sábado, 25 de junho de 2016

¿Qué es la lumpenburguesía y el lumpen-neoliberalismo? ¿Y qué tienen que ver con los neopentecostales?



3ª parte.

Lea la 1ª parte en: 
http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com.br/2016/06/que-representan-los-cultos.html

Lea la 2ª parte en: 
http://javiervillanuevaliteratura.blogspot.com.br/2016/06/los-cultos-neopentecostales-y-el.html


¿Qué es la lumpenburguesía y el lumpen-neoliberalismo? 
¿Y qué tienen que ver con los neopentecostales?

Nuestras burguesias nacionales son cada vez más los hijos abandonados del desarrollismo que llegó con todas las características del subdesarrollo hasta el actual sistema de globalización, en el que la dependencia crónica se convirtió en un saqueo abierto que devino en la destrucción tanto de las antiguas formas de producción capitalista, como de la sustentabilidad ecológica, y también de la propia concepción histórica, teórica e ideológica de la burguesía.

Lo vimos en la Italia de Berlusconi, como consecuencia indirecta de la operación Mani Puliti -Manos Limpias, en español-, en la Argentina de Menem, y en el Perú de Fujimori.

“Lumpenburguesía y lumpendesarrollo” fue como llamó André Gunder Frank a la vieja “burguesía nacionalista” y al viejo nacional-desarrollismo de los años de 1960 que, respaldados por la Alianza para el Progreso de John Kennedy, trataron en los años 90 de reeditarlo con las migajas de un nuevo imperialismo a lo George W. Bush, que ya se había desinteresado por América Latina y centraba su acionar en Europa y Asia. Era la etapa siguiente al nuevo liberalismo de los Chicago Boys de Pinochet, claramente explicitado en las "relaciones carnales" del menemismo con los EEUU.

El subdesarrollo no es un momento o una situación en particular, sino una relación crónica entre las naciones periféricas y las del capitalismo central -los países imperialistas, antiguos beneficiarios del colonialismo- que, bajo las reglas de la globalización y la hegemonía del libre mercado, transformó y agudizó todos los aspectos y todas las condiciones del subdesarrollo.

La vía por la que los países antes llamados del 3er Mundo llegaron a la actual situación fue el endeudamiento externo e interno, resultado de esta burguesía “mínima”, muy protegida y que alguna vez soñó con ser monopólica, que vio hundirse la nación desde el salva-vidas de su profundo egoismo de clase privilegiada, que terminó en la subordinación casi absoluta al capital fianciero internacional.

De a poco, durante las sucesivas crisis periódicas, se fueron creando las condiciones para una casi inexistencia de una verdadera burguesía autónoma en América Latina; una burguesía que explote con un mínimo de eficiencia, con visión de medio y largo plazos, en los términos de un capitalismo que tenga un mínimo de competencia sin hacer la acumulación por mero decreto, ni por ser favorecida por un estado oligárquico, que en los últimos 30 años, además, pretende generar una democracia política, pero sin ninguna competencia económico-social para sostenerla.

Todo el sistema político y la casi totalidade de los partidos brasileños (más de 30 en la actualidad!) están sujetos a lo que decida esta oligarquía anticuada, monopólica y protegida. 
Es a ella a la que podemos darle el nombre de  lumpenburguesía, según la descripción que Gunder Frank hizo en su crítica al desarrollismo, que en los últimos treinta años -pero sobre todo después de los años de 1990- quiere presentarse con una máscara de modernidad y de liberalismo democrático, como el PSDB, DEM y PSB en Brasil.

Esta lumpenburguesía entregó históricamente las riquezas de la economía local a cambio de una garantía para mantener su propio poder, aprovechándose de las nuevas forma de la globalización para consagrar la dependencia. Al mismo tempo que mantiene el subdesarrollo de cada país de la región, de modo de poder asegurarse sus privilegios monopólicos en áreas que son claves, como la telefonía, las concesiones de radio y TV, los bancos, aunque estén asociados al capital financeiro internacional.


Tenemos hoy en el poder político en Brasil y en Argentina un modelo clásico del lumpen-neoliberalismo que, aunque la elite oligárquica aspire y haga grandes esfuerzos a favor de la integración comercial y económica mundial, siempre mantiene su poder cerrado y protegido dentro del llamado libre mercado.

Continuará

Javier Villanueva. 25 de junio de 2016

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