terça-feira, 12 de novembro de 2013

Guerra del Chaco. 2ª parte









Guerra del Chaco. 2ª parte
Vea la 1ª parte: 

Los antecedentes del conflicto:

La guerra entre Paraguay y Bolivia por el control del Chaco Boreal se desarrolló desde el 9 de septiembre de 1932 hasta el 12 de junio de 1935. Fue la guerra más larga y sangrienta en América del Sur durante el siglo XX. Bolivia movilizó, en los 3 años de duración, más de 250 mil combatientes y Paraguay 120 mil, que se enfrentaron en batallas en los que hubo 60 mil bolivianos y 30 mil paraguayos muertos, y una gran cantidad de heridos y desaparecidos. Las graves enfermedades físicas y psicológicas, combinadas con las características agresivas del teatro de la guerra -la falta de agua y alimentación, sobre todo- afectaron la salud de los soldados sobrevivientes por el resto de sus vidas y fueron la causa de muerte de muchos de los combatientes de ambas naciones.
El Gran Chaco es una extensión de unos 455.000 km², que hasta fines de los años de 1930, seguía semideshabitada e inexplorarada. En 1931, el ruso Belaieff, investigador y explorador al servicio de Paraguay, descubrió el lago que los indios conocían como Laguna Pitiantuta, y que los bolivianos llamaban la Laguna Chuquisaca, que es el nombre con el que se lo conoce actualmente. Antes del estallido de la guerra, el gobierno paraguayo, preocupado con la penetración boliviana en la región, envió al oficial ruso para que relevara la geografia del Chaco para una futura ubicación de los fortines de defensa. Con este objetivo realizó cuatro grandes expediciones hacia el interior del territorio, que fue detallada como una gran región cubierta por matorrales densos y copiosos y por el quebracho, aunque con un bajo potencial para la agricultura tradicional, puesto que la mayor parte del año el clima es muy caluroso y seco, plagado de una gran variedad de serpientes ponzoñosas y de insectos que llevan diversas enfermedades tropicales. El agua dulce es escasa, con muy pocos pozos y lagos, que luego tuvieron una enorme importancia estratégica durante la guerra. Sin embargo, en el invierno hay una temporada de lluvia de poca duración, en la que los escasos caminos, que en realidad son apenas senderos polvorientos durante gran parte del año, se vuelven ciénagas intransponibles.
Bolivia, desde su independencia en 1825, intentó hacer valer sus derechos sobre el Gran Chaco a partir del criterio del Uti Possidetis Iure de 1810. Sin embargo España también había otorgado en tiempos coloniales jurisdicción al cabildo de Asunción del Paraguay en la región hasta los ríos Parapetí y Yaurú, por lo que los argumentos de ambas partes se superponían, y se hacían muy confusos los reclamos bolivianos y paraguayos en la región. Por otra parte, desde la independencia del Paraguay en 1811, se hicieron sentir las fuertes presiones portuguesas para anexarse el territorio entero o una gran parte de la nueva república. A raíz de esto, el primer gobierno patrio paraguayo comenzó de inmediato la construcción de fortalezas sobre el río Paraguay para contener el avance de los bandeirantes, tropas irregulares paulistas al servicio de la corona de Portugal.
En ese contexto, además y por sobre todo, se suponía que el territorio en disputa tendría grandes reservas de petroleo. La holandesa Royal Dutch Shell, que ya dominaba el mercado interno argentino, tambien se extendió a Paraguay. Finalmente y como se comprobó, el petróleo existía sí, pero en cantidades menores a las imaginadas y tan solo en la parte del Chaco lindante con la cordillera de los Andes. También había ricos yacimientos de gas, que tal vez sean los segundos en importancia en toda América del Sur, después de los venezolanos. La madera del quebracho del Chaco, por otro lado, que hoy ha quedado definitivamente en poder de los paraguayos, significó grandes beneficios económicos a las empresas anglo-argentinas que participaron en su explotación. Considerando el largo período post-colonial y previo a la guerra, vemos que lo poco de ocupación y explotación que se había logrado en el Chaco fue llevada a cabo por Paraguay durante la década de los años veinte del siglo pasado. Por esos años, para ser más precisos, en 1928, llegó a Asunción una leva de inmigrantes menonitas a los que el gobierno paraguayo les otorgó territorios para colonizar en pleno Chaco. De esta manera la ocupación civil también se iba estableciendo de a poco en la región. Además, los paraguayos administraban varias operaciones de tala de árboles, usando locomotoras de trocha angosta hasta las áreas centrales del Chaco Boreal para poder enviar los troncos hasta el río Paraguay. En ese mismo período, entre 1927 y 1928, los técnicos de la compañía estadounidense Standard Oil, de Nueva Jersey, descubrieron petróleo en la zona oeste del Chaco, en la región andina. Empezó a suponerse entre las empresas petroleras que los yacimientos podrían extenderse también hacia el este, ya en territorio paraguayo, en donde los derechos de exploración eran propiedad de la compañía holandesa Royal Dutch Shell. Y volvió a tomar importancia el tema de la salida al mar por parte de Bolivia que -al no contar con este importante recurso desde la guerra perdida contra Chile, también a finales del siglo XIX- solo podría exportar el crudo a través de Argentina. De modo que si Bolivia contase con una salida indirecta al Atlántico, a través de los ríos de la región del Chaco, el control de la exportación del petróleo podría quedar en sus manos y en las de las compañías norteamericanas, lo que iba claramente en contra de los intereses británicos y holandeses, y de los de sus aliados comerciales argentinos.
En esa situación, al comenzar la lucha armada en 1932, Bolivia tenía como su principal objetivo político e histórico: “salir al río Paraguay y sentar soberanía en estos territorios en disputa”… mientras que el Paraguay quería evitar de cualquier modo que Bolivia alcanzara el rio en cuestión, siguiendo los dictados de su visión geopolítica de defensa de un territorio mediterráneo desde siempre, y a la vez, buscaba realizar su segundo objetivo de momento: “sentar presencia sobre los territorios en disputa”.
A lo largo de la contienda los enfrentamientos quemaron los recursos económicos de los dos países, los únicos mediterráneos y con los dos pueblos más miserables de la gran América del Sur. Paraguay y Bolivia, los estados más pobres de la región, como dijimos, son los únicos que no tienen salida al mar, y que fueron más veces vencidos y despojados por sus vecinos, se aniquilaron mutuamente por un territorio que las empresas petroleras Standard Oil Company y la Royal Dutch Shell disputaban atrás de los posibles recursos del Gran Chaco. 
El 27 de abril del 2009, 74 años después de terminada la infame Guerra del Chaco, los presidentes Evo Morales de Bolivia y Fernando Lugo de Paraguay firmaron en Buenos Aires el acuerdo definitivo de límites del Chaco Boreal. El acto se realizó en la Casa Rosada, con la presencia de la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, firmando los cancilleres el “Acta de cumplimiento y ejecución” del Tratado de paz, amistad y límites entre Bolivia y Paraguay de 1938.

Pero volviendo a la guerra en si, digamos que, aunque la fuerza aérea paraguaya era escasa, toda ella fue enviada al frente de combate. Los bolivianos tenían mucha confianza en su superioridad, no sólo en la cantidad de aviones, sino en armas y número de efectivos. Los paraguayos usaron, a falta de recursos, todo su ingenio para compensar su deficiencia numérica. Paraguay abasteció su ejército, desde el inicio con las armas y equipamentos capturados a las tropas bolivianas durante los combates. Al fin de la guerra, el gobierno paraguayo vendió el armamento a los republicanos de España, que resistían al golpe fascista de Franco.

Desatadas las hostilidades, Argentina y Chile se apresuraron para tratar de concertar un acuerdo con los otros países limítrofes, Perú y Brasil, para intentar nuevamente la paz. Una fórmula sugerida por Brasil fue propuesta a los beligerantes e implicaba la cesión previa de una parte del Chaco a Bolivia. La proposición fue rechazada por el Paraguay. Los presidentes de Brasil y Argentina, Getulio Vargas y el general Agustín Justo, se encontraron el 7 de setiembre de 1933 en Río de Janeiro, y resolvieron actuar de comun acuerdo en relación al conflicto. El encuentro fue sugerido por el presidente Ayala, convencido de que la paz solo podría ser lograda por la intermediación de los dos países líderes de la región.

Hasta ese momento, Argentina había ayudado casi abiertamente a Paraguay, bajo la dirección severa del canciller Carlos Saavedra Lamas, que aparecía como un enemigo jurado de Bolivia. Saavedra Lamas precipitó el fin de la guerra, viendo que existían fuertes posibilidades de que Bolivia recuperara la iniciativa bélica durante la defensa de Villa Montes y la zona petrolera. Saavedra Lamas y Estigarribia, comandante de las tropas paraguayas, se asustaron, calculando que Bolivia podría aprovechar la ventaja de haber quedado más cerca de sus centros de abastecimiento, y ante ese dilema, el canciller argentino amenazó con declarar la neutralidad.

El primer movimiento de la ofensiva paraguaya fue el cerco a las tropas bolivianas en Pampa Grande y Pozo Favorito; los bolivianos se rindieron el 15 de setiembre de 1933 y Estigarribia, el jefe paraguayo, fue ascendido a general. A partir de entonces, el ejército del Paraguay estuvo dirigido por primera vez por un general desde que estallaron las hostilidades. El ataque decisivo fue en el sector Zenteno-Gondra, donde por medio de vastos movimientos estratégicos, Estigarribia obligó al grueso de la tropa boliviana a entregar sus armas en la localidad de Campo Vía, el 11 de diciembre de 1933. La retumbante victoria produjo enorme alegría en Paraguay, y el presidente Ayala declaró: "El nombre del Paraguay se dibuja de nuevo en la historia con fulgores de heroísmo. En nuestros corazones late con fuerza la fe en la patria inmortal".

Al fin de la batalla llegaron los comisionados de la Sociedad de las Naciones, que visitaron las dos capitales y el teatro de operaciones, y presentaron fórmulas de solución al conflicto que no lograron éxitos. El único fruto obtenido fue un armisticio que ofreció Paraguay después de Campo Vía, que se prolongó hasta el 6 de enero de 1934. Retomadas las operaciones de guerra, prosiguió el avance paraguayo en dirección al Pilcomayo. Una tras otra cayeron las posiciones bolivianas. El general austríaco Kundt fue destituido y reemplazado por el general Peñaranda, que esperó la ofensiva paraguaya en Ballivian, fuertemente artillado. El 27 de marzo de 1934 tuvieron los bolivianos un nuevo revés en Cañada Tarija, pero en Cañada Strongest lograron una victoria, la única de toda la guerra. Como Ballivian parecía inexpugnable, Estigarribia decidió prosiguió el avance, orilleando la difícil posición en dirección al norte, hacia donde se desplazaron los combates.

Las columnas paraguayas al mando del coronel Rafael Franco avanzaron hacia los límites del Chaco y llegaron cerca de Carandayty. Demasiado alejados ya de sus bases naturales y de aprovisionamiento de armas, municiones, sanidad y alimentos, terminaron siendo rodeadas, pero consiguieron romper el cerco en sucesivos combates en Algodonal, Ysyporenda, Loma Vistosa y Villazón. La contraofensiva boliviana parecía incontenible, pero Estigarribia, mediante hábiles movimientos tácticos, ganó el 16 de noviembre de 1934 la batalla de El Carmen. Enseguida, la posición de Ballivian fue capturada, los bolivianos iniciaron una nueva retirada hacia Villa Montes, en los confines del Chaco, y el presidente boliviano Salamanca fue depuesto por el ejército que empezaba a ser derrotado.
Como Chile se negaba a impedir la contratación de oficiales y de obreros en su territorio por parte de Bolivia, y como tampoco le daba un corte definitivo al tráfico ilegal de armas, Paraguay rompió las relaciones. Mientras tanto, la Comisión de la Sociedad de las Naciones presentó un informe desfavorable al Paraguay, y recomendó a la Asamblea, reunida en Ginebra el 24 de noviembre de 1934, un proyecto de arreglo para los contendientes, que les imponía el embargo de armas como modo de obligarlos a aceptar las nuevas condiciones. Paraguay lo rechazó de inmediato por considerar que adoptaba los criterios bolivianos. Y empezó a haber la impresión de que los poderosos intereses del estaño boliviano habían dominado la burocracia de Ginebra. Las relaciones con Chile fueron reanudadas, más tarde, por la intermediación de Argentina.

La situación empezaba a ser crítica para el Paraguay ya que sus reservas humanas se agotaban y la economía también. Bolivia, en un gran esfuerzo, reunió un cuerpo de ejército en Picuiba, al norte del Chaco, listo para cortar la retaguardia de la tropa paraguaya y avanzar sobre el río Paraguay. El comandante paraguayo, Estigarribia, pergeñó un plan audaz para anular la grave amenaza. Envió una pequeña columna de combatientes, que después de una marcha sacrificada a través del desierto, tomó el 8 de diciembre de 1934 los pozos de agua de Yrendague, el único depósito de que disponía la tropa boliviana que se preparaba para marchar sobre el río Paraguay. El desastre boliviano fue pavoroso. El ejército de Picuiba se dispersó en el desierto y millares de combatientes murieron de sed.

Desactivado el peligro de un ataque masivo boliviano sobre el río Paraguay, continuó el firme avance paraguayo hacia el norte y el oeste. Los bolivianos trataron de detenerlo, pero fueron derrotados outra vez en Ybybobo, el 30 de diciembre de 1934. El 16 de enero de 1935, tropas de avanzada cruzaron el río Parapití, que era el límite histórico del Chaco reclamado por el Paraguay en todas sus negociaciones diplomáticas. Llegaron a la cordillera de los Chiriguanos, donde los combatientes paraguayos confraternizaron con los indios guarayos, descendientes de emigrantes guaraníes de los tiempos de la conquista. Prácticamente casi todo el Chaco ya había sido tomado por la fuerza de las armas paraguayas al inicio del tercer año de lucha armada entre las dos naciones.

Los intereses económicos bolivianos en Ginebra –que en realidad eran sobre todo los de la petrolera norteamericana Standar Oil- se hicieron notorios con la resolución de la Sociedad de las Naciones al suspender el embargo de armas a Bolivia una vez que este país había aceptado su plan. El Paraguay entendió que el mantenimiento de la prohibición en su contra, sin haberse considerado las responsabilidades por el estallido de la guerra, significaba una sanción sumamente injusta. Y en protesta, los representantes paraguayos se retiraron de Ginebra el 23 de febrero de 1935. Desde ese momento, las negociaciones pacificadoras se radicaron en Buenos Aires, pero el canciller Saavedra Lamas se encontró con serios problemas para formar el grupo mediador americano. Ayala, el 14 de abril, declaró que, si seguían las demoras, Paraguay se encontraría directamente con Bolivia, sin mediadores, para llegar a un acuerdo de paz.

La guerra, mientras tanto, ya se desarrollaba en 1935 en pleno territorio boliviano. El 16 de abril cayó Charagua, la primera ciudad boliviana que sufría los estragos del conflicto. Para parar el avance paraguayo que se dirigía a Camiri, base de los pozos petrolíferos, la tropa boliviana superó el ala paraguaya, tomando Boyuibé el 27 de abril. Amenazados de quedar aislados, los paraguayos repasaron el Parapití, y derrotaron a los bolivianos en Mandeyupecuá, Cuervo y Huiripitindi. Las operaciones quedaron equilibradas en ese sector, pero siguieron en la región de Ingavi, donde el 7 de junio de 1935 se desarrolló el último gran combate. La sexta división boliviana fue destruida y tomados prisioneros su comandante y más de mil combatientes.

El 11 de mayo se formó en Buenos Aires el grupo mediador, presidido por el canciller Saavedra Lamas, con representantes de Argentina, EEUU, Brasil, Chile, Perú y Uruguay. El 26 de mayo se incorporaron el canciller de de Bolivia, Tomás A. Elío, y el de Paraguay, Luis A. Riart. La reunión ocurrió durante la visita del presidente del Brasil, Getulio Vargas, que junto con el presidente argentino, general Justo, intervino directamente en las acciones a favor de la paz, y que se desarrollaron sobre la base del documento del 26 de mayo que presentó el canciller Riart, de Paraguay. En varias oportunidades, el presidente paraguayo Ayala, en comunicación telefónica con Riart, resolvió las últimas dificultades en conversaciones con el presidente argentino Justo. El 9 de junio se llegó al acuerdo definitivo de paz. El 12 de junio de 1935 se firmó un protocolo sobre el fin de las hostilidades en las posiciones territoriales alcanzadas y se llamaba a una inmediata conferencia de paz para la solución, por acuerdo directo o por arbitraje, de los problemas que habían llevado a la guerra. Además se contempló el estudio y solución de los problemas que creaba al Paraguay y Bolivia su situación mediterránea. El 14 de junio cesó el fuego en todo el frente, y una comisión militar neutral, se trasladó al frente de batalla para demarcar las posiciones alcanzadas.

El Paraguay había recuperado casi todo el territorio del Chaco, pero había quedado casi al borde del colapso económico. El esfuerzo de la financiación de la guerra le costó 124 millones y medio de dólares, de los cuales solo 5 millones y medio provenían de aportes externos. Aunque toda la deuda se pagó al contado, la extenuación económica era enorme, y las reservas humanas estaban nuevamente agotadas, como después de la gran guerra de la Triple Alianza em el siglo XIX. Hacia el final de los combates, la reposición de las bajas significaba un problema insoluble. De los 140 mil soldados paraguayos movilizados, 36 mil cayeron sin vida en el Chaco.

La Conferencia de Paz empezó en Buenos Aires el 1° de julio de 1935, con participación de la Argentina, Estados Unidos, Brasil, Chile, Perú y Uruguay. La delegación paraguaya enarbolaba una posición intransigente, contraria a toda cesión a Bolivia, reforzada con los resultados favorables de la guerra. Pero Argentina y Brasil, los más activos entre los mediadores, querían impedir que el Paraguay cosechara todos los frutos de la victoria. Renacieron los antiguos temores rioplatenses -que se pensaban olvidados con la victoria brasileña de Cerro Corá, en nombre de la Triple Alianza- y se decidió no reconocer al Paraguay como país vencedor. El 15 de octubre de 1935 la Conferencia llevó una propuesta de arreglo que incluía la entrega a Bolivia de un sector del río Paraguay y de casi la mitad del territorio del Chaco tomado por las armas paraguayas. La indignación de la delegación del Paraguay llevó a que la propuesta fuera rechazada de plano.

Entonces, el asunto de fondo fue dejado de lado y la Conferencia pasó a concentrarse en la repatriación de los prisioneros de guerra de ambos lados. Aunque Paraguay consideraba que tenía el derecho de retener a los prisioneros bolivianos hasta la firma del tratado definitivo de paz, concordó, a través del acta del 21 de enero de 1936, en la devolución, exigiendo sin embargo un pago previo por parte de Bolivia de una indemnización por los gastos de manutención.

Continuará.
JV. São Paulo, 12 de noviembre de 2013.

Sangre de mestizos: relatos de la guerra del Chaco, Augusto Céspedes, corresponsal de “El Universal” al Chaco Boreal. 1932.

BREVE HISTORIA DEL PARAGUAY. Autor: EFRAÍM CARDOZO. Editorial Servilibro, Dirección Editorial: VIDALIA SÁNCHEZ. Asunción-Paraguay, 2007. 177 pp.

Francisco Xavier, 2012. “... ¡Y se los tragó el Chaco!”: El pozo, de Augusto Céspedes (metáfora de una “guerra estúpida” entre Bolivia y Paraguay)”.

"Memoria del Fuego 3: El Siglo del Viento" - Eduardo Galeano, Editorial Siglo XXI, 2001 (edición original: 1986).

Secretos en la guerra del Chaco  Rogelio García Lupo, Clarín, 24 de setiembre de 2000.
Los negocios de la guerra del petróleo  La Nación, 14 de octubre de 2000.

El caso del único militar argentino que fue condenado por espionaje  Ricardo Canaletti, Clarín, 15 de julio de 2002.

Consecuencias socioculturales de la Guerra del Chaco, Jaime Martínez, El Diario, La Paz, 14 de junio de 2012.

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