parte de ese litoral fluvial como condición previa a cualquier arreglo pacífico.

Una de las más importantes petroleras de los EEUU tenía vastas explotaciones en el territorio boliviano del Chaco. Con el apoyo del Departamento de Estado, la petrolera estimuló a Bolivia en sus pretensiones, de modo de ensanchar sus actividades con los recursos que se suponía que existían en abundancia en el Chaco, y también para asegurarse una salida propia a sus productos por las aguas del río Paraguay. El peso cada vez más creciente de los intereses petroleros norteamericanos –lo que fue denunciado en Washington por el senador Long- terminó bruscamente con la llegada al poder de Franklin Delano Roosevelt al poder en 1933. El discurso del senador Long prácticamente lo dice todo sobre la participación de la Standard Oil: "¡Criminal... prostituta, que se alimenta de la sangre de dos pobres pueblos para aumentar sus caudales!...". Y tanto así fue que, cuando a la potencia petrolera empezó a dudar de la victoria de Bolivia, lo que le afectaba sus intereses, comenzó también a boicotearle, negando incluso la gasolina necesaria para los aviones bolivianos de combate. Como dije antes, F.D. Roosevelt detuvo esta interferencia, pero aun así desde entonces, el petróleo se fue volviendo un factor cada vez más importante de las luchas de las cancillerías alrededor del conflicto del Chaco.

Dentro de su plan de ocupación progresiva del Chaco, el 15 de junio de 1932, las tropas bolivianas iniciaron las hostilidades, apoderándose del fortín Carlos Antonio López, a orillas del lago Pitiantuta. Fue la chispa que detonó el conflicto. Un mes más tarde, el 15 de julio, las fuerzas paraguayas comandadas por el capitán Abdón Palacios recuperaron la posición ocupada, después de una sangrienta batalla. De inmediato, en represalia, Bolivia tomó el Boquerón y varios otros fortines paraguayos.
La Comisión de Neutrales reunida en Washington trató inutilmente de  detener los movimientos militares en curso. El 3 de agosto de 1932, las otras diecinueve naciones americanas declararon que no irían a reconocer ninguna adquisición territorial lograda por medio de las armas. Aunque el Paraguay, por ser la parte agredida estuvo de acuerdo em llegar a arreglos pacíficos, Bolivia se mostró intransigente, dispuesta a encontrar en los campos de batalla la solución del viejo conflicto.

El 16 de agosto de 1932, el presidente paraguayo Guggiari fue sucedido por Eusebio Ayala, al que se conocía por sus ideales pacifistas, pero que se transformó en el mejor representante de la intransigencia paraguaya. Los ministerios de la guerra y marina recayó en un civil, Víctor Rojas. Aunque existía un comando el peso de la conducción militar quedó, desde el inicio, a cargo del teniente coronel José Félix Estigarribia. Los arsenales de Asunción, bajo la dirección del teniente José Bozzano, se convirtieron en el principal organismo de la retaguardia.

La vieja guardia militar, apoyada por especialistas extranjeros, propuso la defensa a orillas del río Paraguay, abandonando el resto del Chaco. Estigarribia se opuso frontalmente a este plan y exigió una guerra ofensiva desde el primer momento. Propuso atacar las posiciones bolivianas antes de que completaran la concentración de sus fuerzas. El presidente Ayala apoyó este plan, y el 1° de setiembre ordenó al mayor Juan Manuel Garay iniciar el ataque como jefe del Estado Mayor.

Paraguay pasó a la ofensiva y atacó el fortín Boquerón, fuertemente fortificado, desde el 9 de setiembre de 1932 y durante veinte dias seguidos, hasta que finalmente la guarnición se rindió. A partir de entonces, empezó un retroceso general de las tropas bolivianas. Paraguay, aunque con menores recursos enfrentó a Bolivia con un ejército mejor equipado y dirigido. Bolivia llamó al comando de sus tropas al general alemán Hans Kundt, héroe de la 1ª guerra europea. Kundt consiguió parar el avance paraguayo en Saavedra pero luego, en enero de 1933, falló en su ofensiva contra Nanawa, defendida por el coronel Luis Irrazábal.

Fracasados todos los esfuerzos de la Comisión de Neutrales, que se mantenía reunida en Washington para frenar el avance de la guerra, y presionada por la intransigencia boliviana, la Comisión, influenciada fuertemente por el representante norteamericano, giró hacia una postura favorable a Bolivia. Propuso que las tropas paraguayas abandonaran el Chaco, mientras que Boliviana quedaría en poder de la mitad del territorio. El Paraguay rechazó la propuesta y se retiró de Washington. La Comisión de Neutrales se disolvió y las negociaciones se trasladaron al Río de la Plata: el canciller argentino Carlos Saavedra Lamas tomó contacto con su par chileno Miguel Cruchaga Tocornal para nuevas tratativas en busca de la paz.

Los gobiernos de los países limítrofes a los que estaban en guerra tuvieron actitudes distintas. Argentina no disimuló sus simpatías a favor de Paraguay, ayudándolo con proyectiles, combustible y recursos, y estimulándolo a no doblarse a las aspiraciones de Bolivia de acceder a um puerto fluvial, desconfiando de la aparición de un nuevo factor de desequilibrio en el Río de la Plata. Brasil, por lo contrario, se puso del lado de esa aspiración boliviana, adoptando una actitud francamente favorable a Bolivia. Por su parte, Chile, que en un principio había apoyado al Paraguay, empezó a apoyar diplomáticamente a Bolivia y le autorizó a reclutar oficiales y obreros en su territorio. Saavedra Lamas, entendiendo la gravedad de la situación continental, se esforzó en conseguir una política común entre los tres grandes países limítrofes. Roosevelt, el nuevo presidente norteamericano, favoreció esa política y retiró el apoyo que la presión de las empresas petroleras le llevaba a prestar a favor de Bolivia.

El 2 de febrero de 1933, los cancilleres de la Argentina y Chile reunidos en Mendoza, propusieron un plan de arbitraje de todas las diferencias y problemas debidos a la mediterraneidad de los contendores. El plan, aceptado por Paraguay, fue rechazado por Bolivia, que mantenía SUS esperanzas en el general Kundt, que fracasó nuevamente en Toledo, donde el coronel Juan B. Ayala derrotó a las tropas bolivianas el 27 de febrero de 1933.

Hasta ese momento no había existido una declaración oficial de guerra, lo que la favorecía a Bolivia, pues al no haber neutralidad de la parte de Argentina, esta enviaba libremente las provisiones necesarias a las tropas bolivianas a través de la frontera del Pilcomayo. Tampoco Chile podía evitar el enganche de oficiales y el paso de armas por su territorio. Para obligar a los países limítrofes a cumplir con la neutralidad, Paraguay declaró formalmente la guerra el 10 de mayo de 1933. Bolivia invocó el artículo 16º del Pacto de la Sociedad de las Naciones, que decidió enviar una comisión investigadora de cuatro europeos y un americano. Antes que la comisión saliera para su destino, Brasil sugirió una nueva mediación americana, y como la Sociedad de las Naciones estuvo de acuerdo, su intervención quedó en suspenso.


El 4 de julio de 1933 Kundt inició un ataque masivo en Nanawa, sin conseguir romper las líneas de la defensa paraguaya. La ofensiva se extendió en agosto hacia Gondra, Fernández, Herrera, Rancho Ocho y Pirizal, donde se desarrollaron grandes batallas, con grandes perdidas humanas y de material por parte de los atacantes, que no lograron grandes resultados y se colocaron a la defensiva. El jefe paraguayo Estigarribía pasó entonces a la ofensiva y lanzó una vasta operación para destruir el ejército boliviano.

Continuará.
JV. São Paulo, 10 de noviembre de 2013.

sábado, 9 de novembro de 2013

El Ekeko de la Librería Española e Hispanoamericana.




Veinticinco años atrás, paseando por las callecitas de São Paulo, me detuve a ver unos libros en la   Librería Española E Hispanoamericana y lo primero que vi foi un Ekeko.

El Ekeko, me informaron en la Librería, es el símbolo de la prosperidad, y tiene origen antiguo según algunos, o no tanto, por lo que dicen otros; pero eso sí, posee comprobados poderes. Según revela la tradición, es muy celoso, y si llega a caer en manos de una mujer, ya no se separa más de ella. Vive con el cuerpo cargado de miniaturas –casas, autos, televisores- pero el Ekeko no se conforma con pequeñeces.

Para investigar un poco más sobre los orígenes y las historias de este personaje -una de cuyas representaciones en yeso compré en Chile más de veinte años atrás, y luego otra en Bolivia, ambas grandes, de más de 35 cm. de altura, y otras menores en Perú y Argentina-  digamos que a principio es un típico alasitero. Las Alasitas es una feria artesanal que tiene su origen en la ciudad de La Paz, en Bolivia. Alasita significa “cómprame” en el idioma aymara. Dicen los bolivianos que la tradición nace en 1781 cuando el gobernador Sebastián Segurola ordena celebrar una fiesta anual en honor al Ekeko, al que consideraba una deidad, y ya veremos enseguida por qué.
Pero en um viaje al Perú, por otro lado, supe que el dia 24 de enero se celebra el Día del Ekeko, que para quién no lo sepa, es un muñeco con forma humana, del cual se dice que representa la abundancia, la fecundidad y la alegría de vivir.

Según los peruanos, el Ekeko forma parte de la mitología andina y, diferente del Muki -que es un duende maligno que habita en las minas, y  al que dicen que hay que matar a latigazos para quedarse con su oro- el Ekeko es bonachón y concede todos los deseos con tan solo pedirlos. El muñeco, generalmente de yeso, como los míos, representa a un hombre sonriente de unos 50 años, de cara arrugada y ojos vivos, con una boca abierta en una mueca de risa. El Ekeko extiende sus brazos como si nos ofreciera eternamente un abrazo fraterno, contagioso de alegría.

Se viste con el atuendo típico de la región -un sombrero, un chullo, bufanda y poncho – y siempre va cargado con todo tipo de cachivaches en miniatura: casas, billetes de dólar, electrodomésticos, autos y alimentos.
Me cuentan –ya me lo habían contado en Chile en 1988 cuando adquirí el primero- que el Ekeko debe ser regalado y nunca comprado para que sea efectivo en sus poderes.
Pero volvamos a La Paz, Bolivia, y a las Alasitas, en donde paso por el sector de Los Decanos, el de los artesanos más antiguos, y veo que hay apenas dos puestos que me ofrecen el famoso Ekeko.

Salgo de las Alasitas y me voy al Museo de Etnografía y Folklore –el Musef de La Paz- y allí me cuentan que el Ekeko es absurdamente celoso, sobre todo con las solteras; dicen que una mujer sin marido no puede salir con un hombre, porque el ídolo se enoja. Estas chicas casamenteras, incluso llegan a ponerlo de espalda para que el Ekeko no presencie las visitas de los pretendientes.

Los bolivianos, tanto en el Musef, como en la feria de las Alasitas, insisten en tratar de convencerme que el Ekeko habría sido el  Tunupa - dios de los rayos- y se lo representaba con la figura de un hombrecito jorobado. La cultura popular boliviana lo vincula entonces al Ekeko, primero con el rayo y, más tarde, con figuras de la iglesia católica, como el Tata Santiago, Santo Tomás y San Bartolomé.

El área de influencia del Ekeko se extiende por los Andes peruanos hasta Bolivia, llegando a la Argentina y Chile; y según la gente del Cuzco, en Perú, su origen se remonta a los antiguos Tiahuanaco que creían que el muñeco ahuyentaba la desgracia de los hogares. Después de la anexión del territorio al imperio de los incas, estos adoptaron al Ekeko como a uma deidad, que es  símbolo de la fertilidad y la buena suerte.
Pero, volviendo a Bolivia, en el Musef me cuentan que antes de 1781 el Ekeko se llamaba Iqiqu y tenía un papel medio ambiguo, aunque siempre vinculado a la prosperidad y la fertilidad. Incluso por este motivo, los investigadores suponen que tuvo un par femenino, la Warmi Iqiqa.

Y son las vendedoras de la feria de las Alasitas que me cuentan, entusiamadas y desde lo alto de sus tronos atrás de los mostradores, la leyenda que inmortalizara  Antonio D. Villamil en su obra “Leyendas de mi tierra”, con inusitados tintes románticos.
La historia ocurre en 1781, en plena crisis de hambre de los habitantes de La Paz por causa del cerco de las tropas indígenas de Túpac Katari, y cuenta que uno de los rebeldes, Isidro Choquehuanca, salvó de la muerte por inanición a su amada Paulita Tintaya, que era criada del gobernador español Sebastián Segurota, rompiendo el cerco y entregándole los alimentos necesarios. La muchachita repartió el preciado tesoro de los alimentos con sus patrones, pero les dijo –para ocultar la presencia furtiva de su amado- que se trataba de un regalo del Ekeko, su illa protector.

Pero, bueno, digamos para ser fiel a la verdad que, además de otras herejías que cometí en relación al Ekeko –como la de comprarlo, y hacerlo cuatro veces, en vez de recibirlo de regalo- lo hice abstemio, como yo, contrariando la tradición, que dice que cuando uno se responsabiliza por un Ekeko debe charlar con él una vez a la semana. Y me informaron hasta el día “preciso” del rito -que varía, según las distintas versiones en las que no se ponen de acuerdo si es el lunes, martes o viernes-.  Dicen que hay que darle su cigarrillo y alcohol los lunes...pero nada, yo no le doy nunca. Es que después de una breve abstinencia de 18 años, ya nunca más me pidió cigarro ni bebidas.

Pero todavía no conté mi última herejía en relación al santo Ekeko, y es que, a pesar de las opiniones muy bien fundamentadas y respetables de la gente del Musef y de las Alasitas, y de tantos otros investigadores peruanos y bolivianos -que se disputan la paternidad del muñeco, así como uruguayos y argentinos se lo disputan a Gardel, que en realidad los une más que los separa- yo, personalmente creo en la otra versión popular, la que oí en el norte de Chile y más tarde en su región paralela, en los Valles Calchaquíes de la Argentina. Para mí el Ekeko es un vendedor ambulante sírio-libanés que se gastó todos sus ahorros ayudando a amigos y conocidos, y finalmente, ya maduro, tuvo que empezarlo todo desde cero. Por eso ahora lleva todos sus bienes a cuesta.

Además, y por si acaso los celos del Ekeko empiezan a jorobarle la vida a alguna niña casamentera, les cuento que la tradición y la cultura popular establece tres modos de deshacerse de un Ekeko: regalarlo, dejarlo en un museo o, simplemente, tirarlo al río.


Javier Villanueva, São Paulo, 9 de noviembre de 2013.

quinta-feira, 7 de novembro de 2013

El heladero de Laponia y el Negro




Mar del Plata, verano de 1961 a 1962. Un calor de 28º, lo que para la costa sur de aquellos años representaba casi una canícula tropical.
Nos fuimos a la playa todos, la familia entera, pero tuvimos que volvernos porque no podíamos sacar al bebé del auto; tanta era la luminosidad y el calor de aquel 26 de enero, que seguramente el nene, mi hermanito, se enfermaría; nos  volvimos sin pisar la arena. 

Pero regresábamos despacio a la Perla por la costanera, cuando de pronto, ya al final de la Playa Grande hacia el norte, vimos una escena inusitada en la vereda: un policía sacaba las esposas del cinturón con la mano derecha y con la izquierda apuntaba la pistola 45 hacia un heladero; era un vendedor de Laponia, uno de esos en triciclo, que eran parte de nuestra vida cotidiana y de tantos argentinos de aquella época, pero sobre todo de la historia de nuestra familia. 
¿Por qué? qué habría hecho el heladero? ¿qué podría haber hecho un hombre que salía a trabajar temprano, de uniforme cerrado hasta el cuello, aguantando el calor insoportable, para que un representante del orden estuviera a un punto de llevárselo preso? o peor, de dispararle.

Mi viejo paró el coche y se bajó; yo, el hijo mayor, no podía quedarme atrás, y salí, con mis 10 años y medio atrás de él, medio escondido, asustado por la escena de violencia que en seguida se desarrollaría ante nosotros. 

-¿Qué ocurre? le preguntó mi viejo al policía. Soy gerente de Laponia y soy responsable por este trabajador-. 
Ni una palabra de respuesta de parte del policía, pero sí una acción inesperada: con las esposas -metálicas, pesadas, y brillando en el sol de enero- le dio dos golpes en la cabeza y le ensangrentó el uniforme al vendedor de helados.
¿De qué lado se pondrían Uds? Pues bien, ese día yo aprendí en la práctica una lección que nunca más se me borraría de la conciencia: mi viejo, sin alterarse, pero sin ningún miedo de la violencia del policía, le exigió con firmeza que parase, que dejase de golpear al trabajador, que era sin dudas un padre de familia y si hubiera cometido algún delito, él -mi viejo- tendría que ser informado de inmediato. Y papá usó entonces su técnica preferida para lidiar con autoridades: le dijo al policía que era abogado y que quería que soltase al hombre. Era mentira, claro. Pero, así era el viejo. El policía se fue, contrariado, y el heladero se arregló para seguir con su pregón: Laponia, helados!

Se lo vi haciendo otras tantas veces -lo de la mentira de ser abogado, digo- incluso en plena dictadura, para salvar alguna situación casi imposible, como meterse dentro del cabildo de la policía de Córdoba para pedir las direcciones y las llaves, y limpiar de evidencias comprometedoras las casas de los compañeros que estaban presos; o para convencerlo al milico del control de tránsito que lo dejaran pasar sin revisarnos el auto que estaba lleno de libros subversivos.

Ese día de calor aprendí una lección que no se me borra más, querido viejo: hay que estar del lado del que trabaja, siempre; hay que desconfiar del milico prepotente, o de cualquier autoridad que se ponga por encima del ciudadano más pobre para maltratarlo. Hay que ser firme para defender el derecho de todos, pero sobre todo, el derecho del que está más acostumbrado a ser pisoteado. Te vi valiente, viejo, sin miedo -o tal vez con tanto miedo que ni se te notaba- y decidido. Y me enseñaste una lección de vida, definitiva, en aquel verano corto, fugaz, rápido como una nube de tormenta. Y vinieron más dictaduras, y seguiste valiente, y viste renacer la democracia, con todos sus defectos, pero nunca te pusiste del lado del explotador, jamás dudaste que la felicidad de todos está donde está la felicidad del pueblo, del trabajador más pobre y desvalido.

JV. São Paulo, 7 de noviembre de 2013; a tres meses de la muerte del Tatá, el querido Negro Barrionuevo.

terça-feira, 5 de novembro de 2013

Roberta, a do vestido azul *





Arte de Anna Marinova

- Oi, eu sou Roberta, a neta de Pedro, e você é o amigo do avô, não? Ele volta daqui a pouco - me olha com um sorriso que me deixa ainda mais tolo do que eu era aos 19 anos, e me pergunta se eu queria o chimarrão doce ou amargo.
- Você vai a uma festa, é isso? sim, chimarrão doce, por favor- foi a única coisa que eu consegui dizer.
- Não, e o que você disse é pelo vestido e o salto alto? Não, eu sou aeromoça. Você é o Javier, certo?- os olhos verdes, em contraste com a pele morena se destacam mais ainda, e me fazem olhar para baixo com vergonha.
Eu sabia que o Velho Milesi tinha uma neta que trabalhava na aviação, e era amiga de Julia, a irmã da Ana. O que eu nem imaginava é que fosse tão bonita. Felizmente, o Milesi veio menos de dez minutos mais tarde, quando eu já não tinha mais para onde olhar, especialmente depois que descobri que, debaixo do vestido muito curto, Roberta usava uma calcinha azul que de vez em quando eu olhava furtivamente, quando ela separava as pernas lentamente, com elegância e um certo pudor, e o sorriso da aeromoça se tornava mais doce.
O Velho Pedro se afasta e eu aproveito para passar um olhar de soslaio na neta. Roberta, que parecia ter estado esperando por esse momento, começa a abrir-se lentamente um botão do decote da camisa, e fica olhando para mim com um sorriso da mais pura inocência.
Milesi pede um chimarrão doce, e ao receber a cuia das mãos da neta, vejo que ela se aproveita da concentração do Velho para se agachar até que eu pudesse ver totalmente a redondeza dos seus seios, a uns poucos centímetros do meu nariz.
Roberta sai da sala e diz que vai tomar um banho rápido. Aproveito para tentar me concentrar de novo na conversa do Velho Pedro, mas a neta sai em seguida do banho e fica perto de mim outra vez. E eu volto a me perder nas curvas de Roberta, mal cobertas com uma toalha amarela, enquanto se seca o cabelo com um secador enorme, e me olha de longe, sentada sobre as pernas, e eu ainda tento me focar na conversa de meu amigo, o Velho.
Roberta me olha, do fundo da poltrona em que esta sentada, atrás das costas do avô, e levanta aos poucos a toalha e me mostra que por debaixo dela não há nada, a não ser a pele marrom clara que ela me oferece, e que eu não sei como fazer para me aproximar e desfrutar.
Mas o Velho está cansadíssimo e seus olhos começam a se fechar, e assim que o abate o cansaço e se adormece, eu sinto a presença quente de Roberta atrás de mim. Tínhamos estado nos olhando sem parar nestes últimos dois dias, e o jogo de sedução da aeromoça estava me levando para os mais altos patamares da fantasia. Mas nunca tínhamos nos aproximado mais do que alguns centímetros, e sempre na presença de outros colegas, e do próprio Pedro, que eu não poderia desrespeitar, mas sua neta parecia não se preocupar demasiado com o tema.
Sinto os seios de Roberta se apoiando nas minhas costas e suas mãos acariciando meu pescoço, primeiro devagar e depois com mais força nos ombros, por dentro da camisa. Mas naquele momento, o Negro Dardo entra apressado e acorda o Velho, e a Roberta vai embora da sala tão rapidamente como tinha aparecido.
Mas o Dardo sai de novo e cai outra vez no sono o Velho. E Roberta aparece novamente atrás de mim, me acendendo a imaginação. Porém, num ataque de coragem consigo superar a timidez, me viro e olho diretamente em seus olhos. A aeromoça fica muito assustada: obviamente, ela não esperava minha reação, e transforma o olhar insinuante e provocador num lance tímido e delicado dos olhos, e começa a chorar.
Vou embora, triste e pensativo. Mas volto três dias depois e fico surpreso de encontrar Roberta, me esperando sentada nas almofadas da sala de estar. É verão, e tem um lindo vestido azul, curto, leve, como o que vestira quando a conheci. Assim que me vê, começa a levantar uns poucos centímetros a saia, movendo lentamente as pernas, abrindo-as um pouco, apenas o suficiente para mostrar que está sem a calcinha!, Não tem nada, nada mesmo debaixo do vestidinho azul.
-O que você faz aqui- pergunto- é outra vez o mesmo joguinho, Roberta? Chega!
-Esqueceu que tenho a chave da casa do meu vô?- Diz Roberta, com uma voz suave e rouca, e abre um pouco mais as pernas, e se inclina para trás sobre as almofadas, e então não posso deixar de olhar por baixo do vestido, e num vislumbre vejo seu sexo moreno, que imagino aveludado, a menos de um metro e meio dos meus sonhos e das minhas excitações noturnas dos últimos dias.
Bom, para fazer a história mais curta, digamos que na hora de concretizar as nossas fantasias, a realidade não se mostrou tão generosa quanto os sonhos e as ilusões. E Roberta ainda é minha amiga. O amor não prosperou, talvez porque no momento mais crítico, o sexo não foi nada de espetacular, e eu, da minha parte, decidi me manter para sempre num longo aprendizado; e tudo isso me permite saber agora, várias décadas depois, que o que acontece naquele terreno inexplorado da identificação de um homem e uma mulher, é que as estradas são longas e sinuosas, e só a maturidade traz confiança para saber o que é o amor e paixão de verdade, para distinguir um do outro, e aprender a combiná-los numa experiência única, inesquecível.

Fin

Javier Villanueva. São Paulo, 4 de novembro de 2013