sexta-feira, 28 de outubro de 2016

“O tempo e as jabuticabas”, "Instantes", "El valioso tiempo de los maduros” y la muerte anunciada de Gabriel G. Márquez

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Otras falsedades literarias llamadas textos apócrifos

En Brasil, como ocurre con otros textos y autores en todos los países del mundo, hay un escrito que circula con el título de “O tempo e as jabuticabas”, que se atribuye a Rubem Alves o a Mario de Andrade. Pero resulta que ese texto no pertenece a ninguno de los dos.

Es lo que llamamos “textos apócrifos”. Hay que aclarar que entendemos hoy ese término como un sinónimo de "falso", o de "incorrecto". Pero en realidad, "apócrifo" es una palabra de origen griego que significa "cosa oculta o escondida"

Otro buen ejemplo es "El valioso tiempo de los maduros”. Es otro texto que aparece en distintos posts atribuyéndoselo a Mario de Andrade, cuando la autoría aparentemente le pertenece a Ricardo Godim, escritor y teólogo, también brasileño como el mecionado más arriba. 
El autor es pastor evangelista y presidente de la Igreja Betesda, y del Instituto Cristão de Estudos Contemporâneos. Escribió una obra que lo diferencia del fundamentalismo brutal de la mayoría de los neo-pentecostales brasileños, llamada “Deus nos livre de um Brasil evangélico”.

En "El valioso tiempo de los maduros”, dice  Ricardo Gondim:

"Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que lo que viví hasta ahora…
Me siento como aquel chico que ganó una bolsa de caramelos, los primeros los comió con agrado, pero cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a llegar a nada. Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas, que a pesar de su edad cronológica no han crecido. Ya no tengo tiempo para perderlo con mediocridades.
(...)
Pretendo no mal emplear ni tan solo uno de los caramelos que me quedan. Estoy seguro que serán más exquisitos que los que me he comido hasta ahora. Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres estimados, y con mi conciencia.
Deseo que la tuya sea la misma, porque, de cualquier manera, también llegarás".
En fin, gustos son gustos, y con las letras no hay excepción.

Y otras más de las tantas ocultaciones literarias

La moda de los apócrifos no nació con la Internet. Viene de bastante tiempo antes. Hubo muchos otros casos parecidos a los que mencionamos arriba en la literatura; como el que comentamos en otro post anterior de este Blog, al hablar de la obra falsa de Don Quijote, publicada por Alonso Fernández de Avellaneda, que quiso aprovecharse de la fama del libro de Miguel de Cervantes Saavedra. 
Como vimos, esta farsa obligó a Cervantes a publicar de inmediato la segunda parte de su obra más famosa.

Y hasta hubo recientemente otro texto - mucho más moderno, digamos - que circuló por la internet y fue atribuído a Gabo, escritor más conocido como Gabriel García Márquez, pero al cual el colombiano le negó la autoría.

La muerte anunciada de Gabriel García Márquez

En mayo de 1999 empezó a circular por correo electrónico un poema apócrifo, "La marioneta", que fue atribuído a Gabriel García Márquez. En una breve introducción, el texto indicaba que el Nobel lo había enviado a sus amigos a mediados de mayo, al enterarse "que su grave enfermedad había recrudecido".

Aunque "La marioneta" podría ser atractivo para ciertos tipo de lectores, su calidad literaria es la de un amateur y no la de un premio Nobel. En un tono de despedida - que en España se llamaría "cutre" y en Argentina "mersa"- se especula amargamente sobre las cosas que su autor haría si Dios olvidara que es una marioneta de trapo y "le regalara un trozo de vida".

Este hipotético autor declara que no diría todo lo que piensa, pero en definitiva pensaría todo lo que fuera a decir, y luego desarrolla una serie de versos con paradojas sencillas - simplorias, digamos- como esa y otras frases-hechas alusivas a la nostalgia y a la esperanza de ser cada vez más humanos.
Haciendo honor a su título, el "poema" termina sospechosamente así: "Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, / pero realmente de mucho no habrán de servir, / porque cuando me guarden dentro de esa maleta, / infelizmente me estaré muriendo".
Todo esto no me parece pasar de un subproducto barato de la literatura llamada de autoayuda, tan desparramada en las mesas de las librerías como en la Internet,.

Ocurre que cuando "La marioneta" empezó a circular en la Internet, García Márquez sufría de un constante cansancio, tal vez depresivo. El 24 de junio de 1999 terminó siendo internado en una clínica de Bogotá por un supuesto síndrome de agotamiento general. En seguida, el 13 de septiembre, los médicos de Los Ángeles le diagnosticaron un cáncer linfático en estado avanzado y terminal.
La familia lo puso en tratamiento de inmediato y algunas semanas más tarde ya se anunciaba que había mejorado notablemente. 
El texto,muy oportunista, vino a presentarte como un anillo al dedo en tales circunstancias.

“Instantes”, supuestamente de Jorge Luis Borges

Al leer “La marioneta”, inevitablemente uno se acuerda del archisabido poema "Instantes", que también se le atribuye falsamente a J. L. Borges, pero que fue realmente escrito por Nadine Stein, o tal vez por el caricaturista, humorista, escritor y ilustrador estadounidense Don Herold, como lo asegura el investigador Iván Almeida en un minucioso estudio sobre el tema que causó tanto revuelo en su época, quizás porque la Internet y los mails eran una novedad por aquel entonces.

Lo que sí está claro es que “Instantes” no podría ser jamás de Jorge Luis Borges, como lo sabe bien cualquiera que haya leído alguna cosa del autor de “Fundación Mítica de Buenos Aires”. Lo más probable es que “Instantes” sea una versión en versos de “I’d pick more daisies”, del humorista Don Herold, texto que fue publicado originalmente como prosa en la revista Selecciones del Reader’s Digest en 1953.

A su vez, la música y letra del grupo brasileño Titãs, "Epitáfio", son conocidas por haberse inspirado en "Instantes". O sea, una creación basada en un texto apócrifo, con temas siempre recurrentes:

"Devia ter amado mais, ter chorado mais/Ter visto o sol nascer /Devia ter arriscado mais e até errado mais/Ter feito o que eu queria fazer/Queria ter aceitado as pessoas como elas são/Cada um sabe a alegria e a dor que traz no coração".

La última frase, por su parte, se parece también bastante a otra más famosa, la de Caetano Veloso: "cada um sabe a a dor e a delícia de ser o que é", de la música "Dom de iludir".

En fin, la fama del supuesto poema de Borges, de la mano de “Epitáfio” cruzó todas las fronteras imaginables, a tal punto que, durante el Teletón México de 2005, el invitado especial Bono Vox citó al vivo y en directo los versos de “Instantes”, atribuyéndoselos al “poeta chileno Jorge Luis Borges”.

Todo esto demuestra, una vez más, que poco es lo que se crea, y mucho lo que se transforma (y se copia, claro).
Y así se abren nuevas rutas sobre la incógnita que representa - para mí por lo menos- el accionar de quienes se camuflan atrás de un nombre famoso para hacer circular sus textos, a veces de dudosa calidad.

Javier Villanueva. São Paulo, 28 de octubre de 2016.

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